El T. rex tenía una temperatura corporal sorprendentemente parecida a la humana

 

Durante millones de años, el Tyrannosaurus rex ha sido imaginado como uno de los grandes depredadores de la historia del planeta. Sin embargo, una nueva investigación científica acaba de aportar un dato que modifica parte de la imagen que se tenía sobre este gigantesco dinosaurio: su temperatura corporal habría sido muy similar a la de los seres humanos.

Investigadores utilizaron fragmentos de dientes fosilizados para analizar las condiciones en las que vivía el animal y determinar su temperatura corporal. El estudio, realizado por científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), situó la temperatura del T. rex alrededor de los 97 grados Fahrenheit, equivalente a aproximadamente 36 grados Celsius.

La importancia del hallazgo va más allá de una simple comparación con el cuerpo humano. Durante décadas, los científicos han debatido si los grandes dinosaurios eran animales de sangre fría, como muchos reptiles actuales, o si tenían características fisiológicas más cercanas a los animales de sangre caliente.

La temperatura corporal relativamente elevada encontrada en el T. rex aporta nuevos elementos para estudiar su metabolismo y la manera en que funcionaba su organismo.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores recurrieron a una técnica que permite estudiar los dientes fósiles y obtener información sobre la temperatura existente en el cuerpo del animal cuando se formaron determinados tejidos. Los dientes, además de conservarse durante millones de años, pueden funcionar como una especie de registro químico de las condiciones fisiológicas del organismo.

El resultado coloca al T. rex en un rango térmico cercano al de los humanos, aunque esto no significa que su organismo funcionara exactamente igual al nuestro.

El descubrimiento también vuelve a poner sobre la mesa una de las preguntas más interesantes sobre los dinosaurios: ¿qué tan diferentes eran realmente de los animales que conocemos actualmente?

El T. rex vivió hace aproximadamente 66 millones de años y llegó a convertirse en uno de los principales depredadores de los ecosistemas donde habitaba. Su enorme tamaño, mandíbula y dientes lo convirtieron en uno de los animales más estudiados de la paleontología.

Ahora, conocer mejor su temperatura corporal permite a los investigadores acercarse a otros aspectos de su biología, como su metabolismo, actividad física y capacidad para desenvolverse en diferentes ambientes.

El hallazgo demuestra además cómo los fósiles continúan ofreciendo información mucho tiempo después de que desaparecieron los organismos que los originaron. Nuevas técnicas de análisis permiten extraer datos que antes eran prácticamente imposibles de obtener.

Así, el T. rex vuelve a sorprender a la ciencia, pero esta vez no por el tamaño de sus dientes ni por su capacidad depredadora, sino por una característica interna que lo acerca, al menos en temperatura corporal, mucho más a nosotros de lo que se pensaba.

Comparte esto:

Publicar un comentario