Desde Santa Ana del Río, Oaxaca, la marca preserva el legado de 3 generaciones de maestros mezcaleros que han convertido al agave en una expresión viva de identidad, resistencia y cultura mexicana.
25 de mayo del 2026, Ciudad de México, México- Un mezcal en México no es únicamente una bebida. Es historia líquida.
Es el resultado de años de espera, de procesos artesanales heredados entre generaciones y de una conexión profunda entre la tierra, las familias mezcaleras y las tradiciones que siguen dando identidad al país.
Bajo esa filosofía nace Mezcal No Me Dejes, una propuesta que busca rendir homenaje al origen del mezcal artesanal a través de procesos tradicionales campesinos y el trabajo de la familia del maestro mezcalero Jairo que han dedicado su vida a preservar esta técnica de más de 100 años en Oaxaca.
Desde hace décadas, el agave ha sido considerado uno de los símbolos culturales más importantes de México.
Conocido en tiempos prehispánicos como “el árbol de las maravillas”, esta planta ha sido utilizada históricamente como fuente de alimento, refugio, materiales y bebida, convirtiéndose en un elemento fundamental dentro de las comunidades mexicanas.
El proceso detrás de cada botella comienza mucho antes de llegar al palenque.
El crecimiento del maguey requiere años de cuidado y paciencia, atravesando temporadas de lluvia y sequía
hasta alcanzar la madurez ideal. Actualmente, existen 219 especies de maguey estudiadas en el mundo, de las cuales 42 son utilizadas para la producción de mezcal.
Mezcal No Me Dejes se produce en Santa Ana del Río, Oaxaca, siguiendo el legado de tres generaciones de maestros mezcaleros encabezados por Jairo Rodríguez y su padre, Don Eduardo, quienes mantienen viva la tradición artesanal de su comunidad.
La elaboración inicia con la jima del maguey espadín y la recolección de magueyes silvestres en los valles oaxaqueños. Posteriormente, las piñas son trasladadas en carretas jaladas por caballos hasta llegar al horno cónico de piedra, donde comienza la cocción.
En esta etapa, las piñas son acomodadas cuidadosamente entre piedras y leña, mientras el sellado del horno se convierte en un paso esencial para lograr el perfil adecuado del mezcal.
Después de la cocción, el proceso continúa con la molienda en tahona de piedra, tradicionalmente jalada por un burrito, para posteriormente dar paso a la fermentación, considerada uno de los momentos más importantes de la producción. En esta etapa, la microbiota propia del lugar aporta las notas aromáticas y sabores característicos del mezcal, mientras el maestro mezcalero utiliza todos sus sentidos para determinar el momento exacto en el que la mezcla está lista para continuar.
La destilación se realiza en alambique de cobre y ocurre en dos destilaciones. Durante la segunda destilación, el mezcal es separado cuidadosamente en puntas, cuerpo y colas, permitiendo obtener el equilibrio deseado.
Finalmente, el ajuste alcohólico se realiza mediante una receta única del maestro mezcalero hasta alcanzar la graduación perfecta.
La calidad final del mezcal se comprueba a través del tradicional “perlado”, una prueba artesanal realizada con jícara y carrizo donde las perlas deben mantenerse uniformes, grandes y cerradas durante varios segundos.
Más allá de su elaboración, Mezcal No Me Dejes busca transmitir un perfil sensocultural que conecta la esencia de la tierra con las emociones y el trabajo de las familias que preservan esta tradición. Cada gota cuenta una historia y cada sorbo conserva el origen de una de las expresiones más representativas de la cultura mexicana.
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