EN LA LINEA
Vaya espectáculo el que están ofreciendo el Gobierno federal y varios gobernadores de Morena alrededor de la presunta suspensión de la visa de Andrés Manuel López Beltrán y de sus hermanos.
En lugar de abordar el asunto con prudencia y esperar a que las autoridades estadounidenses aclaren si existe realmente una medida de esa naturaleza, sus motivos y sus alcances, algunos actores de Morena han preferido convertir el episodio en otro capítulo de su conocida narrativa sobre la “defensa de la soberanía nacional”
.
La reacción llegó incluso al terreno epistolar, con una carta difundida en redes sociales y respaldada por gobernadores morenistas que se presentan como defensores de la soberanía. Sin embargo, para sus detractores, el mensaje proyecta una imagen distinta: la de mandatarios estatales más interesados en cerrar filas con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y su círculo político que en asumir una postura institucional y mesurada.
El asunto, además, no parece haber caído nada bien dentro de Morena.
Si la suspensión de las visas termina por confirmarse, el episodio podría adquirir una dimensión política mayor, porque abre la puerta a especulaciones sobre posibles acciones adicionales de autoridades estadounidenses contra funcionarios, empresarios o personajes vinculados con la clase política mexicana.
Desde luego, conviene separar los hechos de los rumores. Mientras no existan confirmaciones oficiales, sería irresponsable dar por sentadas futuras cancelaciones de visas, investigaciones o sanciones contra gobernadores, senadores o integrantes de la familia López Obrador.
Pero tampoco sería sensato minimizar el impacto político de cualquier señal que provenga de Washington.
La relación con Estados Unidos tiene un peso enorme en la política mexicana y, en un momento en que Morena comienza a preparar el terreno para las elecciones de 2027 y, sobre todo, para la sucesión presidencial de 2030, cualquier episodio de esta naturaleza puede convertirse en munición para sus adversarios.
Por eso llama la atención que, ante un asunto todavía rodeado de dudas, la primera reacción haya sido recurrir nuevamente al discurso de la soberanía.
Una cosa es defender la dignidad del país y otra muy distinta utilizarla como escudo político antes de conocer los hechos.
LOS RIDICULOS.
Publicar un comentario