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¿Informar o vender publicidad?

julio 14, 2014

¿Informar o vender publicidad?







Emmanuel Gómez Farías Mata
Doctorante en Gobierno y Administración Pública
Universidad Complutense de Madrid

Las primeras páginas de los periódicos nacionales, revistas, noticieros en televisión, radio y – sobre todo- en internet, se ha dedicado a exaltar la nota que venda muchos ejemplares, que atraiga más audiencia, espectadores o lectores que consuman.

Ha dejado de importar la información de manera objetiva, imparcial y razonada. Cada día nos encontramos con imágenes de mujeres semidesnudas, niños amarrados a una ventana por su padre, un perro maltratado o de plano cadáveres de personas desconocidas.

Hace unas semanas fue una gran noticia que, The Guardian y el Washington Post obtuvieron el premio Pulitzer de periodismo por desvelar las filtraciones de Edward Snowden sobre la NSA y su estrategia de vigilancia generalizada. Parecía una noticia más, pero es de una importancia superlativa, hay que recordarla una y otra vez.

En su columna del El País, Fernando Vallespín, comentaba que dicha noticia nos hace recuperar la esperanza en las virtudes de la sociedad abierta. Recordemos que Snowden es un prófugo de la justicia estadounidense por desvelamiento de secretos, un apestado oficial. Ello no obsta para que una institución del mismo país le reconozca su labor a través de un medio que también es de los Estados Unidos, y otro británico que asimismo denunció las complicidades del Reino Unido en el asunto. El “patriotismo” se acaba cuando en su nombre se subvierten los principios que se supone dotan de sentido al Estado de pertenencia.

Esta noticia cobra especial importancia porque nos reconcilia con el periodismo, que sigue dando muestras de estar mucho más vivo de lo que lo pintan. Al menos aquellas cabeceras que mantienen el rigor y la capacidad de denuncia de antaño, las insobornables. Es posible que no sepamos bien cómo va a sobrevivir la prensa después del papel o tras el cambio de paradigma en el que está inmersa. O si sabrá mantener su capacidad para establecer los necesarios criterios de relevancia en medio del creciente y ensordecedor ruido que hoy prevalece en el espacio público. Lo que es innegable es que lo necesitamos como imprescindible instrumento para desvelarnos la realidad que se oculta detrás de las apariencias.

Sin embargo, parece que en México todo se torna en ficción y la mentira convive cómodamente con la verdad; cuando los imperativos de la información, con su celeridad por cambiar de temas, ofrecer opiniones y evaluaciones de urgencia, y someterse al entretenimiento y la variedad; cuando, en fin, la parcialización del espacio público nos impide pensar que existe algo así como un “mundo común conocido”, resulta que sí es posible imaginar instancias con capacidad para separar el trigo de la paja y enhebrar un relato argumentado que sepa levantar acta de lo existente.

Finalmente Vallespín comenta que “La muerte del periodismo de calidad será también el fin de la democracia. Porque es imprescindible que el debate no caiga en un mero intercambio de ideas entre quienes piensan lo mismo; porque la crítica no se puede convertir en una actividad perseguida y sospechosa.

Las quejas sobre Televisa como un manipulador de la sociedad mexicana tiene origen desde el nacimiento de dicha empresa, sin embargo, son muy pocos lo que pueden diferenciar entre un medio de comunicación imparcial, informado, congruente y que lejos de querer vender busque informar.

Ya se había comentado en otras entregas las necesidad de buscar medios informativos de calidad, saber separar la información y con base en eso formar un criterio propio para aprovechar esa información...No, el problema de México no esta tan lejos del mexicano...en realidad está muy pero muy adentro.

Síndrome Carlos Vela

junio 30, 2014

Síndrome Carlos Vela





Emmanuel Gómez Farías Mata
Doctorante en Gobierno y Administración Pública
Universidad Complutense de Madrid

Para los que por necesidad, suerte, destino, deseo o cualquier otra circunstancia hemos tenido que cambiar nuestra residencia al extranjero conocemos no solamente una nueva cultura, usos, costumbres, clima y comida. Además de todo eso, nos enfrentamos a un fenómeno social que tiene dos caras –la buena y la muy mala-.

La cara mala, consiste en el estigma del mexicano “conquistado”, esta introyección psíquica que padecen muchos mexicanos y que les ha impedido crecer, decidir, romper la sumisión y levantar la voz ante lo que pasa. El estigma aparece cotidianamente en el mexicano que consume revistas chatarra de espectáculos y observa boquiabierto los cuerpos artificiales de las artistas del momento, el menosprecio de sí mismo aparece cuando confronta su cuerpo real, con el cuerpo imaginario de la revista.

Este estigma aparece cuando en las revistas del jet-set, observa a los ricos y poderosos europeos o estadounidenses, en sus ostentosas casas y en sus grandes fiestas, para después ilusoriamente querer hacerse un vestido de novia como el que vio en la revista, o busca decorar su departamento, tal cual está decorada la mansión que aparece en la portada, aún a sabiendas que ni el vestido ni la decoración serán posibles, lo cual acrecienta al tiempo su menosprecio y su baja autoestima.

Por eso –el mexicano- se emociona con un partido de fútbol, fantasea que mediante un partido el mexicano puede ganar, que “si se puede”, sin embargo la frustración aparece cuando la selección no gana o peor aún, cuando si gana porque entonces el mexicano grita, va al Ángel, se pone “la verde”, se emborracha y despierta al otro día con la cruda realidad de su trabajo, su carencia económica y emocional, mientras el equipo que según él le representa, disfruta de los millones de pesos derivados del alcohol y cerveza hasta botanas para hacer más rico a los conquistadores de empresas extranjeras que ven en el mexicano al sumiso sujeto capaz de ser manipulable con un partido, un Teletón, un talk show, cualquier cosa, la cuestión es que ese mexicano suelte el dinero y duerma su conciencia.

El Dr. José Antonio Lara Peinado. Autor de los libros: “Psicoanálisis del poder en México”, “El mal-estar docente en México” hace una radiografía de lo anterior, explicando que muchos mexicanos juegan a romper su estigma de conquistados, se visten entonces con trajes Armani o Hugo Boss; compran su camioneta y se sienten de lado de los conquistadores, que en este caso sería los extranjeros con los que conviven diariamente, hablan de manera extraña, presumen ropa, zapatos, calzones de marca, hablan de los centros comerciales y de las peripecias de la Reyna Letizia y “cosas de la Corona”.

Desprecian a los que -según ellos- son mexicanos que no quieren crecer, eso que se quedaron en México, esos indígenas; obreros; electricistas; indigentes; negros; morenos; campesinos que les demuestran lo que verdaderamente son estos “mexicanos en el extranjero” que juegan a ser conquistadores.

Pero estos “mexicanos en el extranjero” con aires de extranjeros, no se dan cuenta que están peor de conquistados, por el menosprecio de su identidad, de lo que son, desprecian sus raíces y lamentablemente no se dan cuenta que son despreciables para sí mismos. Esos mexicanos que ya no quieren hablar en español a sus propios compatriotas y cambian su nombre de “Jorge Sánchez” a “George van Brandemburg”.

Hay pues muchos mexicanos en el extranjero (afortunadamente NO TODOS) que han introyectado dentro de sí, el síndrome del conquistado, pero por vivir en un país distinto al suyo se consideran conquistadores.

Esos mexicanos que nos van a “sesear” a los dos meses de vivir en España después de vivir treinta en México; aquellos mexicanos que reconocen las diferencias entre su país y el país donde ahora residen pero buscan alternativas para que su país sea mejor; aquellos mexicanos que buscan soluciones y no solo critican para sentirse lejanos a su propia realidad.

Afortunadamente, también hay miles que han (hemos) decidido romper esa introyección, miles han decidido sacudirse el fantasma de la conquista y han salido de su país con la firme idea de regresarle a la tierra que los vio nacer el conocimiento que puedan obtener lejos de su patria. Mexicanos que creen en la circulación de cerebros y no en la fuga de cerebros.
 
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