Nepal supera los 1.200 muertos por inundaciones y pide acción climática


Nepal enfrenta una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente. El balance oficial de las inundaciones y deslizamientos de la última semana superó este jueves los 1.200 fallecidos, con cerca de 4.800 personas aún desaparecidas. El primer ministro nepalí vinculó de forma explícita la tragedia al cambio climático y reclamó a la comunidad internacional “algo más que condolencias”.

Las lluvias torrenciales arrasaron valles, carreteras y centrales hidroeléctricas. En Rasuwa, equipos de rescate siguen intentando entrar en el túnel de la central Upper Trishuli 3A, donde quedaron atrapados operarios. Testimonios de supervivientes describen cómo el agua irrumpió de noche, arrastrando casas enteras hacia los ríos. En la frontera con el Tíbet se contabilizan decenas de muertos adicionales.

Emiratos Árabes Unidos anunció el envío de una misión de emergencia, un gesto que contrasta con la lentitud de algunos donantes tradicionales. El Programa Mundial de Alimentos y agencias de la ONU advierten que las cadenas de suministro de alimentos están rotas en varios distritos y que el invierno, si llega pronto, multiplicará el riesgo de epidemias y desnutrición.

El desastre se produce mientras un informe de Naciones Unidas alerta de que el planeta está a punto de cruzar un umbral climático peligroso y de que el próximo ciclo de El Niño podría convertir 2027 en el año más cálido registrado. Nepal, país de montaña con glaciares en retirada y monzones cada vez más erráticos, encarna esa vulnerabilidad: poca responsabilidad histórica en las emisiones, máxima exposición a sus efectos.

En Katmandú, familiares de desaparecidos hacen cola ante oficinas gubernamentales con fotografías impresas. Las autoridades reconocen que el recuento seguirá subiendo a medida que el agua baje y se puedan revisar laderas inestables. Varios puentes siguen intransitables y el turismo, pulmón económico de varias regiones, se ha detenido en seco.

La tragedia reabre el debate sobre infraestructura resiliente. Hidroeléctricas construidas en cañones estrechos y aldeas asentadas en terrazas inestables pagaron un precio alto. Expertos locales llevan años pidiendo reubicación de comunidades y sistemas de alerta temprana más densos. El dinero, dicen, llega después del desastre, no antes.

Mientras los equipos de búsqueda trabajan con linternas y cables tendidos sobre ríos crecidos, el primer ministro insiste en que Nepal no puede “adaptarse solo”. La cifra de 1.200 muertos no es un número abstracto: es la suma de bodas interrumpidas, escuelas sepultadas y familias que ya no tienen a quién esperar en la puerta.


La imagen satelital de Vantor muestra el área cercana a la frontera entre Nepal y China y el puesto fronterizo de Rasuwagadhi antes de que las devastadoras inundaciones arrasaran numerosos edificios y vehículos. Fuente de la imagen,Satellite image (c) 2026 Vantor

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