Al minuto

Versos infinitos en corazones por nacer




SABERSINFIN 

 Abel Pérez Rojas

 Tres semanas han transcurrido desde la primera presentación de Poesía infinita (El mundo iluminado / Sabersinfin, 2026), el más reciente poemario de la escritora argentina Nancy Almassio, realizada en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Sin embargo, no quiero dejar pasar inadvertido un acontecimiento de tal relevancia, sobre todo porque este libro confirma una labor colaborativa que, desde Sabersinfin, hemos construido junto con la autora nacida en Necochea


. Desde su índice, Poesía infinita ratifica la idea que sostiene su título: la infinitud de la poesía. Se trata de una obra integrada por cien poemas escritos durante 2025 por quien, además de presidir la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP), filial Necochea, coordina las actividades de Sabersinfin en aquella ciudad argentina. Cuando escribí uno de los prólogos de este libro, estaba lejos de imaginar que, de manera paralela, el doctor en Filosofía Miguel Ángel Martínez Barradas redactaba la primera versión del Manifiesto del Saber Infinitista, concebido como introducción y presentación del mismo poemario. Por ello, la relevancia de Poesía infinita es, al menos para mí —y estoy seguro de que para muchos otros—, múltiple. 

Representa la consolidación de un esfuerzo editorial internacional alternativo; la continuidad de una labor poética y cultural desarrollada junto a una promotora que ha realizado un trabajo excepcional en la región necochense; y, además, propició las condiciones para que viera la luz el documento en el que Martínez Barradas registra, sistematiza y proyecta los aportes teóricos y filosóficos gestados durante dos décadas en el seno de Sabersinfin, desde la perspectiva de la educación permanente, la cultura de paz, la participación social, el estado poético permanente y el pensamiento holístico. Al redactar el prólogo de Poesía infinita tenía claridad sobre algunos de estos aspectos; otros, en cambio, resultaban imposibles de prever hasta que tuve frente a mí la primera versión electrónica que, tiempo después, sería materializada en papel. Quien tenga este poemario entre sus manos advertirá que exige una lectura pausada, capaz de conceder espacio al silencio y a la reflexión. Es un libro que invita a detenerse y a permitir que los pensamientos y las emociones decanten. Nancy Almassio demuestra un notable cuidado en la elección de las palabras y construye una lírica rica en imágenes, matices y recursos expresivos. No quisiera soslayar la oportunidad de ponderar la aparición de Poesía infinita. Por ello, y con la autorización de Nancy, compartiré a continuación el prólogo que escribí para esta obra bajo el título «Versos infinitos en corazones por nacer». Lo hago como una invitación a acercarse a un libro bello y profundo, cuyas ciento ochenta páginas testimonian que la poesía, cuando nace de una sensibilidad auténtica, es capaz de extenderse más allá de sus autores y alcanzar incluso a los corazones que aún están por nacer. Aquí el prólogo. Hay libros que se abren como una puerta. 


Otros, en cambio, se abren como un horizonte. Poesía infinita, el sexto libro de Nancy Almassio, pertenece a esta segunda estirpe: nos invita a caminar hacia una línea que siempre se desplaza, una frontera que se renueva a cada paso y que, sin embargo, jamás se deja conquistar del todo.

 Desde su primer verso, el lector comprende que está frente a una cartografía del espíritu: un mapa donde cada palabra señala vórtices, movimiento, deriva, expansión permanente. Nancy escribe desde la conciencia de la continuidad. Su poética concibe el poema como una corriente que viene de lejos y se proyecta más allá del tiempo que la contiene.


 Hay en su voz una certeza que atraviesa estas páginas como un pulso subterráneo: la tradición es como un organismo vivo que respira en cada nueva formulación del lenguaje. Así, sus versos dialogan con las voces de quienes la precedieron y, al mismo tiempo, se adelantan hacia aquellos que aún no han nacido como lectores. Poesía infinita se construye desde una imagen axial: la del río. Un cauce que se bifurca, que se refleja en sí mismo, que regresa como memoria y se proyecta como promesa


. En este fluir, la palabra deja de ser un simple signo y se transforma en experiencia. Leer a Nancy es aceptar que el poema continúa en la respiración del lector, en su silencio posterior, en esa zona interior donde las imágenes persisten cuando ya no hay voz que las pronuncie.

 Hay, en este libro, una ética del lenguaje. La autora va más allá de nombrar el mundo: lo interroga, lo desnuda, lo devuelve a su estado primigenio. Sus palabras buscan abrir un espacio de resonancia.

 Cada poema es una invitación a detenerse, a mirar de nuevo, a escuchar lo que habitualmente queda oculto bajo el ruido de lo inmediato. En tiempos donde la velocidad ha convertido a la palabra en mercancía y al discurso en superficie, Nancy apuesta por la profundidad: por una escritura que sobrevive a la inmediatez, que se asiente en la conciencia como una semilla.

 La infinitud a la que alude el título es, ante todo, una experiencia humana. Lo infinito, en estos versos, se manifiesta en lo pequeño: en el gesto mínimo, en la memoria que se resiste al olvido, en la emoción que no encuentra forma definitiva y por eso se repite, se transforma, se reinventa. Nancy entiende que la eternidad es una cualidad del presente cuando este se vive con plenitud.

 Este libro puede leerse como un viaje, porque es un desplazamiento interior, una travesía por los territorios del lenguaje y de la conciencia. A lo largo de sus páginas, el lector se encuentra con la naturaleza, el amor, la pérdida, la esperanza, la palabra misma convertida en tema y en materia.

 Sin embargo, estos motivos aparecen como corrientes que se entrelazan, que se cruzan, que se reflejan unas en otras. El paisaje exterior y el paisaje interior se funden hasta volverse indistinguibles. Nancy escribe desde una sensibilidad que reconoce la fragilidad como una forma de fuerza. Sus poemas se erigen como refugios. En ellos, la vulnerabilidad es una apertura: la posibilidad de dejar entrar al otro, de permitir que la experiencia ajena dialogue con la propia. Así, la lectura se convierte en un acto de encuentro con esa zona íntima del lector donde las palabras ajenas se vuelven propias.

 Hay en Poesía infinita una conciencia clara de la responsabilidad del poeta. Escribir es para Nancy un acto de presencia en el mundo. 

Sus versos enfrentan la realidad; la atraviesan con una mirada que busca comprender sin reducir, nombrar sin clausurar. En esta poética, la palabra es un puente: una forma de tender la mano hacia lo que aún no ha sido dicho, hacia lo que permanece en el umbral de lo expresable. Este libro dialoga con una idea que recorre la historia de la poesía: la de que cada poema es, en el fondo, una pregunta.

 Una pregunta profunda que provoca apertura que se prolonga en el tiempo. Nancy propone itinerarios. Sus versos son señales en el camino. En ellos, el lector encuentra más de una vez su propio reflejo, una especie de posibilidad en movimiento. La estructura misma del libro refuerza esta noción de continuidad. Los poemas se suceden como estaciones de un trayecto sin término definitivo. Hay una sensación de circularidad, de retorno, de reencuentro.


 Al avanzar en la lectura, se tiene la impresión de que ciertos motivos regresan transformados, como si el lenguaje aprendiera de su propio recorrido. Esta dinámica convierte al libro en una experiencia más que en un objeto: algo que se vive. Poesía infinita es, en última instancia, una declaración de fe en la palabra como espacio de comunión. Nancy escribe para recordar que, más allá de las diferencias, existe una zona compartida donde las voces pueden encontrarse: la del asombro, la de la pregunta, la del deseo de comprender.

 En ese territorio, la poesía es una necesidad. Invito al lector a adentrarse en este libro con la disposición de quien cruza un umbral. Dejar atrás, aunque sea por un momento, las certezas, las prisas, los discursos prefabricados. Permitir que los versos actúen como un espejo y como un horizonte al mismo tiempo. Leer a Nancy Almassio es aceptar que la poesía no se limita a describir la vida, sino que la amplía. En estas páginas, la autora nos recuerda algo esencial: que escribir y leer son formas de habitar el mundo con mayor intensidad.

 Que cada palabra puede ser una chispa en la oscuridad, un gesto de hospitalidad en medio del ruido, una señal de que no estamos solos en la vastedad de la experiencia humana. Poesía infinita ofrece la compañía de una voz que, en su fluir constante, nos invita a seguir buscando. Porque al final —y también al comienzo— este libro nos susurra una verdad sencilla y profunda: la palabra se prospecta como un alumbramiento de los versos infinitos en corazones por nacer. Continúa en la conciencia que la acoge, en la memoria que la guarda, en la mirada que, después de leer, vuelve al mundo con una luz distinta. Y en ese gesto, aparentemente mínimo, se revela su verdadera infinitud. Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta

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