Apenas unas horas después de que se filtraran los detalles del borrador de paz entre Washington y Teherán, Donald Trump ya se vio obligado a activar su maquinaria de control de daños. El mandatario calificó de "Fake News" las versiones que aseguran que las arcas estadounidenses financiarán un megaplan de reconstrucción para Irán, un tema que ya encendió las alarmas tanto en el ala dura de su partido como entre sus principales aliados internacionales.
El origen
de la tormenta política radica en los detalles del Memorando de Entendimiento
que ambos países tienen previsto firmar formalmente este viernes en Suiza. El
documento pone sobre la mesa un ambicioso plan de reactivación económica de al
menos 300,000 millones de dólares para el país persa, una cifra que desató duras
críticas en el Capitolio, donde algunos legisladores no tardaron en calificar la
medida como una concesión inaceptable ante un histórico rival geopolítico.
Ante
el costo político, la Casa Blanca reaccionó con rapidez desde la cumbre del G7,
asegurando que el dinero no provendrá de los contribuyentes norteamericanos,
sino de consorcios privados y de una coalición de países del Golfo Pérsico
interesados en la estabilidad de la región. Sin embargo, para que el flujo de
capital comience a moverse, Teherán tendrá que cumplir a rajatabla con
desmantelar su programa nuclear y garantizar que no habrá trampas en el camino.
A pesar de la retórica encendida que domina los discursos públicos, las
negociaciones tras bambalinas revelan un juego de ajedrez muy avanzado. El
acuerdo marco diseñado para frenar meses de hostilidades y abrir una ventana de
negociación de 60 días contempla que Washington levante de inmediato el bloqueo
naval a los puertos iraníes y reactive los permisos para que puedan exportar
crudo.
A cambio, Irán deberá normalizar el flujo marítimo en el estratégico
Estrecho de Ormuz, forzar el cese de operaciones de sus milicias aliadas en el
Líbano y aceptar que la Agencia Internacional de Energía Atómica diluya y
supervise bajo lupa su inventario de uranio enriquecido. Trump se está jugando
una de sus cartas más arriesgadas en política exterior, vendiendo el pacto como
el único movimiento maestro capaz de evitar una crisis energética y una
depresión económica mundial.
La realidad, no obstante, es que el camino hacia un
acuerdo definitivo apenas empieza, con un Israel que ya manifestó su rechazo
total a los términos y un régimen iraní que buscará oxígeno financiero antes de
ceder por completo sus ambiciones militares en un juego de póker geopolítico
donde nadie tiene las cartas aseguradas.
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