El Estrecho de Ormuz vuelve a ser el "cuello de botella" más peligroso del planeta. En las últimas semanas, el incremento de las patrullas navales y los incidentes de interferencia electrónica en esta vía marítima —por donde transita casi el 20% del petróleo mundial— han encendido las alarmas en las principales economías de Occidente.
La incertidumbre sobre la seguridad del tránsito de buques cisterna ha provocado una volatilidad inmediata en los mercados de futuros de crudo. Analistas internacionales advierten que cualquier cierre parcial o incidente mayor en el estrecho no solo afectaría el suministro en Europa y Asia, sino que generaría un efecto dominó que impactaría los precios de los combustibles en todo el continente americano.
La diplomacia se encuentra en una carrera contra el tiempo para evitar que una disputa regional se transforme en un choque energético global de consecuencias impredecibles para la inflación.

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