Al minuto

El hartazgo ya no cabe en la mesa




 Por Karla Pulido

 en Lo ocurrido en Zacatecas no es un hecho menor ni una simple escena incómoda en un restaurante. Es el reflejo de algo mucho más profundo: el desgaste de la clase política frente a una ciudadanía cansada, golpeada y abandonada.

 Campesinos y agricultores encararon y expulsaron a una diputada de Morena y a un funcionario estatal en medio del enojo social que hoy atraviesa al campo mexicano. Y aunque algunos intentarán minimizar el episodio, la realidad es brutal: cuando la gente siente que no es escuchada, la protesta deja de ser institucional y se vuelve directa. 

El campo mexicano vive una crisis silenciosa. Sequías, falta de apoyos, inseguridad, abandono técnico y una política pública cada vez más lejana de la realidad de quienes producen alimentos. Mientras desde el poder se presume estabilidad, miles de productores apenas sobreviven.

 Lo más delicado es el simbolismo político. Morena llegó prometiendo cercanía con el pueblo, pero escenas como esta muestran que incluso sus propios sectores de base comienzan a sentirse traicionados. 

 El discurso ya no alcanza cuando el bolsillo está vacío y la desesperación toca la puerta. Y no, esto no se trata de colores partidistas. Se trata de una clase política completa que muchas veces olvidó escuchar antes de hablar.

 Funcionarios rodeados de escoltas, mesas privadas y discursos reciclados mientras afuera crece el enojo social. Porque cuando campesinos y agricultores —gente históricamente trabajadora, resistente y paciente— deciden levantarse y confrontar, el mensaje es claro: el hartazgo ya no cabe en la mesa. Karla Pulido

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