Al minuto

CONTRAOFENSIVA





 Fernando Vázquez Rigada 



 La ejecución del Mencho, de sus lugartenientes y el enfrentamiento abierto contra el cártel Jalisco no puede sino aplaudirse y afinar la lupa sobre su significado. 

 El gobierno, por sí o por encargo de terceros, lanza una bola de varias bandas. Primero: Fin de los abrazos, no balazos. 

El gobierno siempre dijo —¿por qué? —que seguía la política de los abrazos, no balazos. Eso fue un desastre. 

 De los 10 años más violentos del siglo, 5 fueron con AMLO: casi todo su sexenio. El poder de los cárteles se extendió a todo el territorio y sus acciones delictivas se diversificaron: huachicol fiscal, piquetes (quesque habían acabado), extorsiones, derecho de piso, esclavitud, tráfico de personas.

 Los abrazos fueron reales: las fuerzas armadas fueron forzadas a la humillación de prohibírseles responder agresiones. Se canceló la operación en México de la DEA. No se aplicó la ley, pero se apeló la intervención de las mamás de los narcos.

 El presidente instruyó a la Guardia Nacional—soldados, pues— a respetar la humanidad de los monstruos que los ejecutaban, ponían minas y atacaban con drones. Segundo: rectifica. La presidenta dijo una y otra vez que no creía en el descabezamiento de organizaciones.

 Referencias privadas, confiables, hablan de que, al principio esa era su intención. Pero pronto acabó. Al crimen se le combate con la fuerza del Estado y con la ley. No hay más. Los apologistas del régimen dan maromas para ajustarse a la nueva realidad.

 No importa. En política debe saber rectificarse, desdecirse, admitir los errores. Ojalá se rectifique más, en muchas cosas. Tercero: Se tira a la basura el diagnóstico fallido. Las causas, la pobreza y la falta de oportunidades no son la gasolina del crimen organizado. Con AMLO bajó la pobreza, pero aumentaron los homicidios dolosos. 

De 156 mil en el sexenio de Peña a 196 mil con AMLO. Desaparecidos: de 34 mil con Peña Nieto a 53 mil con AMLO. En suma: 115 personas ejecutadas o desaparecidas cada día. Una víctima cada 12 minutos. ¿Qué tienen que ver las causas con obligar a jóvenes a matarse a golpes entre ellos como ocurrió en el 2018? ¿Qué, con jovencitas secuestradas y esclavizadas, obligadas a prostituirse?

 ¿Qué, con que sicarios exijan un pago el fruto del trabajo honesto de las personas? La descomposición del tejido social se debe atender, por supuesto.

 Pero no hacer nada contra las organizaciones criminales por ello, citando a Fouché, es más que una estupidez: es un crimen. Cuarto: Se reconoce la descomposición del país. No se dijo explícitamente, pero se entendió. El domingo hubo 252 acciones del narco en 20 estados.

 Dos tercios del país. ¿Por qué en esa extensión? Porque pueden. Porque se infestó al Estado con criminales. Ahí está la barredora. El huachicol fiscal. El culiacanazo. La prohibición a la Marina de tocar al Mencho. Cientos de alcaldes. Jueces. Un Estado podrido. Quinto. Paréntesis patriotero. Una y otra vez se dijo que el combate al crimen era asunto nuestro. 

Que no somos colonia. Que solos podemos. Pues no, no podemos. Qué bueno que se acepta la ayuda de Estados Unidos. Con cuidado: piden la mano y luego toman el pie. La soberanía se perdió hace mucho. Soberanía es el poder supremo del Estado para gobernarse a sí mismo.

 Eso se fue en 2018 por la connivencia con el crimen a cambio de llegar al poder. Sexto. Rebote político. Hay dos dimensiones. Una: ideológica.

 El núcleo duro de López Obrador seguirá defendiendo sus mamarrachadas. Allá ellos. La mayoría apoyará el giro: a las encuestas me atengo. Segundo: esa maraña de cómplices con cargos en funciones tendrá una reacción, y no será favorable a la presidenta. Séptimo. Aprobación. La aprobación presidencial recibirá un respiro.

 Estoy seguro. Pero creo que vendrá una erupción de violencia que volverá a presionar ya no sólo la aprobación —-al final es lo de menos— sino la gobernabilidad.

 Y ahí sí vamos todos. Colofón: la larga guerra contra el narco, que cumple 20 años, enseña que quitar capos no sirve si no se va acompañado del desmantelamiento de las redes de financiamiento del crimen; de desarticular sus mandos medios; de recuperar territorios y de quitar la sombrilla —es ya más bien una carpa— de protección política. Sin esa contraofensiva, esta será una golondrina sin verano. Si lo hacen, vendrían tiempos difíciles. Pero valdrán la pena. @fvazquezrig

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