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Figuras de la educación moderna y contemporánea






SABERSINFIN.

 Abel Pérez Rojas.

 Es interesante conocer cómo algunas mujeres y hombres, del siglo XVII a la fecha, han ofrendado su vida para impulsar el progreso de sus congéneres a través de la educación.

 En este recuento afloran los nombres de sobrevivientes de guerras, apasionados del desarrollo humano y auténticos humanistas que, incluso yendo en contra de sistemas de gobierno enteros, propusieron teorías, programas, experiencias formativas y novedosas formas de organización educativa que revolucionaron su tiempo y trascendieron con el paso de los años.

 Por otra parte, pese al desarrollo alcanzado en lo que va del siglo XXI, resulta indispensable hacer una pausa para preguntarnos: ¿cómo ha evolucionado la educación a través de sus grandes propulsores? Es en este contexto donde cobra especial relevancia Figuras de la educación moderna y contemporánea, uno de los libros más recientes de Salvador Calva Morales (UMA, 2025). Se trata de un texto que, mediante artículos breves e independientes, pero articulados por una secuencia cronológica, aborda la vida y obra de cuarenta y un destacados educadores de distintas latitudes del mundo.

 A lo largo de sus doscientas cincuenta y dos páginas se analizan los aportes de mujeres y hombres como María Montessori, Rosa Sensat, Célestin Freinet, Carl Rogers, Jean Piaget y María de Maeztu, entre otras figuras fundamentales para la historia del pensamiento educativo. Con el propósito de ofrecer a las y los lectores un panorama más amplio de la obra, y con la debida autorización del autor, a continuación presentamos el prólogo escrito por el Dr. Enrique Canchola Martínez, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).


 A continuación, el texto de Canchola Martínez: Salvador Calva Morales, con la lucidez y la pasión que lo caracterizan, nos ofrece en este libro una respuesta contundente a la pregunta ¿qué significa educar hoy? Responde y afirma: educar es mirar hacia atrás para iluminar el camino hacia adelante; es comprender que la educación es la luz que nunca se apaga mientras haya alguien dispuesto a recibirla y alguien dispuesto a transmitirla. En un mundo que cambia a velocidad vertiginosa, donde la inteligencia artificial, las crisis climáticas y las desigualdades sociales, políticas y económicas reconfiguran el horizonte humano, la educación se vuelve más importante que nunca para formar personas libres, críticas, solidarias y capaces de habitar un planeta fracturado.

 Este libro no pretende ser una historia exhaustiva de la pedagogía, sino una galería viva de pensadores que, cada uno a su modo y en su tiempo, sostuvieron la llama de la dignidad humana mediante la educación.

 Cuarenta y dos voces, desde el siglo XVII hasta el XXI, convergen aquí no como estatuas en un museo, sino como testigos de una misma lucha: hacer del acto educativo un espacio de emancipación, de encuentro y de esperanza. Salvador Calva Morales no se limita a reseñar ideas; las hace dialogar. En estas páginas,

 Dewey conversa con Vygotsky, Montessori con Decroly, Freire con Feuerstein, Zetkin con María de Maeztu. En esos diálogos se perfila una pedagogía posible para nuestro tiempo: una pedagogía que no renuncia al rigor científico, pero tampoco olvida la ternura; que entiende la diversidad cultural como riqueza y no como problema; que coloca en el centro la experiencia del alumno y no la lógica administrativa; que asume la tecnología como herramienta y no como fin; que se compromete con la justicia social sin caer en el adoctrinamiento; que defiende la libertad del niño y la responsabilidad del adulto.


 El autor nos muestra cómo ninguno de ellos pensó igual. Algunos creyeron en la disciplina, otros en la libertad absoluta; unos pusieron el acento en la ciencia, otros en el corazón; hubo quienes confiaron en el Estado y quienes lo vieron como un obstáculo. Pero todos compartieron una convicción profunda: educar es un acto político y ético fundamental. Educar es, en última instancia, creer que el ser humano puede llegar a ser más humano. También recupera vivencias pedagógicas e ideológicas de algunos de ellos. Nos recuerda que Comenius soñó una pansofía universal en medio de la guerra de los Treinta Años; que Rousseau defendió la infancia como un territorio digno de respeto en los salones ilustrados de París; que Pestalozzi llevó la educación al corazón de los niños pobres de Suiza mientras Europa se convulsionaba en revoluciones; que Simón Rodríguez acompañó a Bolívar por los Andes predicando que “o inventamos o erramos”; que María Montessori creyó en la semilla interior de cada niño mientras el fascismo avanzaba; que Korczak caminó con sus huérfanos hacia el tren de Treblinka antes de que el mundo comprendiera lo que significaba la dignidad infantil; que Freire escribió Pedagogía del oprimido en el exilio mientras América Latina buscaba su rostro; que Illich cuestionó la escuela como institución en los años sesenta; y que hoy, en pleno siglo XXI, Gloria Ladson-Billings nos recuerda que no hay educación justa sin justicia cultural, mientras Luis G. Benavides Ilizalituri nos invita a apostar por la educación humanista permanente. Este libro llega en un momento especialmente crítico para la educación iberoamericana. 


En muchos de nuestros países, la escuela pública sufre abandono presupuestario, estigmatización mediática e invasión de lógicas mercantiles. Al mismo tiempo, las nuevas generaciones demandan una educación que les hable del cambio climático, de derechos humanos, de salud mental, de diversidad sexual y de inteligencia artificial ética. Necesitan maestros que no solo transmitan conocimientos, sino que acompañen procesos de construcción de sentido. Necesitan, en suma, esa antorcha encendida que dé luz y esperanza. Salvador Calva Morales nos entrega aquí no solo un libro, sino un acto de fe renovada en la educación. Una fe crítica, porque cuestiona inercias y falsas neutralidades; una fe esperanzada, porque recuerda que siempre han existido y existirán maestros y maestras dispuestos a inventar caminos nuevos; una fe humanista, porque sigue creyendo que la educación es el espacio donde el ser humano se hace persona mediante una metaconsciencia. 


Este texto es, finalmente, una invitación a retomar la luz de la antorcha educativa. Cada lector —maestro, estudiante, padre, madre, investigador o ciudadano— encontrará en sus páginas no solo información, sino inspiración.

 Porque mientras haya alguien que crea que otro mundo es posible mediante la educación, la antorcha seguirá encendida; y cuando la recibamos, nuestra obligación será llevarla más alto, más lejos y a todos lados. 

Quiero concluir estas líneas agradeciendo al autor y al equipo editorial por haber aceptado mi petición de incluir en este trabajo sobre grandes figuras de la educación al Dr. Salvador Calva Morales, quien ha dedicado su vida a la formación de nuevas generaciones y ha derribado barreras que han permitido vislumbrar nuevos caminos para la educación universitaria en Latinoamérica.


 Hasta aquí la transcripción. Aprovecho este espacio para desear una Feliz Navidad a todas las personas que, semana a semana, siguen mis publicaciones, así como una temporada colmada de unión familiar y prosperidad. Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta .

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