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27 de junio de 2022

Cuestiones de Sexo Besos, mojigatos y cosas peores por Rodolfo Herrera Charolet

 

 De los 70´s a los 90´s el exitoso programa televisivo “Siempre en Domingo”, conducido por Raúl Velazco, en el canal 2 de Telesistema Mexicano y posteriormente Televisa, fue la principal plataforma de lanzamiento latinoamericano de artistas que debieron de someterse a los caprichos de la época. Tal es el caso de la intérprete de “Acaríciame” Manuella Torres y composición de Alejandro Jaén Palacios, sufrieron la censura de la sociedad mojigata de la época. 

 Por mucho tiempo, el prototípico final feliz de las telenovelas mexicanas, dieron vida a los melodramas que reafirmaron los sufrimientos y amores que también Hollywood o Disney, recrean en sus largometrajes y princesas. No fueron pocas las escenas de un (primer y último) beso entre un hombre y una mujer. En secuelas y versiones más modernas de dichas narrativas, de ese beso nace el amor que concluye en el final feliz, del cual brota también una familia.



 Los melodramas, empalagosos, lograron la atención similar a la alcanzada por “Siempre en Domingo” que mantuvo semanalmente hasta 350 millones de espectadores en México, América y Europa. Entonces el negocio, de remasterizado de los cuentos de la cenicienta, dieron pie a los melodramas llevados a la pantalla grande, tales como; “Por Siempre Jamás”, “Una Hija Diferente”, “Alguien Como Tú”, entre otras. Sin embargo dichas producciones, en nada se asemejan al éxito de las poco menos de 800 telenovelas producidas por el canal mexicano que logró millones de audiencia y que propició un lucrativo negocio, basado en la explotación de las historias rosas, que fueron transmitidas repetidas veces hasta el hartazgo desde 1958, que fueron formadoras educativas de la sociedad adulta de la segunda mitad del siglo XX. Televisa al igual que Walt Disney, se convirtió en la máxima fábrica de sueños facilones e idealizados, como también responsables de la ilusión del príncipe azul y el castillo, el lugar de la casota, hijos sonrientes, riqueza inesperada y un sol brillante al máximo que ilumina la cabellera de la sufrida mujer que luchó por su amor y venció la adversidad. Ad nauseam La Cenicienta fue remasterizada en un sin fin de proyectos televisivos, llevados semana a semana en capítulos chocantes, pero ilustrativos durante décadas.


 Telenovelas ramplonas que lograron soltar el llanto de millones de mujeres, que esperaron encontrar el príncipe azul, cuando escasamente encontraron al hombre que en ocasiones no supo lo que el corazón de sus mujeres esperaban. Un ejemplo del remasterizado y refrito de argumentum ad nauseam es el efecto 


“María Mercedes” protagonizada por Ariadna Thalía Sodi Miranda, conocida como Thalía. Que fue lanzada en 1992, pero que fue un refrito de “Elisa” también como "Muchacha provinciana" en 1959, interpretada por Silvia Derbez y quien también participó en el protagonista de “Elena” en 1961. Thalía despojada de su sexy look de cantante pop encarna a Rosa Salvaje, una joven trabajadora que vende billetes de lotería, quien se termina casando con el galán rico de la historia. Derivado del éxito de Thalia y el remasterizado de “María Mercedes”, no conforme con ello, Televisa lanzó en 1995 a “María la del Barrio”, con menor presupuesto y contenido simplón. Pero ahora el mérito se lo lleva, con ritmo de rumba, Itatí Cantoral en su plan malicioso.



 Cuatro años después, Thalía protagonizó “Rosalinda” cuya telenovela de 1999, nuevamente echa mano del plan Cenicienta, en donde la joven pobre de buenos sentimientos, que ahora vende flores en un puesto de su abuelo Florentino Rosas (nombre de ocurrencia genial), quien tiene a su madre muy enferma (posiblemente llamada Dolores) ayuda a su padre Xavier (Quien lleva la cruz hasta en el nombre), con el egoísmo y envidia de su hermana Fedra (Nombre igual en la mitología griega a la princesa cretense, hija de Minos y de Pasífae, raptada por Teseo esposo de su hermana Ariadna). Así que siguiendo con los refritos, en la sociedad formada por Televisa y sus melodramas, no resulta extraño el escándalo a nivel de rasgarse las vestiduras de la más reciente película de Pixar —Lightyear— estrenada en junio de 2022. En donde el alboroto popular y de la sociedad de la mojigatería del santo nombre, advierte que en dicha película hay una escena de beso lesbiano (mujer y mujer). Para la sociedad poco promotora de la diversidad e igualdad social, ese ósculo, es producto del genio perverso que suplanta un modelo de deseo y familia por otro. 




 Esto es así, porque según ellos y ellas, el modelo tradicional trata de perpetuar que las mujeres son objetos de deseos y que concluyen su función con la reproducción de la línea paterna. La familia parental, en donde iconográficamente se representa con el hombre alto, la mujer más baja de estatura, un niño y una niña más chica en altura. Enfrentado al modelo que ofrece Lightyear, en donde las dos mujeres forman una familia lesbomaternal. El beso lesbiano y luego la presentación de la familia formada por ellas, interrumpe de tajo la perpetuación del linaje patriarcal. Aún cuando la película no nos indica el origen de los hijos, si estos fueron producto de la unión anterior de una de ellas con un hombre, o que fue adoptado o producto de la inseminación artificial. Cualquiera que sea el origen del menor, el punto es que, la sola presentación de dicha familia rompe el estereotipo fabricado durante décadas y hasta siglos. Repetido hasta el cansancio, “La familia está conformada por un hombre y una mujer, con los hijos de ambos”. El beso fugaz, sin el toque romántico, aspiracional y simbólico de la felicidad, rompe aquellas escenas dignas de recuadro especial, como lo presentaron en Blancanieves, la Sirenita, la Bella Durmiente o Cenicienta, todas con sus contrapartes varones. El beso, por si mismo, es simple, desprovisto de toda esa carga emocional del singular momento y preámbulo del final “vivieron felices por siempre”. Es el beso de una pareja, que se saluda con afecto sin mantener un orden o linaje. Así que, tras romper ese esquema de la relación exclusiva de hombre y mujer, para ofrecer una alternativa, también se agrega el de inclusión, así que una de ellas es de piel oscura. No puse atención mayor a la película, pero no recuerdo haber visto a un transvesti, transexual, transgénero o cualquier otro integrante de la diversidad sexual existente hoy en día. Esperando que dichas comunidades no reclamen el derecho de ser incluidas en futuras producciones. Por lo pronto la película Lightyear, por la inclusión de dicha escena, se prohíbe en Arabia Saudita, Siria y los Emiratos Árabes, Bahrain, Egipto, Indonesia, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Malasia, Oman y Qatar. En varios estados de los EE.UU., los cines pusieron avisos. En Oklahoma, por ejemplo; Atención padres de familia:


 La administración de este cine descubrió, después de comprar Lightyear,que hay una escena con un beso entre personas del mismo sexo dentro de los primeros 30 minutos de la película de Pixar. Haremos todo lo posible para adelantar la escena, pero podría no ser exacto. Sin embargo, la sociedad mojigata, nunca adelantó las escenas de crímen explícito de un sinfín de películas, en donde la sangre corre a chorros y sale de los cuerpos salpicando todo. Ante esta lamentable realidad, en donde un beso causa tanto escándalo pero el asesinato es permisible, recuerdo aquella melodía del pacifista John Lennon “Hagamos el amor y no la guerra”, que por cierto, murió asesinado el 8 de diciembre de 1980 a la edad de 40 años y un mes.



 Pero dicha frase no es de su autoría, ni tampoco de Bob Marley, en su canción "No More Trouble": "Make love and not war!" de 1973. Sino que se adjudica su autoría a Gershon Legman en abril de 1965, en su lucha contra la Guerra de Vietnam. Pero tras ver Lightyear y escuchar sin censura a Manoella Torres y Lupida Dalessio, el asunto de besos, mojigatos y cosas peores, la historia apenas inicia. ¿O no lo cree usted? Transcribo desde el confesionario 
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