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12 de junio de 2020

Y la delincuencia #Covid19 ¿Qué hacemos?




La farsa de la nueva normalidad.
Felipe León López.
La delincuencia Covid19 en México está ganando terreno y parece que nadie la quiere ver.

El ogro filantrópico del crimen organizado: los cárteles de la droga y el huachicol siguen repartiendo despensas en varias regiones del país para ganar bases sociales que, aunque no se han visto están ya manifestándose bloqueando carreteras o protestando por detenciones;
La UIF anunció operativo antilavado “Agave Azul” contra cientos empresas ligadas a la que consideran la organización criminal más sofisticada financieramente.
El cambio climático por inundaciones en el sureste afectando a tres entidades, además de que sigue el riesgo de algo más grave para Tabasco mientras siguen alentándose a los hidrocarburos como la solución a nuestros problemas;
En diarios nacionales destacó del crimen transnacional dedicada a la clonación de tarjetas en el sureste turístico, donde la pandemia habría dejado caídas del 70 al 90 por ciento de ingresos por familia, además de que se reporta que delitos cibernéticos aumentaron de forma inaudita y la banca sin capacidad de respuesta (fraudes, intrusiones, robos a cuentas bancarias habrían subido más del 30 por ciento);
La “politiquería” abona a la confrontación y grupos anómicos aprovechan para incrustarse en las protestas (legítimas o inducidas, no importa) violentan para desestabilizar estados y a la federación, en forma de “anarquistas”, “guerrillas” o algún “movimiento”; y
El maximalismo de “estás conmigo o estás contra mí” del titular del Ejecutivo federal amplía la brecha entre la población del país como estrategia pre electoral del 2021.
Los elementos anteriores reflejan que el #Covid19 está más allá de afectaciones a la salud pública, sino que se incrustó en cada individuo y su capacidad de sobrevivencia en la colectividad, porque está golpeando ya en la seguridad ciudadana, la certidumbre jurídica y la protección de nuestras familias en el futuro inmediato.

La caída de los ingresos por familia en las zonas más pobre del país está siendo poco valorada para su atención en una cruzada humanitaria inmediata. Las fuentes de ingreso de las zonas pobres se cancelaron: “se enfrentan a un período de pobreza extrema y debilitamiento institucional”, apunta la analista Beatrice Rangel hablando de países del Caribe pero que aplican también para México en entidades turísticas como las de Quintana Roo, Veracruz, las Baja California, Guerrero, Jalisco, Veracruz o Oaxaca.

Siguiendo la lógica de Rangel, las secuelas de este fenómeno serían múltiples como nuevos desplazamientos poblacionales hacia ciudades donde puedan trabajar, pero con la consiguiente presión de vivienda, empleo, seguridad pública, entre otras. La migración intranacional tendría su impacto en las ciudades con “más desarrolladas” del país, pero la emigración de mexicanos más calificados a los Estados Unidos y Canadá, o Europa, aumentará exponencialmente, alentando la fuga inaudita de talentos y de cerebros.

Para los que no tengan posibilidades de salir del territorio porque no tienen recursos ni enlaces para hacerlo, el crimen organizado local tendría un manjar para reclutarlos a cambio de despensas, comida o “empleo” (“halconeo”, “sicariato”, “carne de cañón”, “bloqueador”).

Otros más tendrían “trabajo” en el crimen organizado transnacional en todas sus modalidades, desde tráfico de personas, armas, flora y fauna especies en peligro de extinción, trata de personas, ciberdelincuencia, entre otras. Millonarias organizaciones rusas, chinas, italianas, holandesas, hondureñas, salvadoreñas, albanesas, españolas, japonesas, argentinas, israelíes, británicas, estadounidenses, canadienses, hindús, por citar algunas, están trabajando en México desde hace varios años y en este momento quizá estén perfeccionado su modus operandi.

El control que ejercen las organizaciones transnacionales del crimen en naciones de baja institucionalidad del Caribe, Centro y Sudamérica, facilitan el desplazamiento de sus actuaciones hacia naciones del norte del continente, donde nos encontramos. ¿Ya las detectaron?

Veamos los otros puntos, pues el cambio climático también está sumándose a la “tormenta perfecta” económica y de seguridad. Los fenómenos climatológicos están destrozando infraestructura en cada huracán, ciclón o los “frentes fríos”, y poniendo en riesgo la recuperación en las entidades donde deben trabajar mucho para ganarse el pan de cada día y donde dependen del turismo local e internacional; más aún, las entidades con mayor injusticia social enfrentan ya la seguridad alimentaria por cuestiones de cambios climáticos y por la podredumbre política de quienes lucran con la necesidad de indígenas y campesinas, ya que la mayoría de sus cultivos están siendo eliminados (y aun así, el régimen apuesta por una política anti ambientalista).

México está siendo observado como el “centro de actividades delictivas que afecten a Estados Unidos y Europa” por la debilidad institucional, el vacío de autoridad en varias regiones y el crecimiento del poder fáctico del narcotráfico representado en poderosas organizaciones que llegan a todas las naciones del mundo.

El Covid19 es una crisis de salud mundial con miles de decesos, pero los efectos de la pandemia en la “Delincuencia Covid19” podría ser mucho más letal que lo observado hasta ahora, pues el crimen estaría ya adentrado en nuestro tejido familiar y social por muy largo tiempo. Este panorama podría ser así de catastrófico o peor mientras los gobiernos nacionales no pongan a trabajar la inteligencia preventiva, la seguridad integral regional y a operar políticas públicas de bienestar para la población vulnerable, además a recobrar los valores de la democracia, tal cual, sin adjetivos como se dijo en su momento, porque el diagnóstico de este texto alerta que estamos en el peor de los peligros históricos de la sociedad moderna: el totalitarismo, venga de donde venga.

Contacto: felipe.leon@escipion.com.mx

Twitter: @FelipeLeonLopez
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