La inflación en Estados Unidos volvió a generar preocupación entre inversionistas y autoridades económicas después de que los precios al consumidor registraran un incremento anual de 3.7% durante septiembre, por encima del 3.4% reportado en agosto.
El dato, divulgado este miércoles por el Departamento de Trabajo estadounidense, también superó las expectativas de los analistas, que anticipaban una inflación de 3.6%.
El repunte estuvo impulsado principalmente por el encarecimiento de la energía y la gasolina, aunque otros productos y servicios también registraron incrementos. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó 2.6% anual.
La publicación del indicador provocó presiones sobre los principales índices bursátiles de Estados Unidos. Durante la jornada, el S&P 500 y el Nasdaq registraron retrocesos, mientras que el Dow Jones mostró un comportamiento más moderado.
Las acciones tecnológicas estuvieron entre las más afectadas, debido a la preocupación de que las tasas de interés permanezcan elevadas durante más tiempo. Los rendimientos de los bonos del Tesoro también subieron, reflejando las expectativas de los inversionistas sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal.
El repunte de los precios representa un desafío para la Reserva Federal, institución encargada de conducir la política monetaria estadounidense.
Si la inflación continúa por encima de los niveles esperados, el banco central podría mantener una política restrictiva o considerar nuevos incrementos en las tasas de interés. Una decisión de ese tipo encarecería los créditos para consumidores y empresas, además de presionar la inversión.
Sin embargo, un endurecimiento monetario también implica riesgos para el crecimiento económico, ya que podría reducir el consumo y frenar nuevos proyectos empresariales.
La evolución de la economía estadounidense es relevante para México debido a la estrecha relación comercial entre ambos países.
Un periodo prolongado de tasas elevadas podría fortalecer al dólar, modificar los flujos de inversión y encarecer el financiamiento internacional. El efecto sobre el peso mexicano dependerá también de las decisiones del Banco de México, las condiciones del comercio exterior y la evolución de los mercados energéticos.
Los próximos indicadores de inflación y las señales de la Reserva Federal serán determinantes para conocer si el repunte de septiembre es temporal o representa una presión más persistente sobre la economía estadounidense.
Foto: EFE/ Ángel Colmenares

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