Del fondo marino a la boca: investigadores advierten de una amenaza tóxica






 El compuesto se acumula en los organismos y aumenta su concentración a medida que sube en la cadena alimentaria hasta llegar a las personas.  Imagen ilustrativa 123RF Resumen generado por IA 


El cambio climático puede alterar la circulación del mercurio en el planeta y aumentar los riesgos para la salud humana, especialmente por la presencia de un compuesto derivado del mercurio en los alimentos, advirtieron científicos en un artículo publicado en la revista Science. 


 El metilmercurio es una forma altamente tóxica del mercurio que puede acumularse en los organismos y aumentar su concentración a medida que pasa de una especie a otra en la cadena alimentaria, hasta llegar a las personas. 

 Los autores del estudio explican que las emisiones humanas de mercurio durante miles de años elevaron su concentración en la atmósfera, los suelos y los océanos. Aunque existen políticas para reducir esas emisiones, el mercurio que ya se acumuló en el ambiente seguirá circulando entre el agua, la tierra y el aire durante años. 


 El rol del calentamiento global Según el artículo, cerca del 30 % de las emisiones actuales procede de actividades humanas, alrededor del 60 % corresponde a mercurio acumulado que vuelve a liberarse al ambiente y el 10 % restante proviene de fuentes naturales geológicas. El calentamiento global puede favorecer la liberación de parte de ese mercurio acumulado. Por ejemplo, los incendios forestales pueden liberarlo de los suelos y la vegetación hacia la atmósfera. A medida que aumenta la temperatura, ese mercurio podría quedar expuesto y volver a circular en el ambiente. El problema también afecta a los sistemas acuáticos.

Los autores señalaron que el aumento de la temperatura del agua y la expansión de las zonas con poco o ningún oxígeno podrían favorecer la metilación microbiana, un proceso en el que los microorganismos transforman el mercurio en metilmercurio. 

 Sin embargo, los riesgos dependen de varios procesos que interactúan entre sí, por lo que los investigadores señalan que serán necesarias más mediciones a largo plazo y modelos capaces de integrar los intercambios de mercurio entre el aire, la tierra y el agua. Asimismo, pidieron también prestar especial atención a regiones sensibles como el Ártico y los trópicos, donde los cambios ambientales pueden alterar la circulación del mercurio.RT

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