Abel Pérez Rojas
A propósito del aniversario quinientos en el año 2031 de la fundación de la ciudad de Puebla, con este artículo continúo con el recuento de la poesía en Puebla.
Hace unos meses les compartí dos escritos en los cuales abordé la llegada de la imprenta a Puebla y el primer poeta en lo que sería la entidad federativa, dichos acontecimientos sirven de contexto para conocer en esta ocasión a otro gran poeta e intelectual poblano del siglo XVII, me refiero a Matías de Bocanegra.
Matías de Bocanegra nació en la Puebla de los Ángeles en 1612 y murió en 1668. Fue sacerdote jesuita, predicador, dramaturgo e historiador, y un hombre que hizo de la poesía un espacio para mirar los cuestionamientos profundos del alma.
Para contextualizar el aporte poético de Bocanegra es conveniente ubicarlo en el tiempo. Previo a la caída de México-Tenochtitlan en 1521, el in xóchitl in cuícatl —“flor y canto”— y los cuicapique enlazaban memoria, naturaleza, conocimiento y ritual mediante la oralidad náhuatl. Después de la conquista, los modelos europeos y la llegada de la imprenta a la Nueva España en 1539 transformaron las maneras de conservar y difundir las ideas.
Surge posteriormente Gaspar Pérez de Villagrá, nacido en Puebla en 1555 y formado en Salamanca. Su Historia de la Nueva México, publicada en 1610, relató en octavas reales la conquista de Nuevo México. Historia, poesía y política convivieron en quien es considerado el primer poeta nacido en la Puebla de los Ángeles, aunque educado en la Universidad de Salamanca.
Dos años después de la publicación de Pérez de Villagrá nació Bocanegra. Puebla no contaba con imprenta, pero colegios y órdenes religiosas alimentaban su vida intelectual. La imprenta poblana comenzó cuando el poeta era adulto.
En 1642, Pedro de Quiñones imprimió el Sumario de las indulgencias. Cuatro años más tarde, el obispo Juan de Palafox y Mendoza donó cinco mil volúmenes al Colegio de San Juan y fundó la Biblioteca Palafoxiana, la que se convirtió en la primera biblioteca pública de América.
Bocanegra destacó a temprana edad en la poesía latina y española. Concluyó artes en 1627 e ingresó a la Compañía de Jesús al año siguiente. Hacia 1633 enseñó gramática y retórica en Querétaro. Esa formación lo marcó: conocía la tradición clásica, dominaba el arte de persuadir y entendía la literatura como vía de enseñanza.
El poema cumbre de Bocanegra es Canción a la vista de un desengaño, conocida frecuentemente solo como Canción famosa. Se desconoce su primera edición, aunque debió componerse entre 1640 y 1652. El poema comienza con una tarde de mayo resplandeciente. El sol desciende como un Faetón despeñado y las flores de un prado compiten con las estrellas.
Todo es belleza, luz y movimiento.
En medio de ese paisaje aparece un religioso atormentado. Contempla la naturaleza para calmar la lucha que se libra dentro de él. Mira el arroyo entre las piedras, la rosa que rompe su capullo, el pez que recorre las aguas y el jilguero que canta mientras vuela. Todos parecen libres. Él siente que su hábito se ha convertido en prisión.
La pregunta es fuerte: ¿por qué la naturaleza parece disfrutar de la libertad mientras el ser humano puede sentirse cautivo? El religioso no discute una idea abstracta. Padece, duda y contempla la vida que imagina fuera de sus votos. El poema es altamente cuestionador, porque muestra a alguien dividido entre el compromiso asumido y el deseo de elegir otro camino.
Sin embargo, aquello que parecía libre revela su fragilidad. El jilguero cae en una trampa; la rosa, el pez y el arroyo muestran que la libertad puede conducir al peligro y a la muerte. El religioso interpreta esas escenas como advertencias y decide permanecer: “si preso me gano, / de voluntad a la prisión me allano; / y si libre me pierdo, / no quiero libertad tan sin acuerdo”.
La respuesta corresponde a la espiritualidad jesuita, pero no cancela la pregunta. Ese es quizá el mayor logro de Bocanegra: para defender la obediencia tuvo que imaginar la libertad con tal hermosura que terminó dejándola viva en el lector. El paisaje seduce antes de aleccionar. Compartimos la fascinación del personaje y después asistimos al desengaño. La enseñanza nace de una experiencia emocional, no de una sentencia impuesta.
El poema alterna heptasílabos y endecasílabos, acumula metáforas e hipérboles y une narración, meditación y sermón. Su lenguaje posee la abundancia del barroco: las flores se vuelven estrellas, el sol parece un personaje mitológico y la naturaleza participa en el drama del religioso. La palabra no solo describe el mundo; lo transforma para mostrar cuanto ocurre dentro del alma.
Aunque Bocanegra tiene diversas obras, incluso textos que no son poemas, Canción famosa le dio posteridad. Fue imitada desde 1652 y reimpresa en 1755, 1775 y 1782. Su popularidad y relevancia radica en que la cuestión profunda del poema es vigente en todo momento, inclusive en el presente.
Por eso Matías de Bocanegra debe considerarse en todo recuento que se haga de la poesía poblana a quinientos años de la fundación de Puebla.
Para concluir, les recomiendo la lectura de dos análisis de Canción a la vista de un desengaño, los cuales son verdaderamente minuciosos, profundos y lúcidos como el de Mariana Ruíz Flores (BUAP) y el realizado por Alicia de Colombí-Monguió (Thesaurus - Centro Virtual Cervantes).
Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta
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