Estados Unidos elevó este lunes la presión económica contra Irán con el anuncio de nuevas sanciones dirigidas a reducir las fuentes de ingresos del gobierno iraní y aumentar el aislamiento financiero de Teherán.
La administración de Donald Trump presentó las medidas como parte de una estrategia de máxima presión, en un momento en que las negociaciones para poner fin al conflicto armado permanecen estancadas.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que Washington utilizará sus herramientas financieras para afectar a quienes mantengan relaciones económicas con Irán. Las medidas también generan preocupación por su posible impacto en países que comercian con Teherán, entre ellos China.
Desde Irán, la respuesta no tardó en llegar. Las autoridades amenazaron con tomar represalias y advirtieron sobre posibles acciones contra embarcaciones que transiten por el estratégico estrecho de Ormuz bajo determinadas condiciones.
La situación mantiene la tensión en una de las zonas más sensibles para el comercio energético mundial, debido a la importancia del estrecho para el transporte internacional de petróleo.
El endurecimiento de las sanciones abre ahora un nuevo escenario de confrontación entre Washington y Teherán, con el riesgo de que las medidas económicas terminen provocando nuevas respuestas militares o comerciales en la región.
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