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Morena enciende las alarmas: el desgaste del poder y la estrategia para ganar tiempo

 Por años, Morena construyó su fortaleza política sobre una narrativa de cambio, combate a la corrupción y cercanía con la ciudadanía. Sin embargo, en los últimos meses, la caída en algunas mediciones electorales a nivel nacional ha comenzado a generar preocupación dentro del partido, en el gobierno federal y entre los gobiernos estatales emanados de sus filas. 

El descenso en las preferencias ciudadanas representa una señal de alerta para la dirigencia nacional de Morena, que observa cómo el desgaste del ejercicio del poder comienza a reflejarse en la percepción de algunos sectores del electorado. 

La preocupación aumenta porque los cuestionamientos ya no provienen únicamente de los partidos de oposición, sino también de ciudadanos que comienzan a exigir mayor transparencia y resultados a quienes gobiernan bajo las siglas de la llamada Cuarta Transformación. Uno de los factores que ha impactado la imagen del partido son los señalamientos internacionales relacionados con presuntas investigaciones sobre algunos gobernadores por posibles vínculos con temas de delincuencia organizada. Aunque estas acusaciones deberán ser comprobadas mediante procesos legales, el daño político ya comenzó a generar consecuencias en la opinión pública. 



La pérdida de visas estadounidenses de algunos funcionarios y las versiones sobre investigaciones en el extranjero han provocado que sectores ciudadanos cuestionen la postura de Morena frente a estos casos. Para algunos electores, el partido se ha convertido en una fuerza que protege a sus propios gobernantes, incluso cuando existen señalamientos graves en su contra. Este escenario ha obligado a la dirigencia nacional de Morena a modificar sus tiempos políticos internos. 

El proceso para definir a sus coordinadores estatales, distritales y municipales se ha extendido, una decisión que muchos interpretan como una estrategia para ganar tiempo y evitar una exposición anticipada de sus posibles candidatos en medio de un ambiente de desgaste. Los futuros aspirantes a las gubernaturas no serían definidos sino hasta después del mes de octubre, mientras que los responsables de las coordinaciones distritales y municipales se conocerían hasta enero de 2027. Con esta decisión, Morena busca administrar sus tiempos políticos, medir mejor el escenario electoral y evitar fracturas internas antes de iniciar formalmente la disputa por las candidaturas.

 Sin embargo, esta estrategia también representa un riesgo. Quienes ya comenzaron a promover su imagen pública con anticipación podrían enfrentar un desgaste mayor, pues la ciudadanía podría percibirlos como políticos más preocupados por sus aspiraciones personales que por atender las necesidades de la población. 


La sobreexposición también puede convertirse en un factor negativo. En política, aparecer demasiado pronto en la escena electoral puede provocar que los ciudadanos evalúen con mayor tiempo a los aspirantes, cuestionen sus resultados y acumulen críticas antes de que llegue la etapa oficial de competencia. 

El reto para Morena será mantener la unidad interna y evitar que la competencia adelantada entre grupos políticos provoque divisiones. El partido deberá encontrar un equilibrio entre posicionar a sus cuadros y evitar que las disputas internas terminen afectando su imagen pública.


 La historia política de México demuestra que los partidos en el poder enfrentan un desgaste natural cuando acumulan años de gobierno. Los errores, las polémicas y la percepción ciudadana sobre la actuación de sus funcionarios pueden modificar rápidamente las preferencias electorales. Morena llegó al poder con la promesa de representar una nueva forma de hacer política, pero ahora enfrenta una etapa donde la ciudadanía exige resultados, transparencia y congruencia con los principios que dieron origen al movimiento. 


Las próximas mediciones serán clave para conocer si la estrategia de retrasar definiciones internas fortalece al partido o si, por el contrario, abre más espacio para que sus adversarios aprovechen el desgaste. Por ahora, dentro de Morena los focos amarillos están encendidos. La fortaleza electoral que alguna vez parecía incuestionable comienza a enfrentar una nueva realidad: gobernar también implica asumir costos políticos, y las urnas serán las encargadas de determinar si el respaldo ciudadano permanece o comienza a cambiar.

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