Mientras el mundo digital arde, la industria del cine respira una bocanada de aire fresco gracias a Christopher Nolan. The Odyssey ha dejado de ser solo un estreno para convertirse en un fenómeno cultural que está redefiniendo las reglas de la exhibición cinematográfica.
La apuesta técnica de rodar la totalidad de la cinta con cámaras IMAX de 70mm ha pagado con creces. No solo se trata de una proeza de ingeniería —gracias al desarrollo de carcasas especiales que permiten la captura de sonido directo con este equipo—, sino de una victoria para la experiencia en sala. La taquilla no miente: con proyecciones que apuntan a superar los 70 millones de dólares en su segundo fin de semana solo en EE. UU., el filme ha demostrado que el público sigue sediento de calidad.
La "fiebre" por The Odyssey es total, provocando colapsos en sistemas de venta y consolidándose como la prueba reina de que el cine, cuando se eleva a la categoría de experiencia física inalcanzable desde un televisor, sigue siendo el rey absoluto de la cultura popular.
Foto: Universal Pictures
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