El dueño de Grupo Entre Fuegos aseguró que su encarcelamiento fue resultado de un proceso irregular derivado de la crisis por la pandemia, y afirmó que ahora busca limpiar su nombre y reconstruir sus empresas.
Por Alejandro García > Quequi
Cancún.
Tras permanecer casi un año privado de su libertad en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México, el empresario Eduardo Ramos, propietario del prestigiado Grupo Entre Fuegos, rompió el silencio sobre el proceso legal que enfrentó por presuntas acusaciones de fraude y abuso de confianza.
En una entrevista exclusiva con la politóloga Odalis Gómez Millar, compartió la dolorosa experiencia que enfrentó a raíz de la crisis económica mundial, defendiendo su integridad y dejando en claro que su situación no fue más que el resultado de los devastadores estragos de la pandemia de Covid-19, y no de un acto delictivo voluntario.
La situación del empresario comenzó a complicarse en 2019, cuando solicitó un préstamo destinado a la expansión de su cadena de restaurantes; sin embargo, la llegada imprevista de la pandemia de Covid-19 en 2020 paralizó el sector de la hospitalidad, sepultando los planes de crecimiento y asfixiando los flujos de efectivo necesarios para cubrir los compromisos con sus acreedores.
A pesar de que el incumplimiento se derivó de una causa de fuerza mayor y de un entorno económico global adverso, el proceso civil se tornó rápidamente en una persecución penal.
Ramos denunció que su detención estuvo plagada de anomalías, incluyendo la desatención de un amparo vigente y el abuso de confianza por parte de su propio equipo de defensores legales.
«Estuve privado de mi libertad de manera totalmente ilegal durante casi un año en el Reclusorio Sur, víctima de un proceso amañado donde mis propios abogados abusaron de mi confianza y se ignoraron las suspensiones legales que debieron protegerme», comentó.
Durante el tiempo que duró su reclusión, el empresario no solo tuvo que librar la batalla en los tribunales, sino también en la opinión pública; según relata, se orquestó una agresiva campaña mediática de desprestigio en su contra con el fin de dañar su reputación y la de sus marcas comerciales, afectando profundamente el entorno de sus allegados.
A esta presión se sumó la trágica pérdida de su madre mientras él se encontraba tras las rejas, un golpe que marcó el periodo más oscuro de su vida.
«No bastó con destruir financieramente los proyectos de una vida; la campaña mediática de desprestigio buscaba deshumanizarme ante la sociedad, mientras yo enfrentaba el encierro y el dolor indescriptible de perder a mi madre sin poder despedirme de ella».
Tras recuperar finalmente su libertad y demostrar las inconsistencias de las acusaciones penales en su contra, Eduardo Ramos se enfoca ahora en la reconstrucción de su vida y de sus empresas.
Con el proceso penal en vías de superarse y dejando en claro que se trató de un problema estrictamente financiero y no de un delito, el empresario afirma que su prioridad absoluta es el bienestar y el futuro de su entorno más cercano.
«Hoy que he recuperado mi libertad, mi única misión es demostrar mi inocencia absoluta y reconstruir todo desde abajo, enfocando cada esfuerzo en consolidar un legado de resiliencia y honestidad para mis siete hijos y mi familia».
El caso de Eduardo Ramos abre nuevamente el debate sobre la delgada línea que separa los conflictos mercantiles de la criminalización de empresarios en momentos de crisis económica masiva.
Fuente: Quequi Cancún
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