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El Mundial del contraste: La fiesta del futbol y el grito de la protesta se topan frente a frente en Tlalpan


CIUDAD DE MÉXICO. — El asfalto de la Calzada de Tlalpan late hoy a dos ritmos completamente distintos, separados apenas por unos metros y por una pesada valla de granaderos. Por un lado, caminan las camisetas verdes, las banderas tricolores y los rostros pintados de miles de aficionados que avanzan con la prisa de quien no quiere perderse un momento histórico: el tercer silbatazo inicial en un Estadio Azteca que vuelve a ser el epicentro del mundo. 

Por el otro, con un paso más lento pero con una fuerza que silencia por momentos los cantos deportivos, avanzan las madres de los desaparecidos, los maestros disidentes y los transportistas que han decidido que el día más visible del año también debe ser el día de los reclamos pendientes. La decisión del gobierno capitalino de declarar este jueves 11 de junio como día inhábil buscaba un respiro. Se quería limpiar el tránsito, abrirle paso a la comitiva de la FIFA y dar una imagen de sincronía perfecta ante los ojos de la prensa internacional. 

Pero la Ciudad de México es impredecible y el espacio público no conoce de treguas fotogénicas. Para los colectivos sociales, los reflectores globales que hoy apuntan al sur de la capital no son un motivo de celebración, sino una megabocina para amplificar demandas que, aseguran, llevan meses —y en algunos casos años— atrapadas en la burocracia. El punto más sensible de la jornada comenzó a dibujarse desde las seis de la mañana a la altura de la estación Textitlán. Ahí, integrantes de la red Hasta Encontrarles CDMX y otros colectivos de buscadoras comenzaron a colocar lonas con los rostros de sus hijos, hermanos y esposos. 

Con una dignidad que estremece a los transeúntes, el bloque de mujeres no busca confrontación física; su plan es colocar una valla humana y, de ser posible, arrancar un minuto de silencio a la marea de aficionados que camina hacia el Coloso de Santa Úrsula. "Si el mundo va a mirar a México hoy, que lo mire completo", comentaba una de las manifestantes mientras acomodaba la fotografía de su hijo sobre la contención vial. Unos kilómetros más hacia el poniente, la narrativa de la protesta adquiere un tono más estridente. 

El magisterio disidente de la CNTE, que mantiene su campamento en el primer cuadro de la ciudad, trasladó un contingente masivo hacia la zona de San Jerónimo y Periférico Sur. Los maestros avanzan a pie con la exigencia firme de abrogar la Ley del ISSSTE de 2007 y consolidar sus demandas laborales, desafiando el cerco vial. A ellos se suman las unidades de la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC), cuyos líderes decidieron estrangular intermitentemente puntos críticos como la Glorieta de Vaqueritos en Xochimilco y diversos accesos carreteros, acusando que la inseguridad en las carreteras federales se ha vuelto insostenible para su gremio. 

La respuesta oficial no se hizo esperar. La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó un operativo que supera los 11,000 elementos, transformando los alrededores del coloso en un laberinto de escudos antimotines, vallas de concreto y patrullas con torretas encendidas. El personal de obras trabajó a marchas forzadas para colocar bloques de concreto sobre los carriles centrales de Tlalpan con dirección al sur, una medida que terminó por ahorcar el tránsito y complicar el traslado tanto de los vecinos de la zona como de los propios fanáticos. Las estaciones de Metro de las Líneas 1, 2 y 3 registran cierres preventivos intermitentes y el Tren Ligero opera con severas restricciones, dejando la estación "Estadio" prácticamente sitiada por las fuerzas del orden. Para quienes van al partido, la experiencia se ha convertido en una carrera de obstáculos. 

La recomendación de las autoridades es clara: dejar los autos lejos y usar el sistema Park & Ride, abordando los autobuses especiales de RTP que salen desde puntos como el Auditorio Nacional o Santa Fe para ingresar por carriles confinados. En las calles, el ambiente es una mezcla extraña de tensión y folclor; el sonido de las cornetas y los gritos de "¡México, México!" se mezclan con las consignas políticas que se lanzan desde los megáfonos de las marchas. 

Hoy, la capital del país demuestra que puede albergar la fiesta más grande del planeta y, al mismo tiempo, mantener abiertas sus venas de descontento social. El balón ya rueda en el Azteca, pero afuera, en la calle, el partido por la atención y la justicia se juega con la misma intensidad.

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