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Bajo el agua y el lodo: Las lluvias de junio cercan a las comunidades de la Otomí-Tepehua

El cielo de junio no ha dado tregua en el centro del país. Lo que comenzó como un alivio necesario para mitigar los meses de sequía e intensas olas de calor se ha transformado, en cuestión de días, en una emergencia latente que mantiene en vilo a miles de familias. La combinación de canales de baja presión y la entrada de humedad desde ambos océanos ha descargado un temporal de lluvias intensas que hoy tiene a las corporaciones de Protección Civil en alerta máxima, particularmente en las regiones serranas y la zona Otomí-Tepehua. 

El rugido del agua y el crujido de la tierra se han vuelto sonidos cotidianos y amenazantes en los municipios de la sierra. En las últimas horas, las precipitaciones acumuladas han saturado los suelos, provocando que los cerros comiencen a ceder. El tramo más afectado se localiza en la carretera México-Tampico, una vía vital para la conectividad del norte y centro del estado, donde los derrumbes de piedra y lodo han bloqueado de manera parcial y total diversos segmentos, obligando a los automovilistas a detenerse o a sortear los escombros con extrema precaución bajo una densa capa de neblina. La estampa de la emergencia se vive a ras de suelo. 

En comunidades de la Otomí-Tepehua, los caminos vecinales —muchos de ellos de terracería— se han convertido en auténticos ríos de fango, aislando de forma temporal a pequeños poblados. Las ráfagas de viento que acompañan a las tormentas también hicieron de las suyas, derribando árboles y postes de luz que han dejado sin suministro eléctrico a decenas de hogares. En las zonas urbanas, las vialidades principales sufrieron inundaciones pluviales menores debido al colapso de los sistemas de drenaje, arrastrando basura y material de construcción que complicó el tránsito desde las primeras horas de la mañana. 

Ante la persistencia del mal clima, la Dirección General de Protección Civil estatal emitió una alerta climática estricta, instando a la población que habita en zonas de riesgo, laderas o márgenes de ríos a mantenerse informada y, de ser necesario, evacuar hacia los refugios temporales habilitados. Las autoridades han enfatizado que el peligro mayor no ha pasado: aunque la lluvia cese por momentos, el agua estancada en las partes altas de los cerros sigue filtrándose, lo que eleva exponencialmente el riesgo de deslaves y desgajamientos de cerros en las próximas 48 horas. Por su parte, cuadrillas de la Secretaría de Infraestructura y elementos del Ejército Mexicano, a través del plan DN-III-E, ya se encuentran desplegados en las zonas críticas con maquinaria pesada para remover las toneladas de tierra y árboles que obstruyen los caminos. 

Sin embargo, las labores avanzan con lentitud debido a que la lluvia no ha dejado de caer con intermitencia. Para los habitantes de estas regiones, la temporada de lluvias apenas comienza y la vulnerabilidad de la infraestructura vuelve a quedar al descubierto. Mientras los cuerpos de rescate continúan monitoreando los niveles de los ríos y presas, los vecinos miran al cielo con la esperanza de que las nubes den un respiro, conscientes de que en la montaña, la naturaleza siempre tiene la última palabra.

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