FUENTE DE PODER. Por Merlín.
No lo divulgue, pero todo apunta a que Omar García Harfuch podría convertirse en el nuevo titular de la Secretaría de Gobernación, en sustitución de Rosa Icela Rodríguez.
La decisión, de concretarse, llevaría el sello directo de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien enfrenta un momento clave en materia de gobernabilidad.
En ese contexto, la necesidad de un perfil con carácter firme y capacidad operativa parece imponerse sobre otras consideraciones políticas tradicionales.
Pero hay otro factor que comienza a pesar en la balanza: las presiones políticas que aún se ejercen desde Rancho La Chingada, para mantener en posiciones clave a varios de los secretarios que en su momento fueron impulsados por Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, en el nuevo tablero político todo indica que su tiempo se ha agotado. Versiones internas apuntan a que algunos de esos perfiles serán reubicados en espacios de menor influencia, donde su margen de operación política sea limitado.
Otros, en cambio, podrían ser enviados a competir como candidatos a diputaciones federales, en un movimiento que reconfigura el equilibrio dentro del grupo gobernante. La mano dura de la presidenta Sheinbaum comienza a sentirse.
El mensaje es claro: el control del gabinete y de la política interior pasa ahora por su propia estrategia, sin tutelas ni inercias del pasado. En ese escenario, la urgencia por contar con un operador político eficaz en Bucareli se vuelve evidente.
Y es ahí donde el nombre de García Harfuch cobra mayor sentido. Su cercanía con la mandataria, su experiencia al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y su perfil de disciplina operativa lo colocan como una pieza clave para esta nueva etapa. Abogado de formación, pero con una carrera marcada por su desempeño en el ámbito policial, García Harfuch se encuentra en una coyuntura que podría redefinir su trayectoria.
Llegar a Gobernación implicaría no sólo un cambio de responsabilidades, sino un salto estratégico hacia el terreno político de alto nivel, donde se construyen candidaturas y se tejen acuerdos.
Desde Bucareli —epicentro de la política interior— tendría la posibilidad de consolidar una nueva faceta: la de operador político nacional que lo llevaría en el 2030 a la candidatura presidencial.
Y no son pocos los que ven en este movimiento una antesala rumbo a 2030, donde su nombre podría comenzar a figurar en la baraja presidencial
. Por ahora, todo se mantiene en el terreno de las versiones. Pero en política, cuando los rumores suenan con tanta insistencia, rara vez son casualidad. El tablero se mueve… y rápido.
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