SABERSINFIN Abel Pérez Rojas
El próximo 25 de marzo se cumplirá un siglo del nacimiento de Jaime Sabines (1926-1999), una de las voces más influyentes y entrañables de la poesía mexicana. Su obra ocupa un lugar central en la tradición literaria de finales del siglo XX, y que, continúa dialogando con las inquietudes culturales, éticas y sociales del presente. Hoy hablar de Sabines es una muestra palpable de la vigencia de mirar el mundo cotidiano desde la poesía.
Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Sabines logró algo extraordinario: hacer de la poesía un territorio accesible para todos sin sacrificar profundidad. Su lenguaje directo, cercano a la conversación del día con día, renovó la tradición poética mexicana al fortalecer la vertiente coloquial y emocional del verso, contribuyendo a que la poesía saliera de los espacios exclusivamente académicos y se instalara en la vida diaria de los lectores.
Por eso sus poemas siguen citándose en conversaciones, despedidas, cartas o reflexiones íntimas. Sabines demostró que la poesía no es necesariamente un ejercicio hermético, sino una forma de nombrar lo esencial de la experiencia humana: el amor, la muerte, la soledad, la familia, el tiempo. En ese sentido, su obra es una especie de brújula emocional para varias generaciones.
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
En lo personal, la poesía de Sabines ha sido un faro desde mis primeros pasos en la escritura. Hay autores que uno lee en determinados momentos de la vida;
Sabines, en cambio, es de esos poetas a los que se vuelve una y otra vez. Su obra se asemeja a un manantial: uno sabe que siempre encontrará allí una forma de inspiración, una palabra capaz de fungir como fulcro.
La importancia de Sabines no se limita a su dimensión literaria. Si observamos su legado a la luz de los desafíos contemporáneos, descubrimos que su obra también tiene implicaciones culturales y sociales profundas. En tiempos de saturación informativa, de discursos fragmentados y de narrativas que buscan imponer interpretaciones de la realidad, la poesía adquiere una función crucial: disputar el sentido de lo que somos como sociedad.
Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio.
A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.
Esta idea conecta directamente con lo que el movimiento del saber infinitista ha venido desarrollando en las dos más recientes décadas.
Desde Sabersinfin se ha insistido en que la poesía no es únicamente una forma estética, sino también una forma de conciencia colectiva. En palabras que he sostenido en diferentes espacios, “a través de la poesía se manifiesta nuestra fuerza”, porque la palabra poética tiene la capacidad de articular sensibilidad, pensamiento y visión de futuro.
En ese marco, la poesía trasciende al ejercicio literario y se convierte en una herramienta de construcción cultural. La palabra poética participa en la formación del imaginario social: modela la forma en que interpretamos la vida, el amor, la muerte, la justicia o la esperanza.
Este punto resulta especialmente relevante cuando se contrasta con fenómenos contemporáneos en los que la narrativa colectiva es capturada por discursos violentos o degradantes.
En un artículo reciente reflexioné sobre este tema a propósito de los acontecimientos relacionados con el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”. En aquel texto señalaba que la violencia además de impactar en lo material también afecta el tejido simbólico de la sociedad, alterando la vida cotidiana y el ánimo colectivo.
En ese contexto, la poesía cumple una función ética: nombrar el dolor, cuestionar la normalización del miedo y ofrecer horizontes de sentido.
La palabra poética no sustituye a las instituciones ni a las políticas públicas, pero sí contribuye a formar conciencia y a evitar que la violencia capture la narrativa social.
Después de leer tantas páginas que el tiempo escribe con mi mano,
quedo triste, Tarumba, de no haber dicho más,
quedo triste de ser tan pequeño
y quedo triste y colérico de no estar solo.
Desde esa perspectiva, la obra de Sabines adquiere una nueva dimensión. Sus versos, profundamente humanos, recuerdan que la experiencia cotidiana —la familia, la amistad, el amor, la fragilidad del tiempo— es el verdadero centro de la vida.
Frente a discursos que glorifican la violencia o que banalizan la existencia humana, la poesía de Sabines reivindica la dignidad de lo simple.
Por ello es tan importante traer sus versos a nuestras conversaciones actuales. Cuando citamos a Sabines recuperamos una forma de sensibilidad que coloca a la persona en el centro de la experiencia
.
A cien años de su nacimiento, múltiples homenajes buscan mantener viva su memoria: desde la publicación de poemas inéditos hasta actividades culturales en diversos espacios del país. Estas iniciativas son valiosas porque permiten que nuevas generaciones se acerquen a una obra que sigue iluminando la cultura mexicana.
En ese mismo espíritu, desde el movimiento científico y cultural Sabersinfin realizaremos un homenaje con motivo del Día Mundial de la Poesía en el H. Congreso del Estado de Puebla. Más que un acto simplemente conmemorativo, se trata de una invitación a reflexionar sobre el papel de la poesía en nuestra vida pública.
Porque, en última instancia, la pregunta sigue siendo la misma: ¿para qué sirve la poesía en tiempos convulsos?
La respuesta, quizá, está en la propia obra de Sabines. Sus versos nos enseñan que la poesía no es un lujo intelectual ni un adorno cultural. Es una forma de conocimiento, una manera de comprender la condición humana y, sobre todo, una vía para recuperar el sentido de comunidad.
En tiempos donde distintas narrativas buscan definir quiénes somos como sociedad, la poesía puede recordarnos lo esencial: que antes que consumidores de información o espectadores de la violencia, seguimos siendo seres humanos que aman, sufren, esperan y buscan comprender el misterio de estar vivos.
Y en esa tarea, Jaime Sabines sigue siendo un compañero indispensable y oportuno.
Para concluir, les comparto mi Poema a Jaime Sabines (26/XII/2019)
Como paria al hogar,
como convicto arrepentido,
como búmeran a su origen,
como polluelo al nido,
así me siento cuando vuelvo a Sabines,
a Sabines y sus atemporales Amorosos,
a Sabines y y su inquebrantable cojita embarazada,
a Jaime y su Tía Chofi,
a Sabines Jaime, a Jaime Sabines.
Sabines me arropa tiernamente,
perdona mis arrebatos,
entiende mis deseos de volar por otras latitudes,
lo comprende todo, lo perdona todo.
Su sencillez me seduce,
sus palabras del corazón me curan,
su resignación me nutre.
Regreso a Sabines y encuentro a Jaime,
al amigo, al compañero, al hermano.
Regreso a Jaime y encuentro a Sabines,
al provocador,
al manantial,
al sempiterno.
Gracias querido Jaime,
gracias amado Sabines.
Publicar un comentario