José Roberto Fuentes López
El tema central en las agendas de los gobiernos debe centrarse en cómo lograr
que, a través de la educación, se alcance el desarrollo económico, acompañado
de equidad social.
Por tanto, desarrollo y educación, representan el eje alrededor
del cual se van articulado las políticas públicas educativas y sociales.
Por este motivo, mejorar procesos educativos, ha sido y previsiblemente será aún
más en el futuro un ámbito privilegiado y un instrumento de acción decisivo en la
lucha por el desarrollo; las estrategias internacionales de Naciones Unidas para el
desarrollo manifiestan la voluntad de proporcionar a los pueblos, el acceso general
a servicios mínimos en las áreas de salud, nutrición, vivienda, educación y
seguridad social, con el fin de contribuir al fortalecimiento en cada región.
El desarrollo económico, social, tecnológico y cultural exigen un impulso decidido
a la educación y a la cultura, como vías para hacer frente a los retos que enfrentan
las naciones en el contexto actual, en especial para el fortalecimiento de la propia
identidad y la inserción internacional competitiva.
Consecuentemente, debe señalarse la necesidad de apostar por un desarrollo
tecnológico no mercantilista, orientado tanto a la satisfacción de las necesidades
sociales más apremiantes, como a mejorar la capacidad internacional y regional.
La importancia entre desarrollo y educación se verá reflejará el desarrollo humano
(entendido como un proceso de aprendizaje y de aplicación de lo aprendido para
mejorar la calidad de vida) como el eje de todo proceso de crecimiento, mediante
el cual pone de manifiesto la necesaria vinculación entre desarrollo y educación.
Al acuñar el término “capital humano” como la capacidad productiva del individuo
incrementada por factores como la educación, la teoría económica ha buscado
evidencia empírica sobre la relación entre educación y crecimiento económico.
“Los resultados logrados por las investigaciones son ambiguos. Los que niegan
cualquier tipo de relación se apoyan en ejemplos como el sueco o la
José Roberto Fuentes López
paradigmática primera revolución industrial británica para aducir que el desarrollo
se produjo sin necesitar de la educación formal. En el extremo opuesto se sitúan
los que enfatizan el caso alemán en el siglo XIX o el modelo japonés,
caracterizados ambos por el impulso decidido a la educación como elemento clave
para el desarrollo económico”.
Por tanto, la relación entre educación y desarrollo es compleja, se ve afectada por
factores, tanto endógenos como exógenos. Su importancia no se ha podido
verificar ni medir con exactitud, pero, como lo he mencionado, existe un notable
grado de acuerdo en resaltar, que la educación es condición indispensable,
aunque no suficiente, para el desarrollo económico, social y cultural.
Cuando existe una estructura social que permite la movilidad ascendente y un
contexto económico favorable, la educación produce un capital humano más rico,
variado y reduce desigualdades sociales endémicas en los países no
desarrollados.
Para que la educación pueda cumplir ese papel clave, es necesario
vincularla a políticas que impulsen el desarrollo.
Indudablemente la educación debe ser la llave para el desarrollo. Al margen de las
conclusiones elaboradas por la teoría económica sobre la vinculación entre
educación y desarrollo, es indudable que, si se parte de una consideración global
y sistémica del desarrollo, la educación se convierte en el eje detonador de
cualquier política para el desarrollo de la sociedad.
Sus comentarios jrobertofl2021@outlook.com
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