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Trabaja BUAP en la conservación de encinos de México y América Central





Domingo, 15 de febrero de 2026 |


Ciencia La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla impulsa estrategias científicas y colaborativas para la conservación del género Quercus —conocido como encino o roble— en México y América Central, uno de los grupos de árboles más diversos del planeta. A nivel mundial se estiman alrededor de 600 especies de Quercus. México ocupa el primer lugar en riqueza, con 179 especies registradas, de las cuales 117 son endémicas.

 En este contexto, Puebla se ubica en el tercer sitio nacional con 49 especies, solo por debajo de Oaxaca (55) y Jalisco (50).



 El Jardín Botánico Universitario de la BUAP resguarda actualmente 65 especies de encinos —varias de ellas amenazadas o en peligro de extinción—, lo que lo convierte en la colección más importante del país y de América Latina. Desde este espacio, la BUAP desarrolla acciones de investigación, manejo sostenible y propagación para evitar la desaparición de estas especies forestales. 

 Allen J. Coombes, curador de colecciones científicas del jardín y miembro del Consorcio Global para la Conservación de Quercus en Norteamérica, explicó que la conservación efectiva de encinos requiere crear “metacolecciones”: redes de jardines botánicos que compartan y cultiven las mismas especies en distintos sitios. “Como el Jardín Botánico no es tan grande, no es posible tener el número adecuado de plantas necesarias para su preservación.


 Por eso establecemos colaboraciones para cultivar la misma especie en diferentes jardines de México y América Central”, detalló. Como resultado de este trabajo colaborativo, en 2020 se publicó el libro Manual para la propagación de Quercus: Una guía fácil y rápida para cultivar encinos en México y América Central, coordinado por Maricela Rodríguez Acosta y Allen J. Coombes.

 El material está orientado a comunidades rurales y técnicos forestales para facilitar la reproducción de estas especies. Conservación digital de la biodiversidad Además de la preservación física, el Jardín Botánico Universitario desarrolla desde hace cinco años un programa de digitalización de su colección viva. Voluntarios escanean hojas, flores y cortezas de cada ejemplar, generando un banco de datos que documenta la biodiversidad y permite analizar cambios morfológicos, enfermedades, plagas y respuestas al clima a lo largo del tiempo. 

 La información se integra en el portal de la Red de Herbarios Mexicanos, plataforma que reúne imágenes, datos taxonómicos, registros de campo e inventarios de especies, accesibles para investigadores sin necesidad de manipular físicamente los ejemplares. “Para nosotros como investigadores esta información es de utilidad, porque no necesitamos acudir directamente a los herbarios y consultar el ejemplar en cuestión, acción que dañaría a los mismos”, concluyó Coombes.





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