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A Dany Dharma (Daniel León Islas)
Por Al Minuto • febrero 07, 2026 • Columnas • Comentarios : 0
SABERSINFIN
Abel Pérez Rojas Conocí a Dany Dharma (25 de septiembre de 1963 – 1 de febrero de 2026) —Daniel León Islas— el 14 de febrero de 2017, gracias a la red de invitados que tejió la querida escritora Leticia Díaz Gama, coordinadora del Círculo de Escritores Sabersinfin, quien, a su vez, atendió la recomendación del estudioso Roger Castellanos. Dany estuvo en algunas ocasiones como invitado en el programa
Otras voces, conducido por Lety, hablando sobre desarrollo humano a través de la meditación, disciplina que había logrado articular con otra de sus vertientes de crecimiento personal: el coaching humanista. Fueron esporádicas las veces que nos saludamos, hasta que un día lo invité a realizarle una entrevista y, poco a poco, sus participaciones en mis transmisiones por Internet se volvieron cada vez más frecuentes.
Paulatinamente, Dany y yo establecimos una amistad que fue confluyendo en intercambios dialógicos en torno al comportamiento humano, el silencio, la paz y la poesía. Dany participó como panelista en muchas de mis transmisiones; estuvo con mayor frecuencia frente a nuestras cámaras cuando emprendí en Sabersinfin una emisión semanal cada lunes, en la cual participaban Olinto Montiel, Lisette Angulo, Guen Kelzan Yang Cheng y él. Los meses transcurrieron, llegó la pandemia, Dany estuvo al borde de la muerte y yo inicié la consolidación de Sabersinfin como un movimiento poético internacional. Dany siempre estuvo ahí. Realizó entrevistas durante el III Encuentro Internacional de Poesía Sabersinfin, prestó oídos a mi insistencia para que escribiera poemas y, como resultado de ello, publicó su primer y único libro, titulado Ipoemario.
En Dany encontré a un hermano. En los años más recientes pasábamos horas y horas conversando sobre distintos tópicos, siempre con el afán de saber más. La competencia estaba ausente de nuestros intercambios; nos reconocíamos y respetábamos en nuestras fortalezas y debilidades. Dany se ganó el cariño y el respeto del medio literario poblano y del entramado latinoamericano tejido por Sabersinfin. El domingo de la semana pasada, por la tarde, recibí un mensaje de la hija de Dany, en el cual me informó que su papá había fallecido mientras se encontraba hospitalizado. Me quedé sin palabras. Llamé de inmediato a Jessica para corroborar la información, la cual fue confirmada. Concluí la llamada y el llanto brotó sin mayor contención. Durante tres días no pude hablar del asunto, porque el llanto me ahogaba irremediablemente.
Dany había muerto y la última conversación que sostuvimos por mensajería de texto quedó grabada en mi mente. Mi querido Dharma, días antes —mientras me encontraba realizando una gira literaria por Argentina—, me había escrito: —Brother, ¿ya regresaste de tu viaje? —No, aún no. ¿Por? —Porque te extraño. —Yo también. Llegando te busco.
Fue el último diálogo que sostuvimos. Sé que Dany se fue como le hubiera gustado irse: rápido, lúcido y feliz. Dany me heredó su paradigma para abordar ciertas cuestiones desde el amor propio y el valor del silencio.
Estoy convencido de que la mejor forma de honrar la memoria de Dany Dharma es honrar la vida, entendiendo por ello no la simple existencia superficial ni la actitud de dejar que el tiempo pase, sino vivir con propósito, dignidad y gratitud. Honrar la vida —de acuerdo con lo que platiqué con nuestro querido Dany— es la actitud consciente de dar valor a nuestra propia existencia y a la de los demás. Ya repuesto del primer impacto por la partida física de Dany, tuve el arrojo de escribir este poema a su memoria, el cual comparto a continuación.
A Dany Dharma Dany, partiste antes que yo, como parte el humo cuando muta en fuego. Te fuiste sin avisar porque vives en el todo: tu paso sabía que la cercanía resquebraja al tiempo. Rompiste tu promesa de avisar antes como el agua que no se despide del cauce. No tenías por qué hacerlo: la libertad fue siempre tu forma de estar, éter atento a la respiración del mundo. Te marchaste para quedarte con la voz del silencio, esa que aprendimos a escuchar juntos cuando la palabra se rendía y el corazón encontraba su exacta temperatura.
Los cientos de intentos de hacer poesía fueron sin palabras: verdaderas prácticas del alma. Cada verso, una quietud; cada pausa, un gesto de claridad frente al misterio que nos piensa. En la meditación hallaste refugio: casa, cuna, el todo. Desde ahí no te has ido. Solo cambiaste de forma, y ahora entiendo, que ser hermanos es coincidir en planos distintos.
Honrar tu ausencia es aprender a habitar la vida con hondura, no dejarla pasar, no usarla como pretexto, sino mirarla de frente con gratitud despierta. Sigues aquí cuando el silencio enseña, cuando el tiempo se aquieta y la conciencia recuerda que vivir, como tú sabías, es un acto sagrado. Hasta siempre, mi querido Dany Dharma. Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoetaPrincipio del formulario ...
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