En un país en el que pareciera que la violencia se ha normalizado, es bueno reflexionar
sobre uno de los muchos temas que deben encender las alertas en un país en que la
población de adultos mayores crece más que la de jóvenes.
La pirámide poblacional se ha venido revirtiendo de manera que en la última década la
población de personas menores de 15 años ha disminuido y la de más de 60 años ha
incrementado pasando a 14.7% en 2023 según datos de la Encuesta Nacional de la
Dinámica Demográfica (ENADID)
La violencia familiar es como bien se ha documentado una de las violencias más
extendidas en México, recordemos que por muchas décadas fue un asunto privado, hoy
por fortuna es reconocida como una grave violación a los derechos de mujeres, de las
niñas, niños, adolescentes y de muchos hombres que también son víctimas.
Todavía poco visibilizada y muchas veces oculta es la violencia que se ejerce en las familias
en contra de las personas adultas mayores y ocurre con mucha más frecuencia de lo que
podemos imaginar
.
Del total de población de personas adultas mayores la Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha señalado, por cada 10 personas, entre cinco y siete han sufrido violencia.
Mayoritariamente reciben violencia psicológica (desprecios, amenazas) pero también
abuso económico al apropiarse de sus bienes económicos y de sus propiedades,
negligencia, violencia física, manipulación emocional, abandono, abuso sexual, entre
otros.
Estos hechos de violencia que viven son cometidos por familiares directos, hijos, hijas;
pero también por sus parejas, nietos, sobrinos o hermanos, más aún cuando dependen
física y emocionalmente de ellos lo que los convierte en sus agresores.
Incluso muchas de las veces se ha documentado que las personas adultas mayores
arrastran una historia de violencia desde sus infancias, después la vivieron con sus parejas
llegando a la vejez con relaciones familiares muy conflictuadas por razones diversas que
no fueron atendidas de manera oportuna.
De ahí que vale la pena visibilizar que este tipo de violencia contra personas adultas
mayores existe, que produce daños y que debe reconocerse para prevenirse y enfrentarse
desde políticas públicas diseñadas por los gobiernos de cualquier nivel.
Tal vez partiendo de que como el número de personas mayores aumenta, de ninguna
manera debe minimizarse las señales de algún maltrato, por lo que urge diseñar una
campaña integral para que las personas adultas mayores en principio identifiquen si son
víctimas de alguna o algunas violencias mencionadas.
Que tengan información sobre a qué instituciones deben acudir o llamar. Tener
conocimiento sobre los cuidados físicos, emocionales y sociales que requieren.
Y todas y
todos nosotros si somos testigos o somos víctimas de estas violencias, denunciemos.
Tal vez también importante también que sepan que en el estado de Puebla hay una Ley de
Protección a las Personas Adultas Mayores que protege sus derechos y determina los tipos
de violencias contra este sector de la población.
Que en el 2022 en Puebla se elevó el
castigo producto de agresiones físicas o psicológicas a adultos mayores con cuatro años y
medio de prisión y que el Código Civil de Puebla también prevé casos para protegerles de
intentos de abusos en su patrimonio y en sus bienes.
Se podría empezar por difundirlo masivamente de manera focalizada en los 10 municipios
poblanos que concentran el mayor número de personas adultas mayores en nuestra
entidad.
En un país en el que pareciera que la violencia se ha normalizado y en el que la población
envejece, obligado es seguir sacando a la luz todas las violencias que se ejercen para que
sean atendidas ya que sus impactos son intergeneracionales.
rgolmedo51@gmail.com
@rgolmedo
Palabra de Mujer Atlixco
rociogarciaolmedo.com
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