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13 de septiembre de 2022

Cuetzalan, libro abierto para el deleite en mil formas

 

 Cuántas veces uno regrese habrá de encontrar cosas nuevas. Ahí y en sus alrededores. Es una ventana a la selva, a las montañas, a las cascadas, al café, a los callejones, a la cultura milenaria de su gente. Esta vez el motivo fue una carrera de campo traviesa en San Miguel Tzinacapan, un pueblo cuyo significado es “lugar de murciélagos”. 


 Esta es una de las ocho juntas auxiliares de Cuetzalan, con menos de 3 mil habitantes, a 10 minutos del centro de la cabecera municipal. Por vez primera, este pueblo se abrió al deporte de montaña, casi a nivel extremo. 




Tres rutas distintas rodeadas de vegetación exuberante, veredas, riachuelos, pozas y cascadas. En tramos parece que la selva se come a los caminos y a los corredores, los tonos de verde son infinitos.Recomiendan respetar la fauna: infinidad de aves, mariposas, ardillas, tigrillos, tlacuaches, mapaches, serpientes y afirman que hasta changos. La organización no fue todo lo deseable; pagan el noviciado en esta clase de eventos y ofrecen recoger lecciones, pero llegaron cientos de corredores de muchas ciudades y estados y quedaron encantados con el paisaje.


 De inmediato ubican esta paradisíaca zona entre las primeras del país como escenarios de ese tipo de competencias. Retorno a las calles de Cuetzalan. 



Su tianguis dominical es un deleite de colores, sabores, olores, vestuario, artesanías, la diversidad de productos que aglutina a propios y visitantes es enorme. Esto es un botón importantísimo que mueve la economía regional. Vecinos provenientes de toda la región traen sus productos y los ofrecen a precios baratísimos.

 Las frutas, yerbas, hortalizas, y comidas, saturan el ambiente creando una atmósfera inolvidable de olores. El atuendo de vendedores y vecinos de cercanos y lejanos pueblos le da un toque de distinción y señorío a esta asamblea concertada de convivencia y negocios. Cuetzalan vive pleno su ayer y su hoy. Una mezcla armónica de la sociedad de un país concentrada en este pueblo mágico.



 Su vida comercial es intensa, complace todos los gustos, deseos y caprichos. En comidas, bebidas, paisaje, arte, artesanías, manualidades, es un paisaje multicolor que tiene imán, que seduce. Hacemos un alto en una tlapalería antigua, “El Puerto de Nápoles” de don Oscar, a unos pasos de la iglesia del pueblo. Ahí se encuentra desde un alfiler hasta un petate de muerto. Y a lo mejor hasta al muerto mismo… Un foco de atracción singular porque combina cientos de productos de toda índole. Su dueño, Oscar, es un exitoso comerciante, pero mejor aún, un actor nato.





De ascendencia italiana, habla además de español y un poco de inglés, náhuatl a la perfección. Así conversa, comercia y echa relajo con lugareños y turistas. Pero su pasión escondida es la actuación artística. Es cómico aficionado, imitador de artistas y vecinos, un derroche de humorismo y sabrosa charla. Se ha preparado para la noche del 15. Arriba, en el propio restaurante de la familia, 



“La Época de Oro”, hará la parodia de políticos, artistas y cómicos, con vestuario diseñado especialmente para ese número y diálogos de contenido jocoso y satírico muy actual. El restorán mismo es un poderoso atractivo, porque es un museo de antigüedades extraordinario, pero además casi todo lo que ahí se exhibe está a la venta. Recorrer callejuelas, ver puestos, platicar con la gente es una vivencia muy gratificante. Hasta llegar a “El Calate”, un bar familiar en pleno centro. Un espacio para el recreo humano con sabor a sierra y aires costeños. 



Data de aproximadamente 1870 y ofrece una vasta muestra de bebidas espirituosas locales e importadas a precios razonables. Siempre está concurrido. En este lugar, los licores típicos son poderosa razón para filosofar sobre la vida y sus encantos, muerte de la longeva reina Isabel incluida. Pero la auténtica reina de las bebidas, esta sí de longeva vida no como ciertas sobernas que ni al siglo llegan, y además de efectos medicinales y de otra índole es el “Yolixpa”, un licor de 14 o 16 yerbas que estimula el espíritu y tranquiliza el alma.



 Eso nos cuenta Chayo, la simpática hija de la dueña, que al tiempo que conversa no se distrae del ritual de preparación de este singularísimo néctar que un día habrá de rivalizar con el mezcal de moda que conquista el mundo. En este lugar, los “toritos”, otro singular y delicioso brebaje que también tiene acta de nacimiento veracruzana: de cacahuate, café, menta y veinte sabores más, convierten la estancia en algo realmente inolvidable. Y lo mejor: una invitación abierta para volver mil veces más. La cocina de Cuetzalan y la región es muy extensa y deliciosa.




 A esta se ha agregado en tiempo relativamente reciente, el toque estilo italiano de las pizzas de May. Armando, con su restaurante “Majos Pizzas”, es parte del itinerario obligado al visitar Cuetzalan. De manera que este bellísimo rincón de Puebla, tierra por cierto del inolvidable cantor de ranchero y bolero, Paco Michel de gratísima memoria, tiene bien ganada su fama, y el trabajo, talento y creatividad de sus habitantes, la refrendan cada día. ¡¡Fuerte abrazo a todos los cuetzaltecos…!! xgt49@yahoo.com.mx
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