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23 de marzo de 2022

Orgullosa de sus estudiantes, la historiadora Lidia Gómez recuerda que en el esfuerzo también hay recompensa


En los éxitos de sus alumnos ve su propio reflejo: trabajo y dedicación

La universidad es un agente de cambio social, pero también un camino hacia la transformación personal, la voluntad de ser diferente, de creer en uno mismo y de romper esquemas; esto es parte de lo que imprime el pensamiento crítico que aprenden mujeres y hombres en las instituciones educativas. La doctora Lidia Ernestina Gómez García, investigadora del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), lo sabe bien desde su experiencia personal y desde la mirada de sus estudiantes, de quienes se siente profundamente orgullosa.


Junto con uno de sus estudiantes, este año Lidia Gómez ganó el Premio Nacional al Mejor Artículo en Historia Social, en el certamen de los mejores artículos y reseñas de Historia publicados en 2019, otorgado por el Comité Mexicano de Ciencias Históricas (COLMEX), con el texto “El discurso de la desunión; la disputa jurisdiccional por las limosnas de la Virgen de Guadalupe en Nueva España”.


Originaria de la Ciudad de México, Lidia Gómez se mudó desde muy pequeña a Puebla, acompañada de su familia, proveniente del norte del país. En su casa, recuerda, era casi un hábito las lecturas de periódicos y libros, así como las discusiones sobre estos temas a la hora de sentarse a la mesa. Fue esa formación lo que definió su orientación hacia la educación y la docencia, pero para llegar a esto, tendría que enfrentar algunas batallas, producto de los roles o estereotipos sociales.


Para describir cómo fue el camino que la condujo hasta donde está, la académica nivel I del Sistema Nacional de Investigadores, rememora su paso por las escuelas públicas y después por un instituto privado, donde pudo estudiar gracias a una beca, un estímulo que le permitió continuar una formación profesional. “Las becas construyen esperanzas, alientan motivaciones y, sobre todo, posibilitan a los estudiantes sentir que en el esfuerzo también hay recompensa”, expresa.


La doctora Lidia Gómez inició sus estudios en la Universidad del Valle de México en la Ciudad de México, en el área de Administración de Empresas Turísticas, donde sólo cursó un semestre y medio, porque, tal y como sucedía con muchas mujeres de su generación, parte de la realización y aceptación social dependía del matrimonio.


“En mi época y en mi entorno se concebía como una parte de los logros de una mujer casarse; yo no fui la excepción a pesar de la forma en cómo crecí. Por supuesto, fue un matrimonio fallido, donde el abuso y la violencia estuvieron presente”, comenta la investigadora quien entre otros cargos se ha desempeñado como coordinadora Estatal del Consejo de la Crónica de Puebla.



A pesar de las condiciones que enfrentaba, el estudio seguía siendo una opción, así que ingresó a una de las primeras licenciaturas que se ofrecieron a distancia en la UNAM; sin embargo, con las condiciones anímicas y el propio contexto que vivía, nuevamente las cosas se le complicaron y la deserción fue inevitable.


“Tampoco tuve mucho éxito porque fue muy complicada esa época en mi vida, porque vivir en el abuso limita, restringe y obstaculiza el desarrollo no sólo emocional de una persona. Además, también existen las expectativas que la propia sociedad tiene sobre ti; pero finalmente, pese a todos los pronósticos y a todo lo que se esperaba de mí, decidí divorciarme. Posteriormente encontré un trabajo en el INAOE (Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica) y en ese medio empezó mi sanación emocional”.


En el proceso que enfrentó la doctora Lidia Gómez, la educación siempre fue una opción, por eso se aferró a esta y afortunadamente, con el apoyo de una nueva pareja, la doctora Gómez viajó a Bélgica, donde su ahora esposo cursaba un doctorado. Ahí ingresó a la Licenciatura en Estudios Religiosos, en la Facultad de Teología, de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica.


Después de concluir su carrera realizó estancias de investigación en otros países como Estados Unidos y Canadá, donde obtuvo un convenio de colaboración con la BUAP para concluir su maestría y después hizo su doctorado en Alemania. En el 2007 ingresó a la BUAP, donde es parte del Padrón de Investigadores de la institución.


Con muchas metas alcanzadas y con la devoción que tiene por su familia y por sus estudiantes, se dice agradecida por encontrar finalmente a un compañero que la alentara y apoyara en sus aspiraciones profesionales. El respaldo para ella no sólo corresponde a los quehaceres del hogar, también al cuidado y crianza de los hijos, se trata de un pacto mutuo, una responsabilidad compartida entre todos los integrantes de la familia.


“En mi caso puedo decir que no podemos obtener ciertos logros o méritos sin pensar que atrás hay una familia, hijos, esposo, quienes apoyan y a la vez son el motor que te impulsa, porque no hay logros sin familia”.


Su carrera como docente


Cuando la doctora Lidia Gómez habla de sus estudiantes se llena de orgullo; son ellos quienes con su esfuerzo le dan grandes satisfacciones. Para ella resulta un gran placer observar cómo alumnos recién egresados de preparatoria, que aún están indecisos sobre su vida, poco a poco se convierten en exitosos profesionistas, dedicados a la investigación y a la docencia.


“Algunos han tenido enormes logros. De mi parte me siento muy retribuida emocionalmente de ver a mis estudiantes con tantos éxitos. Tenemos el caso de Javier Guillén Villafuerte, quien obtuvo dos premios: uno a mejor tesis y otro a mejor artículo nacional en el área de historia económica. Con otro estudiante trabajamos el tema de las limosnas de la Virgen de Guadalupe y también fue premiado este año, pero también he tenido alumnas que han ganado premios por mejor tesis dentro de la Facultad de Filosofía y Letras o en certámenes estatales, todos son un orgullo”.


Entre otras cualidades, la doctora Lidia Gómez -autora de diversos artículos históricos- se ha distinguido por acompañar a sus estudiantes en sus clases, trabajos, tesis y en otras aspiraciones. Su mentoría y consejos los han impulsado a seguir el camino de la investigación, a través de posgrados en instituciones del país y del extranjero, como Estados Unidos, Italia y Bélgica.


“Son jóvenes que vienen de otros estados o de pequeños barrios de Puebla y logran enormes resultados en posgrado en las instituciones más importantes de México o bien ocupan puestos destacados. Es verdaderamente satisfactorio, sobre todo porque muchos luchan por una carrera de la cual dudan hasta sus propios padres y sin embargo salen adelante en un mundo que cada vez les exige mayores estándares de éxito, sobre todo en lo material. Es un gran logro y aquí hay que decirlo, detrás de estos está la institución que te respalda: en este caso, la BUAP”.

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