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21 de marzo de 2021

¿Y el guante de seda?.Por Soleares De Jesús Manuel Hernández

 

 La mayoría de los gobernadores de Puebla han tenido la necesidad de algún colaborador de “mano dura” para hacer frente a los asuntos políticos delicados, sobretodo en épocas cuando la efervescencia universitaria o la presencia de grupos subversivos arañaba la estabilidad del gobierno. Quizá muchos hayan entendido por qué la frase aquella de “si viviera don Maximino, esto no pasaría”, cuyo autor es anónimo, pero se volvió una cantaleta de los poblanos en los cafés cuando algún disturbio estudiantil, derivado de la Reforma Universitaria se presentaba en las calles del centro de la ciudad.

 Algunos ciudadanos extrañaban la mano dura, cuando otros contaban historias horribles del proceder del gobernador Maximino Ávila Camacho, cuya leyenda se prolongó después de 1941 cuando dejó el cargo. Antonio Nava Castillo, militar con poca experiencia de gobierno no necesitó a un hombre de “mano dura”, él mismo lo era. El doctor y general Rafael Moreno Valle, trajo entre sus colaboradores a varios militares, quienes usaron su criterio “militar” para resolver asuntos políticos y desencadenaron la persecución estudiantil, seguida por Gonzalo Bautista O’Farril, quien usó la mano dura contra los movimientos universitarios y según algunos historiadores ordenó la desaparición de varios líderes estudiantiles. 


 Antes de esas fechas se apareció en Puebla el capitán Fernando Gutiérrez Barrios, quien fue enviado por Gobernación federal para negociar los movimientos aparecidos en Puebla, según contaba él mismo, esa fue su primera experiencia y decidió incursionar más en el asunto de la policía política del país. Quizá Morales Blumenkron, gobernador interino no tuvo gente de “mano dura”. Don Alfredo Toxqui buscó siempre la reconciliación, la cancelación de los odios y los rencores, decía, su “mano dura” fue Carlos Trujillo, con amplia capacidad de negociador. Jiménez Morales tuvo un gobierno de poca mano dura, aunque a veces se vio en la necesidad de aplicar algunas medidas, le fueron útiles en aquella época los grupos de su natal Huauchinango que una vez llegados al poder se asentaron en varios niveles gracias al trampolín que significó la cercanía con los grupos políticos de Tulancingo, Pachuca y en consecuencia de la Ciudad de México. Mariano Piña Olaya fue un gobernador que usó la estrategia del “guante de seda” para envolver la mano dura, anécdotas sobran, de la fuerza de Alberto Jiménez Morales y la familia Inurreta Desentis que se apoderó de la Procuración de Justicia y la Policía Judicial. Algunos deben recordar aquellos operativos en el fraccionamiento La Paz cuando los Inurreta Desentis llegaron una tarde a la casa de un conocido empresario representante de las familias textileras libanesas y arrestaron a un buen número de poblanos “distinguidos” que formaban parte de una lista de “consumidores” de sustancias no permitidas; varios apellidos famosos en esa época, poderosos después en los político y económico, fueron leídos en los medios de comunicación de la ciudad. El de Piña Olaya fue un gobierno de mucha “mano dura”, contra los poblanos, incluidos periodistas, y por supuesto un gobierno que aumentó los negocios de los ricos de la ciudad. La “mano dura” de Manuel Bartlett quizá se haya limitado a las actuaciones electorales con Chema Morfín y a la investigación política con Óscar de Lassé, pero la procuración de justicia fue cercana a los poblanos, aunque algunos consideraron la persecución a Herberto Rodríguez Concha y Alfredo Miranda como un gesto de “mano dura” luego de perder las elecciones Germán Sierra, un asunto que bien valdría la pena profundizar algún día. Melquíades Morales puede también clasificarse entre los gobernadores que no tuvieron a un elemento identificado con la “mano dura”, quizá para algunos ese personaje haya sido Rafael Moreno Valle quien desde la Secretaría de Finanzas actuó de manera personal.



 En el gobierno de Mario Marín sí que hubo “mano dura”, Alejandro Fernández y Adolfo Karam pueden ser quizá los personajes protagónicos, sobre todo Karam que fue el operador de la detención de Lydia Cacho. En cambio Rafael Moreno Valle Rosas sí que tuvo varios funcionarios en el rubro de “mano dura”, dado su objetivo de inspirar miedo entre los gobernados. Facundo Rosas quizá el más perverso para muchos, Eukid Castañón sin duda, Marcelo García Almaguer enmascarado en los medios de comunicación… Galán y otros. De Tony Gali no trascendió ningún personero encargado de aplicar “mano dura”, quizá seguía ejerciendo Moreno Valle a título personal. La reflexión viene a cuentas por la información publicada hace unos días por la reportera Gabriela Hernández en la Revista Proceso bajo el título “Ardelio Vargas, bajo el cobijo de Barbosa”. El texto hace alusión a su paso por el Instituto Nacional de Migración, Cisen y la PFP de la era priista, y su actuación en los enfrentamientos de Atenco y su papel poco cercano a los intereses de la 4T. Quienes conocen a Ardelio saben que no le tiembla la mano, los que han tenido que enfrentarlo conocen su capacidad de operación y quienes le han contratado saben perfectamente de qué es capaz, diría Genaro García Luna. La presencia de Ardelio Vargas ha venido a constituir un asunto delicado en el gobierno de Miguel Barbosa, muchos le culpan de ser él quien inició el enfrentamiento con Claudia Rivera por el control de la policía. Los ojos de los ciudadanos están sobre las decisiones del gobierno en materia de vacunación y respuesta a la pandemia, poco se ha profundizado en lo que pasa en los escenarios políticos, quizá reservados a los momentos electorales. Que la revista Proceso haya dado un espacio al tema de Ardelio Vargas, viene a reforzar la decisión de Barbosa de no haberlo dejado como titular de la Secretaría, quizá el gobernador se acordó de aquello que decía Fernando Gutiérrez Barrios, tener “mano dura envuelta en guante de seda” y por eso designó a una mujer, prácticamente desconocida en el escenario político local, pero con buena imagen y fama de disciplinada, Ana Lucía Hill Mayoral, sonorense, se desempeñará como el “guante de seda”, pues la mano dura, la mano de hierro todos saben dónde está. O por lo menos, así me lo parece.

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