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24 de noviembre de 2019

Manzanilla Acorralado .Por Rodolfo Herrera Charolet



El operador morenovallista Fernando Manzanilla Prieto se encuentra acorralado entre los pasillos de la gubernatura, su proyecto político personal no encaja en el nuevo barbosismo pragmático y vengativo, en donde el hijo del gobernador Miguel Barbosa Huerta parece tomar decisiones importantes de gobierno, aderezados con los susurros de su esposa quien lo acompañó en sus dos campañas políticas hacia la gubernatura.


El pronóstico para Morena en el 2021 no es alentador a menos de 14 meses de que se inicie el proceso electoral para el relevo de presidentes municipales, diputados locales y federales en Puebla. El panorama apunta a un voto de castigo multitudinario, por el desencanto que ha tenido la población en la falta de soluciones que fueron prometidas. Por si acaso la conducta clientelar del gobierno federal podría en parte asegurar un voto cautivo de “simpatizantes” financiados por el erario. Sin embargo la gran clase media que ha sido golpeada por la crisis económica y en general la población por la inseguridad, ponen en entredicho la habilidad de los gobernantes, uno en un proyecto transformador de enfrentamiento y división nacional, el local sin un claro proyecto que está haciendo agua tras decisiones económicas que afectan en parte al sector productivo y quienes no tienen acceso a los programas asistenciales.



En cuanto a los factores externos que afectan al barbosismo es la percepción política de que su gobierno no ha resultado de beneficio a los poblanos, las decisiones económicas no han tenido el respaldo de una operación política adecuada, de hecho el silencio del Secretario de Gobernación va más allá de la discreción tras exhibir fallas políticas en donde el gobernador queda expuesto.



Otros de los problemas externos y no manipulables que enfrenta el gobierno de Miguel Barbosa es la idea peregrina que la salud del mandatario se deteriora día a dia, al grado de que se difunde una percepción de que no concluirá el sexenio (cinco años más) o que el gobierno será ejercido a voluntad de un círculo cercano y no del propio gobernante electo. Esta percepción de un estado precario de salud se alimenta con el rumor que se esparce desde todos los niveles de gobierno, en donde Manzanilla Prieto no ha establecido una estrategia para evitarlo, de hecho, no hace caso a estos rumores que afectan la opinión pública.



Entre los factores internos que afectan al barbosismo y que Fernando Manzanilla no ha logrado evitar, es la complicidad de grupos y actores políticos que operaron a favor del morenovallismo, aun cuando el aseo político no sea la mayor de las fortalezas, los escándalos de corrupción y la falta de adecuada operación políticas de los “invitados” a colaborar, evitan que el Secretario de Gobernación articule acciones de estabilidad hacia el interior del gobierno. De hecho las destituciones de reconocidos operadores priístas en la Secretaría de Gobernación vinculados con el morenovallismo y beneficiados durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, ponen en entredicho la lealtad de su titular.



Uno de los mayores problemas para Fernando Manzanilla Prieto, son los compromisos con los operadores políticos morenovallistas, que fueron incrustados o que permanecieron en sus partidos para lograr el control en todo el Estado, por lo que no resulta ocioso reconocer que en Tepeaca su operador recientemente destituido fuera presidente municipal, diputado local y miembro vinculado con el zavalismo. En la Sierra Norte, el expresidente municipal, es legislador federal y local y ex dirigente de la CNOP, quien votó a favor de la reforma energética de Enrique Peña Nieto, recientemente destituido fuera un operador a modo y fuertemente vinculado al gobierno de la conveniencia. Qué decir del yerno de Rosario Robles Berlanga y ex diputado federal, además de joven marinista que trabajó llevó tan pronto tomo posesión como Secretario General de Gobierno en el gobierno interino.



Además de los morenovallistas incrustados a lo largo y ancho de la entidad en diferentes posiciones de gobierno, también los hay velando armas para candidaturas en el 2021, con Julio Lorenzini Rangel en Cholula por la presidencia o el distrito federal o local. Así como en otras cabeceras municipales. La evidente relación de los operadores y aspirantes con el morenovallismo favorecen la desconfianza en el cuñado del senador y gobernadora extintos. Así como la inadecuada operación política hacia el interior de Morena.



La deficiente operación política y de influencia hacia el interior del H. Congreso, también pone en entre dicho la eficiencia de Manzanilla Prieto, en donde el operador del barbosismo es sin duda su anterior aliado, Gabriel Biestro Medinilla, que estuvo más vinculado durante el morenovallismo a Eukid Castañón Herrera que al propio Manzanilla. No se diga de otro diputado aliado que ahora se encuentra en capilla, el petista José Juan Espinosa Torres, de quien recibió durante su gobierno municipal un beneficio de 5 millones de pesos del programa de combate a la pobreza a su organización Imagina México y ahora tiene el expediente y cronograma de acciones a realizar para concretar su pérdida de fuero, aprehensión y enjuiciamiento, tan pronto el escándalo mediático cause menos daño al barbosismo que ha sido evidenciado por el legislador “suicida”.



En cuando al estado que guarda el gobierno es desastroso, resulta más que evidente el constante cambio de rumbo y la inseguridad que viven los miles de burócratas al servicio de la entidad. Por primera vez en la historia democrática de Puebla, se habrán tenido a ocho gobernadores en un periodo en seis años o uno por año en el caso de que Barbosa concluya su mandato.



Sin pretender culpar a Manzanilla Prieto de las malas decisiones, lo cierto es que el mayor problema que enfrenta es el de credibilidad, que lo deteriora día a día. Así que de mantenerse hasta las elecciones de 2021 y que Barbosa no concluyera su mandato, sería el inminente gobernador en funciones de conformidad con la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Puebla. En estas circunstancias, ahora escuchamos un clamor, Barbosa aguanta… aguanta al menos cinco años más, aunque Manzanilla esté acorralado.

¿O no lo cree usted?

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