Expertos le aconsejaron que para hallar la clave, probara con un lector o identificador de radiofrecuencias. Implanta un chip en su cuerpo y luego olvida la contraseña
Gettyimages.ru Zi Teng Wang, un biólogo molecular del estado de Missouri (EE.UU.) aficionado a hacer actos de magia, nunca pensó que cuando decidió implantarse un microchip en una mano para hacer esos trucos, acabaría por olvidar la contraseña que le permite acceder al dispositivo. "Ahora mismo estoy viviendo mi propia distopía ciberpunk, sin acceso a la tecnología dentro de mi cuerpo.
Y es culpa mía […]. Puedo decir honestamente que olvidé la contraseña de mi propia mano", escribió Wang en su perfil de Facebook*.
El texto está acompañado por la foto de una radiografía en la que se ve el artefacto incrustado entre sus dedos pulgar e índice de la mano derecha. Según relató el ilusionista, aunque su intención era generar momentos divertidos durante sus presentaciones, pronto descubrió que no era tan gracioso presionar teléfonos de terceros en su mano y ni siquiera el suyo. Así las cosas, reescribió el código "para que tuviera una dirección de bitcóin", pero la idea tampoco funcionó.
Finalmente, reescribió el programa del microchip para que cuando alguien lo escaneara, solo se pudiera ver un meme. "Hace unos años, ese enlace de Imgur –plataforma que permite alojar imágenes o videos en línea– se cayó y cuando fui a reescribir el chip, me horroricé al darme cuenta de que había olvidado la contraseña con la que lo había bloqueado", refirió. Wang dijo haber consultado con "amigos expertos en tecnología", quienes le dijeron que el dispositivo "es demasiado simple y fácil de hackear". En concreto, le sugirieron que usara un lector o identificador de radiofrecuencias (RFID, por sus siglas en inglés), para probar con todas las combinaciones posibles y hallar así la respuesta al cabo de unos cuantos días o semanas.
"Al menos el enlace de Imgur volvió a funcionar. Pero sigo sin poder acceder a la tecnología de mi propio cuerpo. Y eso es un inconveniente, aunque [sea] gracioso. Puedo decir honestamente que olvidé la contraseña de mi propia mano", completó.
No es tan seguro Aunque la anécdota de Wang no pasa de ser una historia graciosa, pone el acento en una cuestión importante: incrustarse artefactos tecnológicos en el cuerpo puede no ser tan seguro como pareciera a simple vista.
Si se piensa en ello –y con independencia de los riesgos para la salud–, puede colegirse que las empresas fabricantes podrían quebrar, que los chips podrían descontinuarse o que la persona, como en este caso, puede olvidar la contraseña. No es la primera vez que algo como esto sucede. En 2018, Daniel Oberhaus, ex redactor del portal Vice, contó que un día, en medio de una borrachera, le implantaron un chip de comunicaciones de campo cercano en una mano. Aunque también olvidó la contraseña, pudo recuperarla tras revisar catálogos técnicos durante varias horas.