GOBERNADORES DE MORENA ELECTOS Y EN FUNCIONES APOYARON EN EL 2024 A RUBÉN ROCHA¿ LO VOLVERÁN HACER?
La política mexicana vuelve a mirar hacia el norte, y no precisamente por razones diplomáticas.
La reciente acusación de la Fiscalía de Nueva York contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otras nueve personas por presuntos delitos de narcotráfico y delincuencia organizada, abre un frente de alto voltaje para el gobierno federal y para Morena, en un momento donde la estabilidad política es clave rumbo a los próximos procesos electorales.
No se trata de un señalamiento menor. Cuando una fiscalía estadounidense —particularmente en una plaza como Nueva York, conocida por su historial en casos contra el crimen organizado— decide judicializar una acusación de este calibre, el impacto trasciende lo legal y se instala de inmediato en el terreno político.
La narrativa de combate a la corrupción y al crimen, bandera central del oficialismo, enfrenta así una prueba incómoda.
Habrá que ver ahora cuál es la postura de los gobernadores de Morena.
Hace algunos meses atrás cuando desde Estados Unidos surgieron versiones que vinculaban a Rocha Moya con el supuesto secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, el respaldo fue prácticamente automático: pronunciamientos de unidad, defensa del mandatario sinaloense y cuestionamientos a la veracidad de las versiones. Hoy, el escenario es distinto.
Ya no se trata de filtraciones o especulaciones mediáticas, sino de una acusación formal.
El silencio, en política, también comunica.
Y en este caso, la reacción —o la ausencia de ella— de los mandatarios estatales del oficialismo podría marcar una línea clara entre la disciplina partidista y la necesidad de deslindarse ante un tema de alto costo público.
El episodio también revive un viejo dilema en la relación México–Estados Unidos: ¿hasta qué punto las investigaciones judiciales del vecino del norte terminan influyendo en la vida política interna del país? Casos anteriores han demostrado que las cortes estadounidenses no sólo procesan individuos, sino que pueden alterar equilibrios políticos completos.
Para el gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, el momento no podría ser más delicado. Con una agenda cargada —que incluye la revisión del T-MEC y la antesala de las elecciones de 2027—, cualquier señal de debilitamiento institucional o de presuntos vínculos con el crimen organizado puede ser utilizada tanto por la oposición como por actores internacionales.
Más allá de la presunción de inocencia, que debe prevalecer, el costo político ya está en marcha. Morena, como partido en el poder, enfrenta el desafío de mantener su narrativa intacta en medio de acusaciones que golpean directamente a uno de sus gobernadores.
La historia reciente ha demostrado que en política no sólo importa lo que ocurre en los tribunales, sino cómo se administra la percepción pública. Y en este caso, la percepción ya empezó a moverse.
