El PACIC fue relanzado; la realidad del mercado sigue siendo la misma: los precios de los alimentos continúan altos y la carestía no cede.
· Se presume estabilidad económica, pero las familias mexicanas enfrentan inflación alimentaria, pérdida de poder adquisitivo y consumo precarizado.
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Hogares compran menos, por pieza o a granel, y miles de pequeños comercios resisten un entorno económico cada vez más adverso.
Ciudad de México a 1 de junio de 2026.-
El 29 de mayo el gobierno federal lanzó, por octava ocasión, el PACIC, insistiendo en su trillada narrativa de presentarlo como una política pública que ha ayudado a contener la inflación alimentaria y combatir la carestía en México, ofreciendo una despensa de 24 productos en $910.00.
La novedad ahora fue la instrucción de sumar más productos a esa canasta que se sigue comercializando principalmente a través de las grandes cadenas de supermercado.
Ante esto, y sin ánimo de sonar a disco rayado, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) refrenda su posicionamiento y valoración del programa: desde su lanzamiento, el PACIC ha resultado ineficaz, no ha logrado impactar favorablemente el mercado de alimentos, ni conseguir precios accesibles, ni atemperar la inflación alimentaria, ni contener la carestía de la vida. “Tras ocho ediciones, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que se trata de una política pública fallida, algo que la realidad del mercado demuestra todos los días.
Aquí se confirma una vez más que la realidad suele ser más terca que el discurso, en coloquio simple: precio mata rollo”, comentó Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
En ánimo de develar la fotografía completa del momento económico que atraviesa nuestro país, vale la pena mirar más allá del reporte positivo presentado días atrás por el gobierno federal, reivindicando el pensamiento crítico, aquel que problematiza y busca la complejidad de la realidad y del entorno, pues de poco sirve aludir tan sólo logros y no referir retos, obstáculos a vencer, tareas por realizar.
No se trata de buscar el lado oscuro, sino de poner sobre la mesa los grises de la realidad.
Respecto al récord en inversión extranjera directa (IED) del primer trimestre del año, es necesario precisar que buena parte de esos recursos no corresponden a nuevas inversiones, sino a reinversión de utilidades y expansión de empresas que ya estaban instaladas en el país.
Mientras tanto, la incertidumbre jurídica y comercial (TMEC), la inseguridad pública y los excesos regulatorios siguen ahuyentando nuevas inversiones.
Sobre el desempleo, cuando se afirma que México es uno de los países con menor desempleo en el mundo, también hay que decir que más de 35 millones de mexicanos trabajan en la informalidad, en condiciones precarias y con ingresos muy por debajo del empleo formal (tan sólo una tercera parte), a los que se suman 30 millones de connacionales que migraron a Estados Unidos por falta de oportunidades.
La mayoría de los mexicanos trabajan mucho, pero ganan poco, además de que muchas de las fuentes de empleos que se reportan en realidad son subempleos.
Se debe decir también que la inflación alimentaria se encuentra al doble de la inflación general.
La factura económica que dejó el COVID es el flagelo más doloroso, sigue pesando sobre los hogares mexicanos y se refleja en la carestía diaria. Este golpe pega con mayor fuerza a la población más vulnerable, 13 millones de hogares, quienes destinan prácticamente todo su ingreso a la compra de alimentos (90 centavos de cada peso), por lo que se puede ver como un logro pírrico festinar el control inflacionario cuando millones de mexicanos siguen batallando para comer mejor.
En el caso de las gasolinas y el diésel, el llamado “bajo costo” se sostiene con subsidios millonarios que representan una fuerte carga para el erario (sólo en marzo de este año ese apoyo representó un costo de 11 mil 700 millones de pesos).
Por ello es justo decir que al final la gasolina le sigue resultando cara al pueblo de México.
Sobre las finanzas públicas, aunque se reportan avances en recaudación, también preocupa el bajo crecimiento económico; el 0.8% reportado y señales de debilitamiento en algunos rubros fiscales, como la caída de la recaudación del ISR (-12.9%), complica la gestión pública del país
. Es una realidad que no se puede tapar con un dedo.
También se ha discutido ampliamente el tema de la deuda pública. Aquí no hay que esforzarse mucho: la mayoría de los países viven endeudados y México no es la excepción; se arrastra una elevada deuda pública y privada.
Sostener lo contrario es un verdadero despropósito.
Por su lado, las exportaciones han mantenido dinamismo, especialmente en sectores como el automotriz y manufacturero.
También es cierto que claramente el salario mínimo ha aumentado de manera consistente en los últimos años; sin embargo, ese incremento sigue sin alcanzar el costo real de la vida. Tan sólo en alimentos, una familia destina alrededor de $10,400.00 mensuales, según INEGI, mientras que el salario mínimo mensual ronda los $9,600.00, eso sin contar salud, transporte, educación, vestido o recreación. La presión económica sobre los hogares sigue siendo enorme.
En cuanto a PEMEX, la industria petrolera vive entre claroscuros. A pesar de los problemas administrativos y financieros, no ha colapsado, lo que también habla de la fortaleza de nuestras reservas. Pero queda mucho por hacer para modernizar y fortalecer a la empresa.
Sobre la política social del Estado, es justo reconocer que, dentro del esquema de bienestar, uno de los mayores logros ha sido la pensión universal para adultos mayores.
Al César lo que es del César: ha sido el programa social más emblemático de los últimos años.
En resumen, el reporte macroeconómico presentado por el gobierno federal se topa todos los días con la realidad de la economía familiar, del consumo esencial y de la economía local de las comunidades, que están exhaustas por el esfuerzo diario que implica trabajar más para sostenerse y no caer.
Los pequeños comercios han vivido un primer trimestre especialmente complicado. Cerca de 50 mil pequeños negocios han bajado la cortina en el último semestre. Los hogares han tenido que cancelar consumo, reducir compras, comprar por pieza, a granel o cambiar marcas por falta de poder adquisitivo. Hoy el etiquetado que manda en el consumo familiar en México tiene una sola palabra: precio.
Y esa realidad queda acreditada con el octavo relanzamiento del PACIC. Se insiste en una política pública que el mercado y los precios de los alimentos se encargan de desmentir una y otra vez. El tomate, el chile, los cítricos, el papel higiénico, los cárnicos, los aceites y el café saludan al PACIC y le demuestran sus límites e ineficacia.
En suma, este ejercicio busca hacer un llamado a las autoridades, a la sociedad y a la conciencia colectiva que de poco sirve celebrar logros parciales o rendir cuentas a medias. “El esfuerzo nacional debe enfocarse en lo que sigue pendiente, en lo que no hemos logrado resolver, en lo que continúa lastimando el bolsillo y la calidad de vida de millones de familias mexicanas porque, como dice la sabiduría popular: ‘Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre’”, sentenció Rivera.
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