El anuncio fue realizado por el Gobierno iraquí en Bagdad, donde se informó que las fuerzas nacionales asumirán de manera directa las responsabilidades de seguridad que anteriormente contaban con el respaldo de la coalición encabezada por Estados Unidos.
La misión internacional comenzó en 2014, después de que el Estado Islámico lograra ocupar amplias zonas de Irak y Siria. La expansión del grupo provocó una respuesta militar internacional a petición del Gobierno iraquí.
Durante los años siguientes, las fuerzas de la coalición proporcionaron apoyo aéreo, entrenamiento, inteligencia y asistencia militar a las fuerzas iraquíes en su lucha contra la organización extremista.
Con la retirada de las fuerzas extranjeras vinculadas a esta operación, Bagdad busca reforzar la imagen de que cuenta con capacidad propia para enfrentar las amenazas de seguridad dentro de su territorio.
El cierre de la misión, sin embargo, no significa el aislamiento de Irak respecto de sus aliados internacionales. El país mantiene relaciones militares y de cooperación con diferentes gobiernos, aunque bajo un esquema distinto al establecido durante la guerra contra el Estado Islámico.
La decisión ocurre además en un momento de elevada tensión en Medio Oriente, región en la que los conflictos y enfrentamientos de los últimos años han obligado a los gobiernos a replantear sus estrategias de defensa.
Para Irak, el término de esta operación representa el cierre formal de una etapa que comenzó con una de las mayores crisis de seguridad de su historia reciente y que obligó a la intervención de numerosos países.
El Gobierno iraquí ahora enfrenta el reto de mantener la estabilidad y evitar que grupos armados vuelvan a aprovechar vacíos de seguridad, mientras fortalece sus propias instituciones militares y de inteligencia.
Publicar un comentario