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21 de julio de 2022

La cultura de las piedras

  




Es admirable la extensa variedad de productos hechos de piedra volcánica en Puebla.




 ¿Se puede vivir de las piedras? No, no de las piedras preciosas, no, ¿de las piedras comunes? Pues sí. Una familia de San Nicolás de los Ranchos, allá de las faldas del volcán Popocatépetl, lo hace. 




Pero lo ha conseguido con una mezcla de oficio, pasión, arte, herencia y tradición, y el último eslabón: sistematización e innovación. Sí, es cierto, mucha gente se ha dedicado a través del tiempo a trabajar la piedra.


 Pero la Familia Ochoa, durante cuatro generaciones, ha convertido el noble oficio de picapedrero en un pequeño emporio, porque ha sistematizado la producción de materiales útiles y, lo más importante, ha innovado la forma y el uso de la lava petrificada, elaborando alrededor de 400 artículos diferentes para el hogar. Más del autor -






En Puebla, mucho bla, bla y pocos resultados - La guerra de Nacho Mier contra el gobernador - Barbosa, la guillotina y los aspirantes Sobre quien trabaja el barro existe un refrán: “dichoso oficio del alfarero, que de la tierra hace dinero”. Parafraseando ese destello de sabiduría popular, de esta actividad se podría decir también: “dichoso oficio del cantero, que de la piedra hace dinero..



.” Don Eugenio Ochoa siguió la tarea de tallistas de su padre y del abuelo, sumó a toda la familia, tiempo después incorporó a unas veinte familias del pueblo y empezaron a producir en grande. Desde hace unos seis años creó la empresa de acertado y asertivo nombre,


 “La Cultura de las Piedras”. Se incorporó como bujía innovadora el hijo Alberto Ochoa, quien con su formación de ingeniero le introdujo organización y planificación a todo el negocio de la escultura, pero sobre todo se puso a crear muchas nuevas formas de trastos y las más variadas herramientas para hacer la vida y la cocina de los hogares una actividad placentera. Con la piedra volcánica lo común que conocíamos eran los metates, metlapiles, molcajetes, recipientes y alguna otra pieza para cocinar. 



 Ellos no le han puesto límites a la imaginación. En su atractiva tienda, allá en la milenaria Cholula, (en 31 Poniente Carretera Paso de Cortés 2919) ofrecen una muestra enorme de piezas para las más variadas actividades en la cocina y en la casa en general. Se le van a uno los ojos con la profusión de elementos fruto de las manos artísticas y el ingenio de estos luchadores poblanos. Hay piezas de todos los tamaños y precios, de utilidad básica en la cocina o de ornamento, miniaturas o comales enormes, todo de piedra volcánica. 


 Toman la lava petrificada del volcán y en sus propios terrenos abunda esta materia prima y han incorporado a la producción en grande a muchos paisanos suyos. Pero tienen firmes sus reglas en el negocio: el trabajo artesanal se valora y respeta, no se regatea el precio a nadie, el trato es justo. 


 En la tienda, ellos tampoco admiten el regateo. Defiendan con principios de justicia su admirable trabajo. Anteponen el sentido social de esta actividad y se resisten a la masificación que a veces le quita el alma al producto manual.

 El ingeniero Alberto Ochoa, ameno y bien dispuesto para tratar al visitante, puntualiza que la familia no actúa como intermediario con la ventaja tradicional que ello implica, sino que son sólo una extensión más de la cadena de la que forman parte todos, sus paisanos incluidos, por eso subrayan lo justo del pago a todos. 


 Tienen ya operando dos negocios en la Ciudad de México, atienden pedidos en el país, y aquí en Puebla cada domingo ofrecen sus productos en el centro, en el edificio del PRI, en la 5 Poniente, pero no han incursionado aún en la exportación porque cuidan mucho los detalles de este proceso. Contiguo a la tienda tienen un espacio donde venden artesanías diversas de varias regiones de Puebla, esto como un servicio a colegas suyos con quienes coinciden en ferias y exposiciones. Realmente es admirable el extenso surtido de cosas útiles que han logrado crear moldeando la piedra.


 Este material, que ha acompañado al hombre desde sus inicios en el planeta, transformado con el ingenio y la destreza de muchas manos de poblanos, hoy se pone al alcance de la gente para hacer más satisfactoria la vida, sobre todo si de guisar y comer se trata. Ya de regreso de visitar este exitoso negocio, es paso obligado entrar el nuevo y enorme mercado que tiene San Pedro Cholula, que se denomina Xixitla.

 No será de las dimensiones del de Santiago Tlatelolco que refiere la historia en la Gran Tenochtitlan, pero es un modelo exitoso desde diversos ángulos. Luce ordenado, limpio, espacioso para autos y compradores y con una oferta, especialmente de hortalizas, verduras y frutas estupenda. 


Queda la impresión que han revivido el concepto original de un mercado, es decir, hay muchos productores que traen lo que cosechan en los pueblos de la región, y se nota en los precios y el trato de los comerciantes. 

 En verdad, es altamente recomendable recorrer este mercado, que funciona sólo los domingos y miércoles. El contraste nos tocó vivirlo en el tradicional mercado de La Acocota de aquí de la capital.

 Lo visitamos este lunes y nos pareció maloliente, las atarjeas casi desbordando agua asquerosa, suciedad por todos lados, es evidente la falta de higiene en las operaciones. Francamente horrendo. Parece que es tiempo de que la autoridad municipal meta mano, ponga orden, reorganice y limpie a fondo los mercados capitalinos. 

Que motiven a comprar, no que despierten asco. xgt49@yahoo.com.mx

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