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4 de agosto de 2019

DESCONFIANZA Fernando Vázquez Rigada






La economía mexicana enfrenta varios problemas, pero uno es central: confianza. Cuando no la hay, como ahora, se pierde también la certidumbre.



No es una casualidad que desde su triunfo electoral, la economía se haya detenido. A lo largo de cinco trimestres, el PIB ha crecido 0.04%: nada.



Los hechos están ligados a varios factores, pero en su núcleo están las señales que López Obrador manda a los mercados: su hiperactividad tras la victoria reveló falta de sosiego y reflexión; la cancelación del aeropuerto fue un capricho costosísimo -en dinero pero más en confianza. Eso fue el entremés: decisiones tomadas antes de asumir la presidencia pero ya instalado en el poder.



Hasta esta semana, cuando se confirmó que la economía está en coma.



La operación del gobierno para aplicar un torniquete a la crisis que se avecina va a fracasar precisamente por esa razón: no es posible confiar en los acuerdos que ofrece el presidente.



La historia, no las palabras, lo desmienten.



Tras su victoria, afirmó que contemplaba que el aeropuerto podría concluirse sin recursos públicos. Lo canceló.



Cuando su Secretario de Comunicaciones dijo que la corrupción no era el motivo para romper el contrato del NAICM, lo desmintió.



El día que pactó inversiones con el Consejo Mexicano de Negocios, desató la crisis de los gasoductos.



Cuando el entonces subsecretario, Arturo Herrera, confió a inversionistas internacionales que quizá se pospondría la construcción de la refinería de Dos Bocas, lo desautorizó.



Urzúa renunció y el ejecutivo aplaudió su marcha.



Anticipándose a la tormenta de la recesión, el nuevo Secretario de Hacienda, hizo lo que tenía que hacer: anunció un paquete contracíclico, pactó inversión privada para la petroquímica y reconoció un subejercicio de 170 mil millones de pesos. Eran los mensajes correctos.



Pero pronto el presidente le enmendó la plana: no hay subejercicios.



Todo lo demás pierde, así, credibilidad.



El paquete incluye 50 mil millones de pesos en proyectos público privados de infraestructura. Pero el presidente cancela proyectos en marcha mediante votaciones a mano alzada en sus mítines: lo acaba de hacer en Durango.



También, se adelantan licitaciones, pero el 70% de los contratos son asignados sin licitar.



El mismo día que comió con la cúpula empresarial del país, el jueves, el presidente declaró que Rosario Robles era una chiva expiatoria, que los verdaderos responsables eran sus comensales: los de arriba, del sector privado.



Las comidas, cafés y declaraciones no bastarán. Ya no. Sólo en junio salieron del país 1,300 millones de dólares.



Hacen falta hechos. Acciones.



El entorno internacional que ayudó se empieza a enturbiar: se recrudece la guerra comercial de Estados Unidos con China, una ola de fiebre porcina en ese país asiático está disparando precios de alimentos, se prevé una sobreoferta de petróleo que tumbará más los precios, Europa está estancada, las remesas bajan.



Winston Churchill decía: cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión.



Y actuaba en consecuencia.



Pero, claro: él era un estadista.



@fvazquezrig
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