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7 de mayo de 2019

ENCUENTRO ENTRE BARBOSA Y JIMÉNEZ MERINO EXHIBE DEBILIDADES Y FORTALEZAS DE SUS CAMPAÑAS


CUITLATLÁN

FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA
Encuentro entre Barbosa y Jiménez Merino exhibe debilidades y fortalezas de sus campañas
De manera circunstancial, este lunes se dio un breve encuentro entre dos de los candidatos a la gubernatura, Luis Miguel Barbosa Huerta y Alberto Jiménez Merino, quienes compartieron saludos, sonrisas y algunas palabras. Ambos se encontraron en un elevador, el mismo que los llevó a cada uno a una comida diferente. Al abanderado priista, a una reunión con directivos de la prensa local. Y el aspirante de Morena, con varios de los empresarios más importantes del estado.

Más allá de lo que se dijeron, lo relevante de ese acercamiento es que sirvió para hacer un crudo comparativo de la fortaleza de Morena y la crisis por la que pasa el PRI.

Ambos candidatos se toparon frente a frente en el hotel Intercontinental, más o menos a las 15:30 horas. Los dos ya iban retrasados a sus respectivas reuniones. Solo que con el detalle de que el aspirante de Morena llegaba tarde a causa de otro destacado militante del PRI: de Leobardo Soto Martínez, el líder de la Confederación de Trabajadores de México.


Resulta que minutos antes de que coincidieran en un elevador los dos contendientes por la gubernatura de Puebla, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia había recibido –en la explana del Estadio Cuauhtémoc– el apoyo público de Leobardo Soto Martínez, quien formalmente continua militando en el PRI, es líder del sector obrero del tricolor y sigue participando en la toma de decisiones dentro del Partido Revolucionario Institucional.

Sin duda la adhesión de Leobardo Soto a la campaña de Morena es una muestra de su falta de lealtad y de pragmatismo extremo, ya que apenas hace unos meses se entendía con el morenovallismo y ahora busca la opción de la izquierda. Sin embargo, lo que acaba reflejando es que en el PRI no hay liderazgo ni institucionalidad que permita poner orden y evitar a diario las deserciones, lo mismo de militantes que de los dirigentes de las organizaciones y sectores del tricolor.

El actual presidente del PRI, Lorenzo Rivera Sosa, es una especie de “convidado de piedra” que solo enmudece ante el debilitamiento del partido y la abierta colaboración de muchos priistas en la campaña electoral de Morena.

Ayer en el Hotel Intercontinental el contraste entre las actividades de ambos candidatos fue brutal.

Alberto Jiménez Merino convocó a una comida con directivos de la prensa local. A la reunión llegaron unas 20 personas, pero de ellas solamente había unos 4 o 5 que eran propietarios o directores de medios de comunicación.

En cambio, en la comida que encabezó Luis Miguel Barbosa, con miembros del Club de Empresarios, había algunos de los propietarios de los medios de comunicación más importantes del estado, sin contar que no quedaron lugares sin ocupar.

La comida del PRI fue breve y sin mayor relevancia. Todo se redujo a un breve dialogo con el candidato, que juró y perjuró, que las encuestas no están reflejando el avance de su campaña electoral, que camina en tercer lugar.

Mientras que la comida en el Club de Empresarios se prolongó más del tiempo estimado. Muchos de los participantes querían aprovechar la oportunidad para buscar encuentros directos con el candidato. Los comensales se fueron con la idea clara de que habían dialogado con quien va a ganar la siguiente titularidad del Poder Ejecutivo.
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