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6 de enero de 2019

El Por Soleares . Por Jesús Manuel Hernández.

El filósofo español José Ortega y Gasset escribió cuando reflexionaba sobre El Quijote “Yo soy yo, y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". Con eso el ensayista intentó explicar que la actuación de los hombres la definen las circunstancias donde se encuentran, de tal manera que lo externo, define lo interno.

Coloquialmente la frase se adaptó como “El hombre y sus circunstancias”.

Y nada mejor que acudir a esta premisa para intentar explicar lo que rodea la designación del próximo Gobernador Interino de Puebla.

Para las generaciones nacidas en los 50 del siglo pasado, un gobernador interino no es nada nuevo. Hubo sexenios donde se repetían. Al general Antonio Nava Castillo le sucedió de manera interina Aarón Merino Fernández; al general Rafael Moreno Valle le sucedieron Mario Mellado primero, Gonzalo Bautista después y Guillermo Morales Blumenkron cerró el sexenio.

En todos los casos las circunstancias fueron diferentes a la actual. Los interinatos se dieron porque resultaba insostenible mantener en el poder al gobernador electo, casi siempre designado desde la cúpula del partido. Todos los interinos fueron palomeados o sugeridos desde el poder presidencial, el Congreso del Estado era del mismo color y por tanto sólo obedecía instrucciones.

Las circunstancias son ahora totalmente diferentes. El interino debe como misión principal convocar a nuevas elecciones, por lo tanto, tiene una fecha límite de actuación. Además, el partido en el poder presidencial es diferente al que ganó las elecciones en Puebla, y el Congreso del Estado tiene mayoría del mismo color al Presidente y por tanto diferente al que postuló a la gobernadora fallecida.

El escenario, es totalmente diferente. De ahí que más que divulgar los nombres de posibles interinos, someterlos a un análisis, convenga primero considerar qué sucede en Puebla y cuáles son los rumbos que la política debe tomar.

Quienes perdieron a la gobernadora quieren a toda costa mantener el control del gobierno, va de por medio el futuro personal y de grupo, va de por medio mantener la estructura de poder para enfrentar la elección extraordinaria, necesitan a un incondicional, no necesariamente a una carta de primera línea, que bien podría competir en la elección formal.

Este grupo está urgido de sostener el capital político y está dispuesto a todo lo que sea necesario para influir en el futuro inmediato de Puebla.

En cambio, quienes perdieron la elección a gobernador, sea por fraude, sea por componendas o porque el tribunal así lo sentenció, quieren impedir la continuidad del grupo en el poder. De ahí someten la decisión a una primera posibilidad, que el interino sea un ciudadano, no un militante, no un representante de alguna facción política, pero que garantice la transparencia, el ejercicio de la democracia y por supuesto, aunque no lo dicen, que meta manos en asuntos delicados como el ejercicio del dinero, el tema financiero. La segunda intención es que sea el Congreso quien proponga una terna y de ahí se designe al gobernador interino a quien desde el mismo Poder Legislativo presionarían para desmantelar la estructura opaca y por tanto exhibir los errores de los anteriores gobiernos, con ello garantizarían ganar la siguiente elección.

Aparece un tercer grupo de interesados, por desgracia dividido. Hace 8 años y medio, un grupo de panistas considerados tradicionalistas, con Eduardo Rivera a la cabeza, apoyado por varios empresarios ligados a la estructura élite del PAN le dieron a Rafael Moreno Valle “el resto” que le hacía falta para ganar Puebla, ellos solos no podían, y él sin ellos tampoco.

La negociación derivó en tener varias posiciones para los panistas, Rivera, Pablo Rodríguez Regordosa, Juan Carlos Mondragón, entre otros. En el camino, se fueron decantando. A Rivera lo quitaron del balcón del palacio Municipal, a Mondragón le hicieron la vida imposible con la llamada “Ley Mondragón”. El único que se salvó y mantuvo la relación fue Pablo Rodríguez Regordosa, quien incluso logró colar a su esposa en el poder legislativo federal.

La otra parte del grupo la componen los panistas que no aceptaron las negociaciones propuestas o que simplemente fueron excluidos por convenir así a los intereses de Moreno Valle y Rivera Pérez, y tienen la intención abierta de recuperar espacios, de cerrar filas en torno a Marko Cortés, de no ceder la plaza, pero tampoco permitir que haya continuismo en el grupo que los expulsó de las posiciones políticas de Puebla. Y esto, aunque parezca un factor menor, puede unir intereses en otros niveles.

La circunstancia que rodea la designación del Gobernador Interino de Puebla tiene dos vías, o se arreglan en la aldea, o los intereses nacionales se verán involucrados. Y en este último escenario, habrá que pensar si López Obrador tiene o no interés, tomará partido o dejará las cosas en manos de Olga Sánchez Cordero o de Yeidckol Polevnsky, es decir será un asunto de Estado o de partido.

Y entonces habrá que considerar que las opiniones de los líderes del senado, Cámara de Diputados, de los presidentes de los partidos, serán tomada en cuenta, y no la de los poblanos, con lo que nuevamente la clase política local quedaría sujeta a los intereses de fuera.

Quizá, todo lleva a pensar que la solución pase primero por un candidato ciudadano que sea aceptado por todos, no solo por la desgastada clase política.

O por lo menos, así me lo parece.losperiodistas.com.mx@gmail.com
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