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28 de septiembre de 2018

Vinos con estrella



Podría decirse que, de una u otra forma, los astros se alinearon para favorecer el crecimiento de este proyecto vinícola.

Medallas y calificaciones sobresalientes en concursos y guías de vino han tornado los reflectores hacía El Cielo, una bodega en el Valle de Guadalupe que, aunque joven, ha crecido a un ritmo trepidante.
Éste, como muchos otros proyectos vitivinícolas, se gestó como un plan de retiro. Gustavo Ortega aspiraba a tener y atender personalmente un "bed & breakfast", con algunas vides en el traspatio.

Su entusiasmo emprendedor resultó contagioso. Asesorías, opiniones y socios fueron sumándose, y terminaron por hacerla en grande.

"Compramos la tierra y platiqué con muchos productores de diferentes regiones para agarrar ideas. Me dijeron: 'no te esperes a tener tu propia uva, porque vas a tardarte ocho años en producir. Empieza ya y vas agarrando experiencia'", relata Ortega.

Y así fue. Mientras la tierra era preparada para la plantación, El Cielo comenzó su producción de vinos con uva comprada a otros productores. En 2013, la vinícola plantó sus primeras 22 hectáreas con 12 varietales y se mudó a su propia bodega.

"Se me ocurrió hacer un estudio de mercado y el resultado fue muy diferente a lo que esperaba. Yo apostaba por vinos totalmente innovadores y la realidad es que el 85 por ciento del mercado sigue buscando lo tradicional", confiesa el propietario de la bodega, que este miércoles festejó su quinto aniversario.

Su solución: darle gusto a todos. El Cielo haría, bajo la tutela del prestigiado enólogo Jesús Rivera, una línea de vinos modernos —bautizados con nombres de constelaciones— y otra de etiquetas conservadoras —nombradas como astronómos—, y Gustavo capitalizaría todo su conocimiento en materia turística para ofrecer hospitalidad en torno al vino.

"Yo podré no saber mucho de vinos, pero de turismo sí y empezamos a hacer cosas que se han vuelto un fenómeno en el Valle. Vendemos experiencias, desde llegar a un lugar bonito con una arquitectura que respeta el entorno, hasta ofrecer recorridos por el viñedo en carreta o bicicleta", presume quien fuera secretario de turismo de Quintana Roo en 1997.

Capricornius, un Chardonnay con seis meses de crianza, y Perseus, un ensamble de Nebbiolo y Sangiovese con 2 años de envejecimiento, son las etiquetas que despertaron en los enófilos el deseo por conocer más de El Cielo.

"Con dos medallas de plata en el Concurso Mundial de Bruselas, Capricornius nos posicionó a nivel internacional; Perseus fue el primero que salió a relucir como innovador y elegante. Son vinos modernos, de corte elegante y con estructura", describe Ortega.

"Nuestro gran clásico y la etiqueta que más desplazamos es Copernicus, un Cabernet-Merlot. Y 'Chuy' dice que Polaris, una mezcla bordelesa (Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc), es su graduación; es un vino que tiene muchos años para dar".Reforma
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