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20 de septiembre de 2018

OPTIMISMO MORENOVALLISTA ES SIMILAR AL QUE LOS MARINISTAS TUVIERON

FRENTE A SU PEOR CRISIS POLÍTICA.

CUITLATLÁN
POR FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA.
La reacción festiva, optimista, que los morenovallistas han ofrecido frente al recuento de votos de los comicios de gobernador que ordenó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) es un comportamiento muy parecido al que, en su momento, tuvieron los miembros del compacto grupo de Mario Marín Torres cuando en 2006 el entonces gobernador priista empezó a ser investigado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) –por el escándalo del Lydiagate– que todo lo minimizaban y decían que les favorecía, y al final les desató una crisis de imagen y política de la que nunca se pudieron reponer.

Así como los marinistas hace 12 años querían maquillar la realidad, ahora los morenovallistas dicen el absurdo de que el fallo del TEPJF les favorece, les conviene, cuando en realidad esa decisión les acaba de desatar la peor crisis política y de imagen, al quedar evidenciado que fue fraudulenta la elección que supuestamente ganó Martha Erika Alonso Hidalgo, la aspirante del PAN.

El caso de Puebla es el primer recuento de votos de una elección de gobernador que se ordena en México desde que surgieron los tribunales electorales.


Queda claro que si no hubiera evidencias de la manipulación de casillas y la alteración de los resultados oficiales de los comicios del 1 de julio, en la mayor parte de los distritos electorales del estado, no se hubiera llegado a tal determinación, pese a la insistencia jurídica de Morena.

En México solamente se han anulado dos elecciones gobernador: en Colima y Tabasco, pero fue por asunto de inequidad en los procesos electorales a favor de los entonces candidatos del PRI.

Ahora, para el caso de Puebla es la primera vez que el TEPJF pone en duda el resultado de una elección de gobernador por presuntos actos ilegales en el manejo de las casillas y los resultados de las votaciones. No son cargos menores ni fáciles de borrar.

El asunto solamente tiene dos derroteros:

Primero: si Martha Erika Alonso logra librar el litigio electoral, llegará a la titularidad del Poder Ejecutivo con una crisis de legitimidad y totalmente acotada.

Su imagen será de la de una gobernante que llegó gracias a las miles de anomalías cometidas en los comicios. Es decir, que no ganó por una contienda limpia. Sin contar que tendrá en contra a la mayoría del Congreso local, los principales alcaldes del estado y la administración federal encabezada por Andrés Manuel López Obrador.

Segundo: que se repita la elección de gobernador y el mensaje central que prevalecerá, será: el único estado del país que tuvo que volver a ir a las urnas –luego del 1 de julio– es Puebla como consecuencia de las trapas del morenovallismo.

Es decir, en cualquier escenario pierden los morenovallistas.

Frente a la reacción del fallo del TEPJF de que les favorece el recuento de votos, surge un cuestionamiento básico: si tanto les convenía, entonces ¿por qué el grupo del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas no lo solicitó desde un principio?

La reacción optimista de los morenovallistas no coincide con los expertos en la materia. Uno de ellos, cuya opinión tiene mucha autoridad, es la de Luis Carlos Ugalde, quien en 2006 fue presidente del extinto Instituto Federal Electoral.

Más allá de que Ugalde es un experto en materia electoral, es importante recordar que ha sido un personaje vinculado al grupo de la profesora Elba Esther Gordillo Morales, quien fue la mentora política de Rafael Moreno Valle Rosas y acaba de recuperar su libertad, luego de haber sido presa política del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Ugalde en 2010 fue parte de los artífices de la construcción del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, ya que él se encargó de avaluar los perfiles de quienes formaron parte del primer gabinete morenovallista.

Ayer Luis Carlos Ugalde, al ser entrevistado por el periodista José Cárdenas en Radio Fórmula, apuntaba dos aspectos fundamentales:

En su estimación, si procede la anulación de la elección de gobernador.

Y de acuerdo a su dicho, importantes dirigentes del PAN de manera discrecional le han comentado que se tiene plena conciencia, en la cúpula nacional panista, que la elección de Puebla fue totalmente desaseada.

¿Por qué se puede afirmar que los morenovallistas reaccionan igual los marinistas? Porque el 18 de abril de 2006, la Suprema Corte de Justicia de la Nación inició una investigación contra Mario Marín Torres por pervertir el sistema de justicia de Puebla en torno al caso de la detención ilegal de la periodista Lydia Cacho Ribeiro. Los miembros de la cúpula marinista se la pasaron diciendo, a lo largo de muchos meses, que la SCJN iba a limpiar la imagen del entonces gobernador de Puebla.

Pasaron los meses y aunque al final el fallo de la SCJN no derivó en un proceso legal contra Mario Marín, si lo metió en una larga y tortuosa crisis, la cual provocó que el último mandatario priista que ha tenido Puebla se la pasara escondido, ausente, disminuido, la mayor parte de su sexenio.

El optimismo de los marinistas no sirvió para frenar la sanción de la opinión pública y la crisis de imagen.

Ahora el optimismo morenovallista tampoco servirá para frenar la crisis de imagen que ya cubre a Martha Erika Alonso.
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