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9 de septiembre de 2018

‘Millennials’ en horas bajas: el desencanto de quienes aspiraban a dominar el mundo


La frustración planea en la generación más preparada a la que se prometió mucho éxito. Varios jóvenes expresivos (Flashpop / Getty)
JAVIER RICOU, LLEIDA

Ninguna otra generación ha sido tan analizada y estudiada como los millennials (personas nacidas entre 1981 y 1993). Qué comen, cómo viajan, qué leen, si ahorran o no, qué tipo de cultura consumen, a qué edad se casan, qué han es­tudiado, cómo planifican su mo­vilidad, cuáles son sus mascotas preferidas a la hora de adoptar, qué valor dan a la familia y la amistad, cómo se manejan en las redes sociales...

Ante tanta disección cuesta creer que queden huecos para más estudios. Pues los hay y en este caso ese trabajo se ha escrito en el ­cine. ‘Les distàncies’, película diri­gida por la catalana Elena Trapé y que este fin de semana ha llegado a las pantallas, ubica a un grupo de millennials en un piso de Berlín. Son compañeros de estudios y universidad que se reúnen después de años sin verse.

Cada uno ha seguido una senda diferente, que no siempre coincide con el camino que creían que iban a tomar cuando todos soñaban con el triunfo en su etapa formativa. El encuentro, programado para darse un homenaje de nostalgia, no ­tendrá, sin embargo, el resultado que esos jóvenes esperaban. Lo que más aflorará en esa reunión de viejos amigos, a los que un día ­hicieron creer que su generación iba a comerse el mundo, es la frustración.

Estudio escrito en el cine
‘Les distàncies’ es una película que refleja lo duro que es fracasar si se sueña con el triunfo

Conforme avanza la película se hace muy evidente que la distancia y el paso de los años han separado a ese grupo de amigos. Ya no queda lugar para la nostalgia, pero sí para destapar muchas miserias. Es un retrato, siempre en formato ficción, del momento actual de muchos millennials que, llegada la edad adulta, son conscientes de lo difícil que será para ellos conseguir los objetivos profesionales, y también sentimentales, a los que as­piraban.

“Se ha hablado tanto de los mil­lennials, de sus esperanzas, de ­cómo iban a cambiar el mundo (para bien o para mal), que al final se generó una burbuja de atención y expectativas”, afirma Iñaki Or­tega, director de Deusto Business School y autor, entre otros libros, de Millennials. Inventa tu empleo (UNIR Emprende). Pero la realidad ha demostrado, continúa Ortega, “que los millennials son un bluf, casi como un suflé, muy ­aparentes pero nada más”. Aunque ­este economista precisa que la culpa de esta frustración que ahora ­invade a muchos de esos jóvenes de edades comprendidas entre los 25 y 37 años por no haber triunfado “no es de ellos, si no de la situación que les ha tocado vivir al cabalgar entre dos mundos. Nacieron y se educaron en una sociedad pre­crisis y anterior a la economía 4.0, y han alcanzado la madurez en un nuevo mundo para el que no fueron preparados”.

Libres de toda culpa
El tren de los jóvenes que hoy tienen entre 25 y 37 años se ha parado por la crisis

Iñaki Ortega añade que esta ­generación “ha sufrido la crisis ­como la que más, lo que choca con las previsiones depositadas en ellos al haber sido protagonistas indiscutibles de las ventajas de la digitalización. Su diferente forma de comportarse como empleados y consumidores hizo saltar todas las alarmas en las grandes empresas de medio mundo, lo que explica que hayan sido diseccionados desde todas las áreas y campos”. Esa obsesión por estudiar a esta generación no ha pasado desapercibida ni por el diccionario de Oxford, que ha acuñado el término millennial como eufemismo para referirse a la juventud.

La película de Elena Trapé, tal y como ha narrado la directora en ­diferentes entrevistas, es como un bofetón a la realidad. Los prota­gonistas tienen ya 35 años, crecieron pensando que la sociedad se lo había puesto todo muy fácil y que existía un mundo del bienestar. Y de repente se han dado cuenta de que todo eso era mentira. La vida para aquellos que no han triunfado es muy dura.

“El tren de los millennials se paró de repente porque no había ya más vías sobre las que circular”, opina Iñaki Ortega. Y fue en ese momento cuando empezó a hablarse de la generación Z (la de los nacidos entre 1994 y 2010), ahora en el foco de los estudios. “Estas personas más jóvenes que los millennials empiezan a llamar la atención porque parece que se han dado cuenta de que ya no hay que seguir raíles para triunfar. Se han educado y socializado con internet en sus casas y “son más libres, más autónomos que los millennials para ir por donde quieran y para orientar sus vidas profesionales. En la disrupción digital ellos dominan las herramientas que les convierten en abanderados de la economía colaborativa, con la que están convencidos de que se puede cambiar el mundo”, añade Ortega, coautor también junto con Núria Vilanova del libro Generación Z: Todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials.

Los más diseccionados
Las expectativas respecto a esas edades fueron como un suflé, ahora muy deshinchado

El director de Deusto Business School recuerda, siguiendo el hilo ferroviario, que “los millennials crecieron pensando que el éxito profesional era algo parecido a ­subirse a un tren. Tenían muy claro que coger ese convoy era fácil siempre que llevarán en su equipaje una buena titulación académica, amplio conocimiento en idiomas o un contrastado desempeño pro­fesional”. Les hicieron creer también que una vez dentro de ese tren, la llegada del anhelado éxito sería sólo cuestión de tiempo. “Lo que no calcularon ni imaginaron esos jóvenes cuando dieron sus primeros pasos laborales (esto queda también reflejado en la pe­lícula Les distàncies) es que la crisis del 2007 lo iba a cambiar todo”, afirma Iñaki Ortega. Y continúa: “Ese bache en el mundo de las ­finanzas dejó congeladas las expectativas profesionales de toda una generación. El tren se paró y nunca más volvió a funcionar. Las vías se habían terminado, al igual que ocurre en las viejas películas del Oeste”.

Lo que no quiere decir que el ­viaje haya terminado, precisa Iñaki Ortega. Este profesor propone a esos millennials que no acaban de encontrar su lugar en este mundo a exportar su conocimiento en otros países y no temer los cambios de profesión ni la peregrinación por diferentes empresas. “La gene­ración Y representa las actitudes y habilidades propias del contexto del tercer milenio –añade Ortega– y los jóvenes que hoy tienen entre veintimuchos y treinta y tantos años (los millennials) tienen ante sí un contexto muy complejo, pero también muy novedoso en los cambios. Así que el éxito se esconde en su capacidad o habilidad para adaptarse a los nuevos retos”.

Nostalgia imposible
Las reuniones entre antiguos amigos son difíciles al romperse la ilusión que los unió

Este autor de libros que diseccionan las generaciones Y y Z cree ser capaz de meterse en la piel de los personajes de la película de ­Elena Trapé al entender el fracaso de ese encuentro programado para recuperar la nostalgia de los años en los que esos jóvenes estaban convencidos de que el mundo iba a rendirse a sus pies. “El cambio en el mercado de trabajo que se ha dado en las dos últimas décadas ha hecho que las carreras profesionales ya no sean sinónimo de éxito ni predecibles. Por tanto, cuando al cabo de unos años te encuentras de nuevo con tus compañeros de universidad, quedas descolocado porque nada es como uno esperaba”.

Este asunto es nuevo para los mil­lennials, así como para la ge­neración X (nacidos entre 1969 y 1980). “A los babyboomers no les pasaba porque todo el mundo sabía dónde iba a estar en unos años.
Hoy en cambio estamos per­didos y descolocados al ver a esos antiguos compañeros porque ya no hay vasos comunicantes ni proyectos comunes. El nuevo mer­cado laboral les ha sacado del camino previsto y apeado del tren”, concluye Iñaki Ortega.

La Vanguardia

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