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9 de septiembre de 2018

Enésimo SOS global por el cambio climático


Manifestación del 8 de septiembre en Marsella (Christophe Simon / AFP)
EUSEBIO VAL | PARÍS, PARÍS. CORRESPONSAL

No es ya una utopía, es una urgencia inaplazable. Con este espíritu se convocaron ayer movilizaciones ciudadanas en diversas ciudades del mundo, desde Melbourne a Bangkok, de París a San Francisco, para exigir a los responsables políticos medidas inmediatas para frenar los efectos cada vez más visibles –y peligrosos– del cambio climático. Tres años después de los acuerdos de París, Francia tuvo un protagonismo especial en la jornada, que se desarrolló a escala internacional bajo el lema Rise for the climate (Levantaos por clima). Los franceses están muy sensibilizados debido a la reciente dimisión por sorpresa del ministro para la Transición Ecológica y Solidaria, el carismático Nicolas Hulot, una de las estrellas del equipo del joven presidente Emmanuel Macron, que justificó su paso atrás por las dificultades para conciliar la política ecologista y los intereses empresariales. Hulot se sentía poco arropado, en el Gobierno y en la sociedad en general.

Su abandono ha actuado como un electrochoque para los franceses con inquietudes medioambientales. “La dimisión de Hulot me ha hecho venir hoy –reconoció una joven madre en la concentración ante el Ayuntamiento parisino–. Tengo la sensación de que hemos llegado a la última curva antes del precipicio”. La llamada de organizaciones ecologistas y grupos políticos a participar en Rise for the climate tuvo respuesta en Australia. Un barco de activistas entró en el puerto de Sydney con una pancarta, frente al emblemático edificio de la ópera. Centenares de manifestantes acudieron a la sede del primer ministro, Scott Morrison, para pedirle que Australia salga de la política del carbono. Hubo asimismo protestas en Manila, Bangkok –donde se celebra una reunión preparatoria de la COP24 (conferencia de la ONU sobre el cambio climático)– y otras ciudades de Asia y Oceanía. Las manifestaciones debían concluir en San Francisco. La ciudad californiana acoge a partir del próximo miércoles una cumbre mundial de ciudades y empresas para tratar del cambio climático, una iniciativa del gobernador del Golden State en réplica a las políticas obstruccionistas de la Administración Trump.

En Francia ha crecido la sensibilidad a raíz de la reciente dimisión del carismático ministro de Ecología

En Francia, la protesta coincidió con la publicación, en el diario Libération , de un llamamiento firmado por 700 personalidades, la mayoría científicos (físicos, meteorólogos, biólogos) pero también abogados y economistas, en el que instaron a superar la retórica y tomar cuanto antes medidas más eficaces. El texto, en un tono dramático, advertía que el cambio climático ya no es una perspectiva teórica o el temor exagerado de grupos militantes sino una realidad que se hace cada vez más tangible, expresada en un aumento de las temperaturas medias, calores extremos muy frecuentes –como los habidos este verano en todo el hemisferio norte–, el derretimiento de los glaciares, la proliferación de las sequías, la alteración del hábitat animal y vegetal, la llegada de insectos no habituales y la desoxigenación y el aumento del nivel de los océanos. Según el llamamiento en Libération , existen soluciones ya disponibles para afrontar el problema. Basta que haya decisiones políticas valientes, fuertes y claras “al servicio de una transformación social profunda”. Estas soluciones pasan, entre otras medidas, por una reducción del consumo energético, el rápido abandono de los combustibles fósiles, directivas más exigentes para aislar los edificios, una estrategia de movilidad sostenible y una política agropecuaria menos nociva para el medio ambiente. Los ecologistas franceses piensan que es obligado, por ejemplo, fijar un impuesto al queroseno de los aviones –aunque implique encarecer los billetes–, pues denuncian que el transporte aéreo, con una previsión de fortísimo crecimiento en los próximos decenios, es uno de los sectores sospechosamente ausentes de los compromisos internacionales para frenar el cambio climático.

Los verdes franceses son conscientes, por lo demás, de vivir en un país donde no es fácil sostener una mentalidad medioambientalista. Francia es uno de los Estados más dependientes de la energía nuclear. Según Le Monde, el escepticismo de Hulot ante el ulterior desarrollo de esta energía fue una de las razones , poco explicadas, de haber desertado del proyecto macronista
.La vanguardia
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