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16 de julio de 2018

DICEN QUE EN EL PRI BUSCAN HACER AJUSTES DE CUENTAS CON LA FAMILIA MORALES FLORES


CUITLATLÁN
POR FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA
Dicen que en el PRI ha empezado a circular la idea, el proyecto, la tentación, de proponer ante la Comisión de Honor y Justicia del partido la sugerencia de expulsar al ex gobernador Melquiades Morales Flores o alguien notable de su familia, como parte de un supuesto ajuste de cuentas contra los priistas que han sido obsecuentes con el morenovallismo.

Una idea que raya un poco en el absurdo. Primero porque Melquiades Morales Flores no participó en la campaña, ya que se encuentra como embajador en Costa Rica. Y segundo, porque toda la familia Morales Flores –encabezada por Jesús Morales y Fernando Morales– efectivamente colabora abiertamente con el morenovallismo y desde hace mucho le dieron la espalda al PRI.

En el fondo lo que se busca es un proceso de legitimación, de lavarse la cara, de parte del dogerismo –que actualmente controla el PRI estatal–, para enfrentar el lastre de la más penosa derrota electoral que ha sufrido el Partido Revolucionario Institucional en toda su historia.


Es una manera de desviar la atención sobre el dogerismo que, durante la pasada campaña electoral y hasta el día de ayer, se ha mostrado abiertamente colaborativo, obsecuente, cercano, afín con los intereses del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.

Por eso Enrique Doger Guerrero, el abanderado priista, ayer se apresuró a aparecer al lado de Martha Erika Alonso, la candidata morenovallista a la gubernatura, para legitimar la victoria que le otorgó a la panista el cómputo oficial del Instituto Electoral del Estado, ignorar las anomalías y la violencia que hubo en las votaciones del 1 de julio, y de paso para salir ante la prensa a golpear a Morena y a su candidato Luis Miguel Barbosa Huerta.

Curiosamente la información de la reunión de Doger con Martha Erika Alonso la difundió el PAN y el PRI guardó silencio.

Todo ese comportamiento ha abonado la versión de que Enrique Doger Guerrero tiene asegurado un lugar en el gabinete de Martha Erika Alonso Hidalgo, en el hipotético escenario de que la panista sea ratificada como gobernadora electa por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en donde se acabará de ventilar la larga lista de anomalías ocurridas en la jornada del 1 de julio y que fueron una réplica del método violento que utilizaba el avilacamachismo para ganar comicios a la fuerza.

Se dice que Doger tiene la propuesta en la mesa de ser titular de la secretarías de Salud o de Educación, que son los dos rubros que domina.

Y que sería una propuesta, o mejor dicho compromiso, signado por el ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas con la cúpula del dogerismo.

De ahí es donde parece surgir la necesidad del PRI, encabezado por el dogerista Javier Cacique Zárate, de insistir de que el partido debe echar a los “traidores”.

Una idea en que ha insistido Cacique luego del 1 de julio, para de esa manera reducir las causas de la derrota priista al mero asunto de las deslealtades y evitar el señalamiento de que el dogerismo es el único responsable del peor desastre electoral del tricolor.

El PRI ha querido desviar el asunto argumentando que el partido obtuvo la votación priista más alta del país.

Sin embargo, las cifras oficiales indican otra realidad: Doger en 2004, ganó la alcaldía de la ciudad de Puebla con alrededor de 242 mil votos. Ahora, en la capital como aspirante a gobernador, obtuvo 90 mil sufragios menos que hace 14 años.

Doger consiguió en las urnas, en esta ocasión, 555 mil 41 votos, que son 300 mil sufragios menos que los obtenidos por el tricolor en 2010, cuando perdió por primera vez la gubernatura del estado.
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