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15 de mayo de 2018

SOSPECHAN QUE CLAUDIA RIVERA, DE MORENA, YA NEGOCIÓ CON SU RIVAL EDUARDO RIVERA, DEL PAN


CUITLATLÁN.POR FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA.
Un manto de dudas, de sospechas, de desconcierto, de desconfianza ha desatado Claudia Rivera Vivanco hacia el interior de Morena, pues habría indicios de que la candidata a la alcaldía de la ciudad de Puebla probablemente pactó con su rival del PAN, Eduardo Rivera Pérez, o con el morenovallismo, desplegar una campaña electoral cordial, sin críticas, sin confrontaciones con sus contendientes del Partido Acción Nacional. Una prueba de ello es que la aspirante ha aparecido custodiada, protegida, por un grupo de guaruras que al parecer son del Poder Ejecutivo estatal.

Tres son los aspectos que han despertado fuertes dudas de la lealtad de Claudia Rivera hacia el movimiento lopezobradorista, las cuales son las siguientes:

Primero: en los últimos días la candidata ha acudido a diversas reuniones públicas y privadas con una escolta de cinco guardias, que incluye a un chofer y cuatro guaruras, mismos que viajan en un auto blindado marca Subaru. Nadie sabe quién le proporcionó esos vigilantes, pero la única instancia que tiene esa posibilidad es la Secretaría General de Gobierno estatal.


Sin contar que la candidata ha aparecido usando una camioneta blanca, que es nueva, sin que nadie sepa de dónde la obtuvo y que contrasta con la campaña electoral austera que ha desplegado Morena en la capital del estado.

Ningún dirigente de Morena ni los demás candidatos de esta fuerza política fueron informados de que Claudia Rivera aceptó recibir protección oficial.

Lo grave de esta situación es que, en general, Morena había rechazado el ofrecimiento de que los candidatos de esta fuerza recibieran escoltas del gobierno.

Claudia Rivera el pasado 18 de marzo, cuando solicitó ante la autoridad electoral su registro formal como candidata, hizo un pronunciamiento de condena por el asesinato de Aarón Varela, quien era aspirante a candidato a edil de Santa Clara Ocoyucan, y ante una pregunta de la prensa de que si admitiría vigilancia especial del gobierno del estado, la activista de Morena dijo que no aceptaría ningún tipo de protección oficial, ya que las fuerzas de seguridad pública deben estar al servicio únicamente de la ciudadanía.

¿Entonces por qué cambió de parecer y lo hizo sin consultar a nadie en Morena?

Más allá del tema del uso de escoltas, que no es ningún delito o anomalía, lo que plantea dicho cambio de comportamiento de la candidata es que ya habría tenido comunicación, dialogo, entendimiento, con altos funcionarios del gobierno o con las cabezas del morenovallismo.

No hay otra manera de obtener guaruras.

Segundo: a lo largo de los días que lleva la actual campaña electoral, Claudia Rivera ha hecho cero críticas a Eduardo Rivera Pérez, su rival a vencer del PAN.

La candidata de Morena tendría que estar hurgando, revisando con lupa, con un alto sentido crítico el desempeño que tuvo Eduardo Rivera como alcalde de la ciudad de Puebla para detectar los negativos del panista y exponerlos ante el electorado, advirtiendo de los riesgos de que el ex edil repita en el cargo.

Eso nunca ocurre, la mayoría de los discursos de Claudia Rivera se limitan a replicar la retórica de Andrés Manuel López Obrador, de hablar de su visión de como debe gobernarse la ciudad de Puebla, pero nunca, ni por accidente, hace la más mínima crítica a Eduardo Rivera.

Claudia Rivera es la única candidata de Morena que no está en la línea fundamental de este partido de confrontar a los rivales. Muchos de quienes la han escuchado lo primero que dicen es: no parece alguien del movimiento lopezobradorista.

Tercero: tampoco toca ni con el pétalo de una rosa a Martha érika Alonso Hidalgo, la candidata del PAN a gobernadora y actual líder del morenovallismo.

Dicen quienes la han oído, que en algunas ocasiones la candidata de Morena se muestra muy crítica de lo que fue el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas, pero nunca asocia esos ataques a la figura de Martha érika Alonso.

A lo más que ha llegado lo hizo este martes, que cuestionó que Moreno Valle redujo el número de policías de la capital cuando era gobernador y que Eduardo Rivera estuvo de acuerdo, lo cual es un ataque desabrido, sin fuerza ni impacto en el electorado.

El sábado pasado hubo un encuentro de mujeres de Morena y ahí el discurso central fue: las críticas, los ataques, la confrontación contra el morenovallismo, tiene que ser ya, “hoy mismo”, pues se está en el pináculo de la campaña electoral. Esa línea discursiva provocó que varias participantes pronunciaran discursos airados, fuertes, críticos, contra los saldos negativos del gobierno de Moreno Valle y el papel que jugó Martha érika Alonso en esa administración.

La única que guardo silencio, que no se sumó a esos ataques, que no alzó la voz contra el morenovallismo fue Claudia Rivera Vivanco.

¿Qué está pasando?

Sobre el comportamiento errático de Claudia Rivera hay dos hipótesis:

Que resultó ser una candidata muy limitada y que está confiada a que solamente la popularidad de Andrés Manuel López Obrador le va a dar el triunfo. Por eso en su campaña no hay encargados de estrategias electorales, los discursos son malos y no le interesa confrontar a sus rivales. Dicho de otra manera: “ya se echó a dormir en la hamaca”.

O que ya llegó a un arreglo con Eduardo Rivera o el morenovallismo, o con ambos, de no entrar al terreno de la confrontación, de los ataques personales, de los cuestionamientos a lo que representan para Puebla los candidatos del PAN.

Con el paso de los días se podrá comprobar alguna de estas dos posibilidades.
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