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22 de abril de 2018

Con el debate, AMLO afianzó su figura antisistema y mantendrá el liderazgo en intención del voto




■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

La mitad de todos los ataques –o para ser más exactos 49 por ciento– que hubo entre los cinco candidatos presidenciales fueron exclusivamente en contra de un solo aspirante: para Andrés Manuel López Obrador, de Morena, y al mismo tiempo, fue quien menos cuestionamientos hizo contra los demás. Esa condición lo coloca como el ganador de este primer encuentro, porque con ello logró mantener su perfil antisistema y la poderosa base de posibles votantes, que en la actualidad lo tiene cerca de los 50 puntos del índice de preferencias electorales.

Hace unos días lo decía con mucha puntualidad Jorge Zepeda Patterson, el director de Sin Embargo, en un artículo publicado en El País: en esta lucha electoral hay más enojo que miedo de parte del electorado. Es un enojo en contra del desastre provocado por los últimos gobiernos del PRI y del PAN, el cual es un malestar que ha sabido capitalizar Andrés Manuel López Obrador.

Ayer en el debate López Obrador se comportó como uno de esos boxeadores que salen a estar a la guardia la mayor parte del combate, que cansan a su contrincante, que no responden a todos los golpes y hasta el final sueltan un ataque contundente.

López Obrador logró que quedara exhibido que va a la cabeza de la contienda y que a todas las fuerzas políticas las une el mismo ánimo de buscar evitar que gane la elección presidencial porque él representa el verdadero cambio.

El candidato de Morena siempre ha sido muy descuidado para lidiar con los debates presidenciales. En 2006 y 2012, la confrontación con sus contrincantes en la lucha presidencial le dejó un saldo negativo que no le permitió ganar ambas contiendas.

Ahora, aunque apareció sin cuidar sus posturas y se le vio más preocupado en poner orden a sus documentos de apoyo que en mostrarse sereno o cordial frente a las cámaras, logró colocar frases demoledoras contra sus contrincantes. Una de ellas fue: “Me traen en la punta de la lengua”, al quejarse de que todos le echaban “montón”, ya que en 40 intervenciones de José Antonio Meade, Ricardo Anaya, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, hubo ataques contra el aspirante de Morena.

“Si yo fuera corrupto, los de la mafia del poder ya habrían acabado conmigo desde hace mucho”, fue una de las últimas frases que utilizó para contestar a las acusaciones de que tiene bienes inmuebles escondidos, que miente, que engaña a la gente. Con ello respondió al grueso de los cuestionamientos en su contra y no se desgastó en responder a cada agresión, como sí ocurrió entre el priista José Antonio Meade y el panista Ricardo Anaya.

Con el debate de ayer, que es el primero de tres encuentros, los índices de preferencias electorales no tendrán grandes variaciones.

El mejor orador y debatiente de la jornada sin duda fue Ricardo Anaya Cortés, quien se mostró seguro, con una excelente narrativa de los cuestionamientos en contra de sus adversarios y con frases bien colocadas.

Sin embargo, no pudo dar un salto cualitativo para ganar simpatías entre el electorado que quiere una transformación radical de la situación que guarda el país; de acuerdo a los principales estudios de opinión pública, siete de cada 10 mexicanos quieren un cambio.

Anaya nunca pudo tomar el papel de ser un posible presidente que rompa las cadenas de malos resultados en materia de política económica, de combate a la corrupción o de abusos de poder.

A José Antonio Meade Kuribreña, en su primer debate como político, se le vio seguro, con una oratoria bien cuidada y con mucho control. Pero al mismo tiempo no es un personaje emotivo y cometió un grave error estratégico, que le puede costar nunca salir del penoso tercer lugar en que se encuentra en los estudios de opinión pública:

No rompió ni mostró un poco de distancia del gobierno de Enrique Peña Nieto, que ha sido el presidente de México más mediocre, odiado y objeto de burlas de la población. Es un mandatario con una aprobación de apenas 20 por ciento, lo que ha generado el mayor antipriismo en el país, pues seis de cada 10 mexicanos quieren que se vaya el tricolor de la titularidad del Poder Ejecutivo federal.

Cuando el PRI era el partido hegemónico, en cada renovación sexenal había más capacidad de cambio, de ruptura, de vuelta de rumbo en la forma de gobernar, que ahora con las propuestas de Meade, que ayer se colocó ante el ojo clínico del electorado como el político que propone que todo siga igual.

El impacto que este debate tendrá en Puebla será el siguiente:

Quien más se beneficia es Luis Miguel Barbosa Huerta, el candidato a la gubernatura por Morena, ya que tiene mucha identidad con Andrés Manuel López Obrador en mostrarse ambos como políticos en contra del sistema político dominante.

A Martha Erika Alonso no le va tan bien, ya que la candidata panista a la gubernatura le pesa que representa la continuidad del morenovallismo y Ricardo Anaya no la ayuda a trasmitir alguna promesa de cambio.

El más afectado por el debate es sin duda Enrique Doger, el candidato priista a la gubernatura, que al igual que Meade marcha en un penoso tercer lugar de la contienda por el gobierno de Puebla.

Meade, para intentar contrarrestar el antipriismo, busca que en su campaña aparezca lo menos posible el logotipo del PRI.

Ahora Doger, si quiere mejorar sus pésimos números debería evitar no solo la marca del PRI sino que también lo identifiquen con Meade.
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