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11 de febrero de 2018

Termina el juego de la simulación

Precampañas dejan a López Obrador arriba; Anaya y Meade presumen acercarse


Ciudad de México.- Ocurrencias, derroche, opacidad, golpeteo y sobre todo simulación, son los principales saldos de las precampañas que hoy llegan a su fin.

Después de 60 días, 11.1 millones de spots y un gasto de al menos 29.5 millones de pesos, el ganador de las precampañas de 2018 podría ser Yuawi López, el niño huichol que canta el jingle de Movimiento Naranja.

Las precampañas llegan a su fin, y los principales saldos son la simulación, la ocurrencia y el descontón.

Los actos de precampaña, que legalmente tendrían como objetivo obtener el respaldo de afiliados y simpatizantes para ser postulado como candidato, fueron en realidad actos de campaña abiertos a la ciudadanía.

Irma Méndez de Hoyos, coordinadora nacional de la Red de Investigación de la Calidad de la Democracia en México, lo resume así: lo que empieza mal, termina mal.

“El primer problema fue la simulación. Empezamos violando la ley; se permitió que precandidatos únicos hicieran precampaña, a pesar de que no había un proceso interno, hicieron uso de los medios, y eso es un mal presagio”, critica la también investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Derroche y opacidad

Otro aspecto que permeó en esta primera etapa fue la opacidad en el financiamiento de las precampañas.

Aunque a febrero de 2018 los nueve partidos nacionales han recibido aproximadamente mil 432 millones de pesos de financiamiento público (716 millones de financiamiento ordinario y 716 millones de financiamiento para las campañas), ha habido una divergencia entre sus gastos e ingresos reportados.

Al 8 de febrero, José Antonio Meade había reportado ingresos por 9 millones 765 mil pesos, y gastos por 13 millones 470 mil pesos.

Ricardo Anaya registró ingresos por 5 millones mil 176 pesos, y gastos por 12 millones 63 mil.

Y Andrés Manuel López Obrador reporta un balance exacto entre ingresos y gastos, por un monto de 3 millones 959 mil 591 pesos.

Pero los propios consejeros del INE desconfían de esos reportes.

“Todavía no estamos viendo un nivel de rendición de cuentas como el que sería deseable, hay mucha más actividad política en las calles que rendición de cuentas”, declaró el consejero Ciro Murayama.

Dilemas del puntero

Andrés Manuel López Obrador cubrió en dos meses de precampaña 30 entidades del país. Sólo en Guerrero y Michoacán el precandidato morenista no agendó actos públicos.

Para cuando finalice la precampaña, López Obrador habrá realizado un total 206 eventos, a un ritmo promedio de tres actos diarios.

En contraste, el priista José Antonio Meade visitó las 32 entidades, pero sólo realizó 71 actos públicos y visitó las capitales principalmente.

El panista Ricardo Anaya cerrará con 72 eventos en 29 entidades.

Acompañado de los aspirantes de su coalición a cargos de elección popular, López Obrador fue fiel a la estrategia de sus anteriores campañas presidenciales: recorridos terrestres por municipios y pueblos, enfocándose en entidades estratégicas.

Tan sólo a Veracruz le dedicó 14 de los 60 días de precampaña, donde visitó 42 municipios.

Luego de que la dirigencia estatal del PVEM, encabezada por Eduardo Ramírez, se distanció del PRI por imponer a un candidato tricolor, López Obrador abrió las puertas de Morena para acoger a los militantes inconformes, en una estrategia que ha diferenciado a esta de sus anteriores campañas.

También ha reaccionado sonriente y burlón ante ataques de sus oponentes, como el del supuesto complot ruso.

Costos del Frente

Ricardo Anaya concentró su discurso en la figura de Andrés Manuel López Obrador y dosificó sus ataques a José Antonio Meade.

El presidente del PAN, su incondicional Damián Zepeda, ha dado por cumplido el primer objetivo de la estrategia anayista: colocarse en el segundo lugar en las encuestas, para presentarse ante el electorado como la alternativa al puntero de Morena.

En el cuarto de guerra de la coalición Por México al Frente se manejan encuestas que ubican a Anaya en un segundo lugar –unos seis puntos por debajo del tabasqueño– y a Meade en un “lejano tercer sitio”, con pocas posibilidades de repuntar.

Desde el 14 de diciembre, cuando a bordo de una camioneta arrancó su precampaña viajando a medianoche hacia su natal Querétaro, Anaya Cortés ha visitado 29 estados en los que apenas se ha apartado del guión: un acto vespertino con simpatizantes del PAN, PRD y MC en locales cerrados en los que expone un diagnóstico de la cosa pública y formula algunas propuestas.

El equipo panista da por saldada la ruptura protagonizada por Margarita Zavala y el calderonismo, sin afectaciones mayores.

Anaya culminará hoy su precampaña con un acto inusual: la celebración de “elecciones internas” en las que el PAN prevé instalar mil 457 casillas para que 281 mil militantes conviertan al queretano en su candidato presidencial.
La carga tricolor

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La turbulencia acompaña a José Antonio Meade, precandidato de la coalición PRI-PVEM-Nueva Alianza. Los distintos ajustes en su estrategia ejemplifican errores e intentos de corrección de rumbo.

Ha oscilado de la cercanía con figuras históricas y cuestionadas del priismo a la aproximación con artistas y personajes famosos. Ha pasado del “háganme suyo”, solicitando a priistas arroparlo, a la proyección de una imagen conciliadora con su frase “la gente está harta”.

Sin ser militante del tricolor, ha enfrentado cuestionamientos por los casos de corrupción de exgobernadores, y el “gasolinazo” concretado antes de que abandonara la Secretaría de Hacienda.

En el balance de los 60 días, integrantes de la dirigencia nacional del tricolor y colaboradores del propio aspirante confirman que el equipo del exsecretario de Hacienda está dividido.

En el llamado cuarto de guerra está el grupo encabezado por el coordinador de campaña, Aurelio Nuño, y el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa.

Del otro lado participan políticos priistas con experiencia en operación política y electoral, como el senador Emilio Gamboa; el asesor del precandidato, José Ramón Martel, y el presidente de la Fundación Colosio, José Murat.

Una parte del equipo, sólido a nivel técnico pero inexperto en la operación política, ha conducido la estrategia de Meade sin tomar distancia del presidente Enrique Peña Nieto, a pesar de los negativos que enfrenta su Administración.

Otros han intentado –sin éxito– que Meade asuma un discurso que le permita deslindarse del Gobierno sin romper y poner su propia agenda
.Reforma
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