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12 de febrero de 2018

Eduardo Rivera, ¿la salvación de Moreno Valle?


■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.

La precampaña de los aspirantes a la candidatura a la gubernatura demostró que, entre los tres contendientes, la más vulnerable es Martha Erika Alonso Hidalgo, la virtual abanderada de la coalición Por Puebla al Frente, por cargar los mayores negativos y tener un reducido margen de acción. La panista, en las dos últimas dos semanas intentó, sin éxito, deslindarse de su pasado inmediato y al mismo tiempo utilizar el tema de género a su favor, pero los resultados fueron desastrosos ya que no pudo posicionar un discurso atractivo y se la pasó a la defensiva, por la larga lista de cuestionamientos –en el ámbito local y nacional– que existen contra su esposo el ex gobernador, Rafael Moreno Valle Rosas.

Tal situación plantea un primer resultado general: si Martha Erika Alonso no se apoya en Eduardo Rivera Pérez, quien será el candidato a edil de la capital, y en general en el panismo tradicional, para obtener una imagen positiva –dentro y fuera del PAN– de su proyecto político–electoral, cometerá un grave error que podría provocar el naufragio de los planes de Rafael Moreno Valle Rosas de seguir gobernando al estado de Puebla.

¿Por qué necesitaría Martha Erika Alonso del apoyo de Eduardo Rivera?

Porque la precampaña dejó claro que Martha Erika Alonso no tiene un margen de maniobra para colocar propuestas atractivas en el electorado.

Aunque se quitó el apellido político de Moreno Valle, en estas dos semanas ha cargado con los negativos de la sospecha del financiamiento ilegal de la campaña electoral de su marido en 2010; con ser vista como cómplice o corresponsable de la violencia de género y criminal que se disparó en el sexenio pasado y que en la actualidad se encuentra en etapa de crecimiento.

Y al mismo tiempo se ubicó en el centro de todos los ataques, sin mostrar una capacidad adecuada de contraataque, sino al revés sus respuestas carecen de impacto, como el haber utilizado motes gastados al llamar “primor” o “mesías tropical” a Morena y Andrés Manuel López Obrador, respectivamente.

En ese sentido, necesita de una figura que le ayude a colocar en el electorado propuestas de gobierno, de políticas públicas, que sean atractivas para los núcleos del electorado que no son parte de las estructuras electorales del grupo morenovallista.

Y el único que la puede ayudar en ese sentido es Eduardo Rivera Pérez, quien goza de una imagen positiva dentro y fuera del PAN, es bien valorado como ex alcalde de la capital y es ajeno al grupo morenovallista.

Sin contar que Rivera es el candidato en la capital, cuya zona metropolitana aporta 40 por ciento de la votación total del estado.

Mientras que el panismo tradicional, el que tiene como principal líder a Eduardo Rivera, todavía puede aportar entre 200 y 300 mil votos, que son fundamentales en una elección que se está empatada entre el PAN y Morena.

Hasta ahora Martha Erika Alonso ha llevado una campaña errática, pues aunque comparte con Eduardo Rivera los eventos políticos más importantes de la coalición Por Puebla al Frente, lo cierto es que los morenovallistas siguen excluyendo a los panistas tradicionales.

De ahí que entre algunos núcleos de militantes del PAN se habla, por ahora, de que el 1 de julio podría haber voto diferenciado, que significaría sufragar por Eduardo Rivera, pero no por Martha Erika Alonso.

En los dos eventos que en la capital poblana, en menos de una semana, realizó Ricardo Anaya, el virtual candidato presidencial de Por México al Frente, fue muy notoria la división en las bases del PAN.

Durante los dos eventos, los seguidores de Eduardo Rivera se mostraron fríos, apáticos, en las intervenciones de Martha Erika Alonso.

Ello es una reacción porque se sabe que el morenovallismo se dejó pasar al ex alcalde como candidato, pero no participa en la toma de decisiones de la coalición Por Puebla al Frente y a los panistas que no son afines al grupo del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, se les están poniendo todo tipo de obstáculos para que sean candidatos a diferentes cargos de elección popular.

El problema de fondo es que Martha Erika Alonso está utilizando el mismo modelo de su esposo para intentar ganar la elección, que consiste en lo siguiente:

Primero: amedrentar a todos los presidentes municipales, sin importar su afiliación partidista, para que apoyen incondicionalmente la campaña del PAN. Quien no lo haga, ya sabe que lescobrarán el agravio en la revisión de sus cuentas públicas.

Segundo: hacer proselitismo evadiendo las críticas a los saldos negativos del morenovallismo y exponiendo un discurso lleno de frases emotivas, pero que no plantea cambios profundos a problemas de inseguridad, desigualdad social y combate a la corrupción.

Ese esquema funcionó en el proceso electoral de 2016, el cual careció de interés para la mayor parte del electorado. En esa contienda la estructura morenovallista, sin ningún problema, fue suficiente para que el PAN ganara. Además, Morena y el PRI no representaban ningún riesgo.

Ahora es diferente, el electorado enojado con el morenovallismo es mayoría y se quiere cobrar todos los agravios.
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