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10 de enero de 2018

Lozano, instrumento de RMV para incursionar en la campaña de Meade



■ CUITLATLÁN.Por Fermín Alejandro García.


La renuncia de Javier Lozano Alarcón a su militancia en el Partido Acción Nacional no se percibe como una decisión individual y como resultado del simple desencanto de esa fuerza política, tal como él lo expresa en el video que utilizó para anunciar su deserción del blanquiazul. Pareciera ser parte de una estrategia del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas para hacer política en dos frentes, en dos partidos a la vez; en el PRI y en el PAN, con José Antonio Meade Kuribreña y con Ricardo Anaya Cortés, los virtuales abanderados presidenciales del tricolor y el albiazul, respectivamente.

En ese sentido, el esquema que parece asomarse es que Rafael Moreno Valle Rosas mantendrá –en el actual proceso electoral– una actitud institucional, de supuesta lealtad, dentro de las filas del PAN, pese a su mala relación con Ricardo Anaya Cortés.

Mientras que Javier Lozano sería utilizado por el morenovallismo para golpear a la figura de Ricardo Anaya, tal como ya lo hace desde hace cuatro meses, y al mismo tiempo ser un activo político que se suma a la campaña de José Antonio Meade para reforzar la idea de que la militancia panista está viendo con simpatía la candidatura del aspirante priista.

Rafael Moreno Valle está ofreciendo por igual miles de votos, casi un millón de sufragios, lo mismo a Meade que a Anaya. Con ambos ha buscado acuerdos. Y con los dos, está intentando sembrar operadores políticos, para que llegado el momento, cuando las tendencias electorales se definan –a la mitad de las campañas– se pandee hacia alguno de los dos frentes.

Es decir, para que traicione a uno de los dos aspirantes y se pueda sumar al que tenga posibilidades de disputar con Andrés Manuel López Obrador la presidencia de la República.

La personalidad de Lozano se presta a este tipo de juegos perversos de la política, ya que es un hombre sin lealtades, sin ética, sin convicciones y que se ha convertido en una de las figuras más repudiadas de la política nacional. Por eso la mayor parte de las reacciones que ayer recibió en redes sociales fueron expresiones de descrédito a sus palabras, sobre todo por adoptar un discurso que versa sobre la crisis de valores e identidad dentro de las filas del PAN.

Lozano ha demostrado que es un político moldeable a los intereses del morenovallismo. En septiembre pasado fingió –en un principio– que se había distanciamiento del grupo del ex gobernador de Puebla y por esa razón dejó los múltiples cargos públicos que tenía en el Poder Ejecutivo estatal para regresar a ocupar su curul en el Senado, en el que tenía licencia.

En realidad su regreso a la Cámara Alta fue para cumplir dos propósitos: para apoyar el fallido intento del presidente Enrique Peña Nieto de imponer como fiscal general de la República a Raúl Cervantes, mejor conocido como “el fiscal carnal”.

Era parte de un acuerdo que había de Rafael Moreno Valle Rosas con el PRI, pues al ex gobernador de Puebla le convenía apoyar a Cervantes para pactar impunidad con el nuevo fiscal.

El segundo propósito fue generar una rebelión de senadores contra Ricardo Anaya en su calidad de presidente nacional del PAN.

Moreno Valle creía que si se golpeaba la imagen de Ricardo Anaya, este podía caer de su proyecto de convertirse en candidato presidencial. Al final, el dirigente panista supo sortear la tempestad y salir airoso de la crisis política que se dio por el tema de Raúl Cervantes.

Por eso ayer , cuando salió Lozano a hablar de la falta de valores en el PAN, muchos usuarios de las redes sociales se hacían la pregunta y se contestaban: “¿Usted le cree a Javier Lozano? Yo tampoco le creo”.

Su deserción del panismo tiene un tufo de perversidad morenovallista.
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