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28 de diciembre de 2017

La huida rohingya paraliza la infancia de miles de niños



POR. LAURA SANZ, MADRID.

Los rohingya huyen de la violencia contra ellos y sus familias en Myanmar, que el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ya ha definido como "un ejemplo de libro de limpieza étnica". Entre ellos, 330.000 niños han cruzado la frontera hacia a Bangladesh desde finales de agosto escapando de este genocidio. Eso supone más de la mitad de los refugiados que buscan asilo por este conflicto.

El Gobierno de Bangladesh ha respondido liberando terrenos para acogerlos, sin embargo, la situación es dramática y se encuentran acinados, sin espacio y mal nutridos, tanto es así que algunas peleas para conseguir comida ya han causado muertos, incluidos niños. Save the Children ha advertidoque los recién llegados pueden empezar a morir simplemente de hambre o ante la aparición de epidemias y las autoridades han dictado nuevas ordenanzas para intentar contener esta oleada humana en las zonas de la frontera, donde pretenden construir un enorme campo de refugiados capaz de acoger a 400.000 personas.


Se calcula que 36.000 niños que han perdido a uno o los dos padres. El departamento de Servicios Sociales bangladesí comenzó a contabilizar a los huérfanos el pasado 20 de septiembre. No todos han visto morir a sus padres, hay muchos casos en los que se han perdido en la huida y Muchas familias han enviado a sus hijos a Bangladesh con la intención de unirse a ellos después.

Sara Bordas, jefa de operaciones de UNICEF en Bangladesh explica que las consecuencias para la infancia serán desgarradoras: "He hablado con niños que están muy traumatizados. Hoyhe conocido a 3 hermanos de entre 10 y 15 años cuyos padres habían sido asesinados y han llegado completamente solos". Tanto los pequeños como sus familias llegan a Bangladesh en un estado de salud física y emocional crítico.



Necesitan retomar sus estudios y juegos de la infancia
En cuanto a las consecuencias que tendrá para los menores estar solos, paralizar su educación, y tener que hacerse cargo de otros niños que han quedado perdidos, la principal es que algunos se encuentran traumatizados, se enfrentan a años de exilio y han visto interrumpido el desarrollo normal de su infancia. Los asentamientos abarrotados y el pequeño tamaño de las tiendas hacen que sea prácticamente imposible conseguir un pequeño espacio para centros de enseñanza o juegos, según informan los expertos de plan Internacional.

Sin embargo, aseguran que “Después de 100 días de emergencia rohingya, por primera vez desde el éxodo masivo del mes de agosto, los menores quieren salir a jugar al aire libre”. Con juguetes hechos por ellos mismos a partir de botellas de plástico, palos o cuerdas, los niños y niñas rohingya empiezan a recuperar su infancia, evadiéndose de la dura realidad que les ha tocado vivir, como el largo viaje hasta llegar a Bangladesh o haber presenciado asesinatos en la huida.

Este es el caso de Muslima, una niña de 10 años que se vio obligada a dejar la escuela en Myanmar. “Un día no nos dejaron entrar en el colegio del pueblo porque éramos de etnia rohingya”, cuenta la joven. Tuvo que huir con sus padres y sus cinco hermanas tras presenciar cómo asesinaban a la mayoría de sus vecinos.

“Es especialmente preocupante la situación de los menores que han huido solos de la violencia de Myanmar, que han perdido el contacto con sus padres durante el desplazamiento o que se encuentran en las tiendas con adultos que no son familia en la zona de Cox’s Bazar”, explica Concha López, directora general de Plan International. La emergencia ahora es proporcionarles la ayuda humanitaria necesaria y crear espacios seguros para la infancia, de apoyo educativo y emocional.

Los niños rohinyas están viviendo un genocidio étnico y en medio del caos necesitan recuperar las rutinas de la infancia. Volver a estudiar y tener espacios para el juego puede paliar los graves trastornos que acarrearán después de este viaje escapando, en el que algunos han perdido a sus padres y hermanos. Aún puede verse a adultos deambulando entre las tiendas con un megáfono repitiendo el nombre de los niños y niñas a los que intentan localizar.
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