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5 de noviembre de 2017

El guiño.Por Soleares.Por Jesús Manuel Hernández.

Apenas el 9 de octubre, Eduardo Rivera Pérez, el presidente municipal perseguido del morenovallismo, aceptaba ante los medios de comunicación de Puebla que estaba considerando competir como independiente por la gubernatura de Puebla luego de la renuncia de su protectora y amiga, Margarita Zavala de las filas panistas.
Alegaba en aquella declaración que si el partido no garantizaba el piso parejo y las reglas claras para competir en 2018, seguiría viendo otros escenarios.
Poco después trascendería que Morena se había acercado días antes a Rivera Pérez para formularle una invitación, un acercamiento, sin resultados positivos. Semanas más adelante el PANAL se atrevió a formularle una invitación abierta a él, y a Mario Riestra, para hacer pareja rumbo a la gubernatura y la presidencia de la capital… El columnista Rodolfo Ruiz calificó el tema como “una vacilada”.
Y el nombre de Eduardo Rivera se mantuvo así por casi un mes entre primeras planas y columnas locales, y entonces vino “el guiño”, la esposa del exgobernador, la figura política del panismo más importante en el grupo morenovallista soltó el viernes al inicio del proceso electoral que incluso Eduardo Rivera podría ser candidato en 2018 siempre que tenga sus derechos políticos a salvo.
Y los seguidores no dejaron escapar la oportunidad de hacer saber a los dentro y los de fuera, que el PAN poblano no ha roto con Rivera, no tiene interés en verlo fuera de sus filas y tampoco lo descarta para jugar en el 2018…
Lo que no se ha dicho es para qué posición quieren a Rivera, que a fin de cuentas no suma más allá de 20 por ciento de los panistas afiliados. O sea, con él o sin él, el morenovallismo puede ejecutar cualquiera de los planes vigentes para suceder a Gali en casa Puebla.
Para algunos sería algo así como “es de sabios rectificar”, para otros el guiño no tiene más interés que ofrecer a Rivera una salida cómoda, lícita, aceptable para recuperar su buen nombre, perdonándole las cuentas públicas a cambio de levantarle la mano a quien sea elegido para la gubernatura.
O sea, Rivera acaba de oír el canto de las sirenas, repetir en la capital.
O por lo menos, así me lo parece.
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